Matteo la miró con atención, sin interrumpir, solo esperando.
—Cuando Theo me pidió matrimonio... —empezó, y su voz se volvió un hilo— por un instante, imaginé que eras tú quien estaba arrodillado frente a mí, con el anillo en la mano.
Matteo frunció levemente el ceño, sorprendido, pero no hubo reproche en su expresión. Solo curiosidad y un dejo de... comprensión.
—Y me sentí mal —continuó ella—. Confundida. No era solo felicidad por Theo, ni solo sorpresa... era algo que no entendía. Algo que me recordó cuánto significas para mí, incluso cuando pensaba que todo estaba en su lugar.
—No sabía que pensabas en mí así —dijo Matteo, bajando un poco la voz, casi temiendo tocar demasiado—. Que incluso en ese momento, de alguna manera, yo estaba ahí.
Aria lo miró, vulnerable, dejando salir un suspiro que llevaba años acumulado:
—No quería que lo supiera nadie... No porque quisiera ocultarlo, sino porque me asustaba. Me asustaba darme cuenta de lo que realmente sentía, y que tú lo supieras... me hizo sentir expuesta.
Matteo avanzó un paso hacia ella, sin invadir su espacio, solo con la intención de estar cerca.
—No tienes que explicarme todo ahora —dijo suavemente—. Solo quiero que seas honesta contigo misma. Y que sepas que... me importas, Aria.
Ella tragó saliva, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. Por primera vez, pudo admitirlo en voz alta:
—Y tú me importas —susurró, y su mirada se suavizó—. Más de lo que he querido aceptar.
Matteo sonrió con nostalgia y un calor que la hizo estremecerse:
—Entonces, seamos claros —dijo—. ¿Eres feliz con él? De verdad, Aria. No quiero respuestas cortas, sino la verdad.
Ella cerró los ojos por un instante, recordando el momento exacto en que Theo le pidió matrimonio en ese restaurante elegante. Las luces tenues, el temblor en la voz de Theo, el anillo brillando... y cómo, en ese instante, Matteo había ocupado su mente, su corazón, incluso en la confusión.
—Sí... soy feliz —dijo con cuidado—. Pero hay algo... que no puedo ignorar. Que no puedo explicar del todo. Verte aquí, hablar contigo... me hace sentir viva de una manera que no esperaba. Y... sí, estaba confundida en aquel momento. No supe qué hacer con mis sentimientos, y aún ahora... —se detuvo un segundo, buscando las palabras—. Me hace sentir que algo dentro de mí nunca desapareció.
Matteo asintió, comprendiendo cada matiz de su confesión, sin presionarla ni juzgarla.
—Entonces no es solo nostalgia —murmuró Matteo—. Esto que sentimos ahora... esto que no se puede ignorar... es real.
Aria asintió, tragando un nudo en la garganta.
—Sí... es real. Y me asusta, pero también... me hace sentir viva.
Matteo la miró con una intensidad suave, sin presión, solo verdad.
—¿Sabes lo que más me sorprende? —dijo lentamente—. Que, después de todo este tiempo, después de todo lo que pasó... hablar contigo otra vez me confirma algo que no podía negar antes. Nuestra conexión... es como ninguna otra que haya sentido.
Aria lo observó, y su pecho se llenó de una mezcla de alivio y ansiedad.
—Lo sé —susurró—. Yo también lo siento. Y esto... hablar contigo de nuevo, aunque sea confuso... me lo recuerda. Me recuerda que no es algo que desaparezca simplemente porque pasó el tiempo o porque intentamos seguir adelante.
Matteo dio un paso más, sin invadir su espacio, solo acortando la distancia física que ya sentía corta para la cercanía emocional que los unía.
—Nunca sentí algo así con nadie —continuó—. Ni siquiera con... todo lo que vino después de nosotros. Y verte aquí, ahora, confirmarlo... es imposible ignorarlo.
Aria bajó la mirada un instante, sintiendo cómo su corazón se aceleraba. Cada palabra de Matteo resonaba con lo que ella también sentía, pero que había mantenido enterrado durante años.
—Es cierto —dijo con un hilo de voz—. Ninguna otra conexión se le acerca. Y volver a hablar contigo... me lo confirma. Me hace ver que lo que teníamos no era algo que pudiera desaparecer. Solo... se transformó, se escondió, pero no murió.
Matteo sonrió suavemente, y por un momento, la tensión de años pareció suavizarse.
—Entonces estamos aquí, enfrentando esto —dijo—. Sin reproches, sin culpas. Solo... reconociéndolo.
—Sí —respondió Aria—. Solo reconociéndolo.
Y por primera vez en mucho tiempo, no había miedo ni distancia. Solo honestidad, y la certeza peligrosa de que algo entre ellos era demasiado fuerte para ignorarlo.
Matteo apoyó suavemente la mano en la baranda, cerca de ella, sin invadir su espacio, y respiró hondo.
—Cuéntame... —empezó, con voz baja—. Después de... todo lo que pasó entre nosotros, ¿cómo fue tu vida? No hablo de lo profesional, sino de ti, de lo que sentiste, de lo que cambió.
Aria lo miró, sorprendida por la profundidad de la pregunta. Sus dedos jugaron con el borde del vestido mientras recordaba años de decisiones, de momentos felices y de pequeñas dudas que nunca había compartido con nadie.
—Fue... compleja —dijo finalmente—. Me concentré mucho en el trabajo, como ahora. Me convertí en alguien meticulosa, disciplinada... un poco rígida, tal vez, pero también aprendí a valorar mi independencia. Tuve momentos felices, relaciones que me enseñaron cosas, pero... nunca hubo alguien que me hiciera sentir como tú lo hacías. No de esa manera.
Matteo asintió, escuchando atentamente, con los ojos fijos en ella, como si cada palabra fuera un mapa de su pasado compartido.
—Yo... —dijo él después de un instante— también cambié mucho. La arquitectura me absorbió, los proyectos, los viajes... Pero hubo momentos, cuando veía algo que construíamos, que se parecía a lo que soñábamos, en los que recordaba cómo tú mirabas los planos, cómo analizabas todo... y me hacía preguntarme qué habría pasado si hubiéramos seguido nuestro camino juntos.
Aria sintió un calor extraño en el pecho. Cada palabra de Matteo la llevaba a recuerdos que había guardado bajo llave.
#3123 en Novela romántica
#884 en Novela contemporánea
saludmental, romance segundas oportunidades, reencuentro después de años
Editado: 19.02.2026