Omnisciente
Casa de Axl…
—¡Axl, no! —soltó un grito mientras huía.
Axl la perseguía por toda la casa para cobrar venganza por lo que había hecho con su rostro.
—Ven aquí, rubia —llamaba con cada paso que daba.
Zaira no se detuvo; entre risas, continuó corriendo, buscando una forma de escapar.
—Fueron las hadas mágicas del escuadrón de belleza —mintió sin poder contener las risas.
No solo había decorado su rostro con brillos, también había decorado su computadora, algunos libros y parte de la habitación mientras él dormía e incluso estaba indefenso. Hasta su maletín tomó un extraño color púrpura. Él intentaba mantenerse serio, pues era el adulto en aquella situación; sin embargo, mientras fingía perseguirla, por dentro solo reía.
Algo que tenía claro era que si Jade preguntaba, tendría que mentir y asegurar que la reprendió.
—¡Te atrapé! —dijo rodeándola con sus brazos y despegando sus pies del suelo.
—¡Auxilio, socorro! —buscó ayuda, pero en ese lugar no había nadie que pudiera hacer algo.
Pero jamás cedería tan fácil. No se rendiría.
—Me morí…
Sacó la lengua y dejó que su cabeza, brazos y pies colgaran. También sacó la lengua, ya que debía fingir a la perfección. Separó un poco sus párpados, pero la sonrisa la delató.
—No me engañas… —aseguró Axl, pero se detuvo, ya que el timbre de la entrada comenzó a sonar.
Aún con Zaira en brazos, fingiendo haberse marchado al más allá, y con el rostro hecho un desastre de brillos y pintura, se acercó a la puerta. Apenas abrió, por la forma en la que Dominic apretaba sus labios para evitar reír, entendió que la situación era peor de lo que ya se imaginaba.
—¿Quién te atacó? —averiguó en medio de su burla.
Sin embargo, Axl no tuvo oportunidad de responder, pues Zaira se recompuso y, con rapidez, huyó a los brazos de Dominic.
—¡Papi, papi! —Sus gritos de alegría no se hicieron esperar.
Para ella era una sorpresa; no obstante, Axl y Dominic habían estado en contacto durante las últimas semanas, por lo cual ya sabía que en cualquier momento se aparecería en su puerta.
—Mira, papá, lo atacaron las hadas mágicas del escuadrón de belleza —se mantuvo firme en su verdad.
—¿Qué princesita rubia habrá sido su líder? —preguntó Dominic, y ella guardó silencio: no iba a delatarse frente a Axl.
—Ve por tus zapatos y maleta —le ordenó Axl.
—¿Me voy?
—Sí, vamos a pasar lo que resta del fin de semana juntos y nos vamos a divertir muchísimo.
—¿Y Axl? ¿Con quién se va a quedar? —preguntó. Frunció el ceño y se cruzó de brazos.
Últimamente deseaba pasar el tiempo con ambos, no tenerlos por separado, y eso era algo imposible de lograr.
—Yo me quedaré quitándome todo lo que hicieron las hadas mágicas del escuadrón de belleza —replicó observándola con recelo.
—Mejor me voy por mis zapatos —cambió el tema de conversación.
Bajó de los brazos de Dominic y, en medio de pequeños saltos y un tierno tarareo, se alejó de ambos. En ese momento, Dominic vio su oportunidad y no la desaprovechó: preguntaría por Jade.
—¿Cómo está?
Desde lo ocurrido, su contacto era cero; eran los abogados quienes se estaban encargando de todo lo relacionado con el divorcio y su hija.
—Bien, se está recuperando y, por lo que me dijo hace unas semanas, su memoria está regresando poco a poco con la ayuda de la terapia y los medicamentos. Pero está feliz y tranquila porque sabe que estamos cuidando bien de nuestra hija.
Lo incluyó en esas palabras.
Por más de que no fuera una persona de su agrado, tenían a su hija en común y ambos la amaban; deseaban lo mejor para ella y Jade, sin importar que finalmente decidiera no estar con ninguno.
—Gracias —dijo luego de un asentimiento.
—Ya estoy lista.
Zaira apareció arrastrando su maleta de rueditas. Se acercó a Axl, quien intentó igualar su altura para terminar abrazándola y dejando un beso sobre su mejilla.
—Te veo otro día, Axl —se despidió.
—Tiene clases el miércoles, así que si no tienes que irte, puedes llevarla al gimnasio, que Klara y Friedrich pasarán a recogerla —propuso.
Dominic estaba lejos y, debido a la investigación, no podía visitar frecuentemente a Zaira; así que Axl, al haber experimentado aquella sensación de amargura y dolor al estar separados, decidió sacrificar parte de su tiempo y dárselo.
—Gracias.
Dominic se dio la vuelta y comenzó a caminar de la mano de la pequeña, mientras que con la otra le ayudaba con la maleta. En cambio, Zaira aprovechó que tenía una mano libre para agitarla y seguir despidiéndose de Axl, al punto en que hasta besos comenzó a enviarle para que él los atrapara.