Atrápanos Si Puedes

CAPÍTULO FINAL

Omnisciente

Johann-Bernhardt Universitätskliniku, Sala de conferencias…

La incertidumbre reinaba en la sala junto al nerviosismo que se apoderaba de muchos. El último anuncio que realizaría el decano de medicina era respecto a los Betreuer y los alumnos.

Jana estaba nerviosa, dado que, si no la llamaban, eso significaba que el día de mañana la asignarían a otro profesor; y una cosa era graduarse y realizar su especialización en neurocirugía con algún docente, y otra muy diferente era tener el nombre de Axl en su tesis. Sin importar lo que le costara, debía lograrlo. En contraste, Axl deseaba librarse de ella rápidamente y, si la suerte estaba a su favor, lo lograría.

—Para concluir con la distribución de tutorías de este semestre... —Hizo una pausa deliberada, dejando que la situación se tensara un poco más—. Jana Albrecht y Lukas Schmidt serán los estudiantes bajo el mando del doctor Axl Schneider.

El decano de medicina, el doctor Klaus-Dieter Vogel, cerró la carpeta con un golpe seco que resonó en las paredes de la sala.

—Eso es todo por hoy. Pueden retirarse. Los doctores los esperan en sus respectivos departamentos a primera hora de mañana. No lleguen tarde.

El grito de Jana no se hizo esperar; en cambio, en el rostro de decepción de Axl no hubo nada que lograra disimularlo: debía prepararse para que el señor Albrecht lo persiguiera hasta en sus sueños. No era recíproco con su cercanía, menos con sus invitaciones y propuestas de negocio, ya que, al igual que muchos, insistía en involucrarlo en un mundo que no le interesaba.

Axl dejó su asiento; necesitaba huir de la sala antes de que ella lo alcanzara, pero la imagen que tuvo frente a él se lo impidió. Se acercó y, sin mediar palabra, tomó a Greta del brazo, deshaciendo el agarre de sus manos y alejándola del jefe del departamento de cardiología, Julian Zimmermann.

—Oye —se quejó de inmediato—. ¿Qué te pasa?

—Es un idiota, es divorciado, tiene hijos y se rumorea que está saliendo con alguien de urgencias —soltó.

Greta bufó.

—Tú también fuiste un idiota, Jade se está divorciando y es de mí de quien hablan —replicó, plantándose en medio de la sala y liberándose de su agarre—. Es guapo, tiene cincuenta años, no hay líos amorosos cerca de él, así que es perfecto para mí —enfatizó.

Llevaba poco más de un mes saliendo con el doctor Zimmermann y se sentía cómoda. Sin embargo, hablar al respecto con Axl no estaba en sus planes, puesto que él se opondría a cualquiera con quien ella quisiera experimentar. Su faceta de sobreprotector la asfixiaba.

—Ahora huye, ahí viene la mocosa —señaló a Jana.

—Tendremos que hablar al respecto —sentenció.

Greta simplemente lo ignoró.

Quiso avanzar con premura, pero Jana corrió para alcanzarlo y lo consiguió. Lo abrazó con fuerza y volvió a gritar emocionada, pero Axl se quedó aún más rígido cuando vio a Jade frente a él: ella sonreía con incomodidad.

—Sí, felicitaciones. Ahora suéltame —exigió.

—No seas aguafiestas, hay que celebrar. ¿Me acompañas? —propuso.

—No, ocúpate de ser una estudiante, no de parecer mi acosadora —ordenó, y ella solo se rio.

—Gracias. No dimensionas lo importante que es esto para mí y soy consciente de que te hice pasar un mal rato, pero, para compensarte, haré lo que esté a mi alcance para que mi padre no te siga incomodando —prometió, y Axl asintió en modo de agradecimiento.

—Está bien, pero suéltame —pidió nuevamente.

Jana se percató de la mirada que no se apartaba de ambos y giró luego de hacer lo que Axl le pedía.

—Eres la madre de la rubia —recordó con solo una mirada y, de inmediato, su rostro se tiñó de rojo por culpa de la vergüenza—. Lo siento, es solo que Axl me huye y me emocioné —se disculpó; aun así, siguió llamándolo con confianza.

—Tranquila —respondió Jade, mientras por dentro sentía celos.

—Me voy. Adiós y disculpen las molestias —se despidió, y huyó del momento tan desagradable que ella misma había propiciado.

Jade y Axl se observaron, permanecieron en silencio y, como si se comunicaran por medio de telepatía, sin necesidad de emitir palabras, avanzaron con rumbo al consultorio. Cuando la puerta se cerró, las disculpas de Axl no se hicieron esperar.

—Lo siento… —intentó, pero Jade lo interrumpió.

—No, no tienes que decir eso. No somos nada, así que no hay derecho a reclamar.

Su predicamento no reflejaba en nada cómo se encontraba: estaba celosa y molesta, pues no tenían ninguna relación de tipo romántico por la cual estuviera en el derecho de sentirse de ese modo. Ella se encontraba fuera de lugar.

—Vine a hablar con Leo, a modificar y leer con más detenimiento mi contrato —explicó parte del motivo por el cual se encontraba allí—. Así que aproveché para saludarte y, como no estabas aquí, fui a la sala de conferencias; por lo que, si te incomodé o algo por el estilo, lo siento —se disculpó, mientras rabiaba por dentro.

Supo disimular sus sentimientos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.