Omnisciente
Johann-Bernhardt Universitätsklinikum…
—¿Cómo está? —averiguó Greta, con la voz cargada de una mezcla de angustia personal y rigor profesional.
Axl se pasó una mano por el rostro, exhausto. Sus nudillos aún estaban enrojecidos por el impacto contra Dominic, pero su mirada solo reflejaba una culpa que, desde horas atrás, lo estaba asfixiando.
—Bien, sus signos son buenos —respondió él, intentando mantener la cordura ante alguien que conocía el hospital tan bien como él—. Con el antecedente del trauma craneoencefálico por el disparo, un pico de cortisol y adrenalina como el que tuvo en la casa era el escenario perfecto para una crisis epiléptica.
Greta asintió lentamente, cerrando los ojos un instante. Como médica, sabía que en el estado en el que Jade se encontraba, su cerebro podía jugarle en contra, pues los rastros del disparo aún estaban presentes.
—Buena decisión —murmuró Greta, aunque sus manos temblaban ligeramente—. Con el antecedente del trauma craneoencefálico por el disparo, un pico de cortisol y adrenalina como el que tuvo en la casa era el escenario perfecto para una crisis epiléptica.
Axl la observó y asintió, agradecido de que ella hablara su mismo idioma en ese momento de caos.
—Por eso acepté la sedación; los tres coincidimos —añadió Axl con voz ronca—. Porque no solo era el riesgo de convulsiones. Su presión arterial estaba disparada y si no la bajábamos de ese estado de excitación, el riesgo de una isquemia o de aumentar el edema residual alrededor de la zona de la herida era demasiado alto. Sabía que no solo necesitaba descansar, sino proteger su cerebro y su cuerpo de cualquier otro daño.
Greta suspiró, mirando hacia la puerta de la unidad.
—El problema real será cuando despierte —añadió nerviosa.
Estaba al tanto de la situación y lograba imaginarse el dolor que Jade estaba experimentando: sentirse defraudada por las personas que amaba y en quienes más confiaba equivalía a una pérdida.
—Ni lo menciones. No sé qué hacer para que no me odie.
Greta lo miró en silencio, entendiendo el miedo que él sentía. La madre de Jade no estaba allí para sostener la mano de su hija, y Friedrich estaba demasiado perdido en su propio silencio, dejándolos a Axl y a ella como los únicos guardianes de una Jade que, por el momento, solo podía sentirse en paz en la inconsciencia que le provocaron.
Todos se encontraban en la sala de espera fuera de la habitación de Jade, permaneciendo en silencio y atribuyéndose la culpa. Sin embargo, aquel momento de reflexión se vio interrumpido por los agentes a cargo del caso.
La mirada de todos se fijó en ellos, especialmente la de Dominic, quien ya conocía la cara de los agentes.
—Señor Moreau, sabemos que este no es el momento oportuno, pero ¿podría acompañarnos?
—Ya di mi declaración. Si necesitan algo más, pueden comunicarse con mi abogado.
—Solo son preguntas de rutina —aseguró el hombre a cargo.
—Ya respondí a todas —dijo cortante—. El caso está siendo tratado en Francia; si necesita algo, puede comunicarse con los agentes asignados. No pondré en riesgo a mi familia una vez más debido a su incompetencia —añadió, firme en su decisión de no exponer a su hija.
—Si se rehúsa a cooperar, tenemos orden de arrestarlo y deportarlo, si es el caso —intervino el otro agente al ver que los intentos de persuasión de su compañero no daban frutos.
Dominic tensó la mandíbula y empuñó las manos.
—Aquí no —accedió.
—Pueden usar mi oficina —propuso Axl.
El hecho de que Zaira estuviera involucrada y su deseo de entender lo que le sucedió a Jade lo orillaba a cooperar con Dominic.
—También es mi hija —recordó antes de que Dominic se opusiera.
Sin más, se despidieron de Greta, quien se quedaría al pendiente de Jade, y tanto Friedrich como Axl partieron junto a Dominic y los agentes.
Cuando todos estuvieron adentro, las preguntas que tanto Dominic como los agentes sabían que no eran de simple rutina comenzaron a obtener respuesta.
—Quien disparó, Lucian Vaugrenard, conocido como "L'Ombre" (La Sombra), es un francotirador peligroso que, si lo hubiera deseado, la habría asesinado.
Sopesó una vez más la situación para volver a la misma conclusión: Jade vivía gracias a que ese hombre decidió no acabar con su vida.
—El hombre que la acorraló al principio se llama Marcello Belmondo y trabaja para una organización criminal francesa: Le Réseau de l'Éclipse (La Red del Eclipse).
Los agentes solo asintieron; en cambio, Axl y Friedrich escuchaban atentamente, con los pelos de punta y el corazón a punto de abandonarles el tórax.
—La organización está a cargo de Étienne de Valois, pero es un alias, ya que muy pocos conocen su verdadera identidad —añadió.
—¿Cuál es su relación con ellos?
Dominic sonrió irónicamente.
—Ninguna —respondió con rabia contenida—. La empresa de mi familia y mi cadena de restaurantes sufren amenazas y extorsiones constantemente debido a los proyectos que se ejecutarán dentro de poco: la expansión y la construcción de sucursales en otros países.