Aún Te Quiero

Capitulo 1: Respirando el mismo aire

En Bolonia donde las mañanas nacen entre ladrillos rojizos y arcadas interminables. La luz se desliza suavemente por las calles antiguas mientras el aroma del café recién hecho se mezcla con el murmullo de las bicicletas y los pasos apresurados.

Bajo la sombra tranquila de sus torres medievales, la ciudad despierta alrededor de la Universidad de Bolonia, donde cada día miles de historias comenzaban sin saberlo y una de ellas era la de Evelyn y Miles.

Aquella mañana los pasillos de la Universidad no eran silenciosos. Eran resonantes.

Evelyn caminaba con paso firme, carpeta contra el pecho.

Y a su lado, Clara Lawson —más ligera, más expresiva— hablaba con energía contenida que hasta Evelyn hacía silencio.

—¿Estás nerviosa? —preguntó Clara.

Evelyn no dejó de caminar y mientras lo hacía, se atrevió a contestar.

—No. Es solo un seminario.

—Es el seminario. Fundamentos de la moral. Dicen que el docente destroza argumentos sin pestañear.

Evelyn apenas esbozó una sonrisa.

—Entonces que lo intente.

Clara la miró de reojo y como siempre de manera expresiva le dijo:

—A veces me asusta que te guste tanto discutir.

—No me gusta discutir —corrigió Evelyn—. Me gusta que las cosas tengan estructura.

Un grupo de estudiantes pasó junto a ellas riendo y una ráfaga de aire frío se coló en aquel pasillo..

—¿Y si alguien desmonta tu amado Immanuel Kant en plena clase? —provocó Clara.

Evelyn detuvo el paso por una fracción de segundo.

—Entonces no lo habrá entendido bien.

Siguieron avanzando. Clara nunca entendió el porqué ese filósofo le gustaba tanto a su amiga, mientras para ella era más fascinante leer sobre filosofía existencialista y Kant le parecía muy rígido.

Al doblar el corredor, el murmullo cambió de tono. Más denso. Más expectante. La puerta del aula aún estaba cerrada, pero ya había estudiantes reunidos fuera.

Clara bajó la voz.

—Escuché que este año se inscribió alguien que viene de otra universidad igual que tu…Dicen que no respeta mucho las estructuras.

Evelyn acomodó su pluma en el bolsillo del blazer que traia puesto.

—La moral no depende de la personalidad de quien la critique.

—Eso suena peligrosamente kantiano

Evelyn giró ligeramente el rostro hacia Clara, divertida.

—Lo es.

En ese momento, a lo lejos, unos pasos resonaron con firmeza sobre la piedra. No apresurados. No inseguros. Clara miró por encima del hombro de Evelyn.

—Creo que ya empezó el espectáculo.

Evelyn no se giró. Todavía no. Pero algo en el aire cambió. No era ruido. Era tensión.

Y sin saber por qué, sintió la necesidad de estar absolutamente preparada.

Era nada mas ni menos que Mr. Donovan con cara de serio en traje oscuro, Clara Lawson incluso pensaba que al empezar el seminario comenzaría una batalla filosofal sobre la moral algo que no le causaba emocion pero si algo de curiosidad.

No dijo nada al abrir la puerta, entrar y dejar entrar a los estudiantes. Caminó lentamente hasta el centro del aula, con mirada fija en los estudiantes que se acomodaban en los asientos. Cada paso suyo parecía exigir atención, sin necesidad de palabras.

Se detuvo frente a la pizarra y dejó caer su carpeta sobre el escritorio con un golpe incómodo.

Luego se giró, y por un instante, el aula entera contuvo la respiración: la autoridad de Mr. Donovan no era agresiva; era eléctrica.

Finalmente habló:

—Buenos días. Hoy empezamos.Y si alguien piensa que puede discutir sobre moral sin esfuerzo… —hizo una pausa, recorriendo el aula con la mirada—…se equivocará rotundamente.

Sacó un marcador y escribió con trazo firme sobre la pizarra

Fundamentos de la Moral — Crítica y Debate

Al instante, la tensión se palpó en el aire. Algunos estudiantes se acomodaron, otros se encogieron ligeramente.

Pero Evelyn estaba lista.

Y fuera del aula, los pasos de alguien que llegaba tarde resonaban por el pasillo.

Ese alguien era Miles Carter, el estudiante del extranjero del que hablaba Clara que por decisiones de su familia había terminado en la misma universidad que Evelyn.

El murmullo disminuyó hasta casi desaparecer.

Mr. Donovan giró hacia la puerta justo cuando esté se abrió con un leve golpe, el aula entera contuvo la respiración y ponían atención al estudiante nuevo.

Miles estaba en el umbral, con la mochila colgando de un hombro y pelo ligeramente desordenado.

Había alterado el orden inicial de seminario que apenas comenzaba y parecía no importarle.

El docente alzó una ceja:

—Señor… —su voz, firme, resonó en el aula—.

—Miles —dijo el joven con calma, como si la formalidad del docente no le afectara—. Llegué.

Mr. Donovan no sonrió. Su mirada era cortante, analítica, casi como un bisturí.

—Llegar tarde a un seminario de moral no es trivial —dijo.

—El tiempo, sin embargo —replicó Miles, sin vacilar—, no es algo que se “pierda”. Es una construcción.

Algunos estudiantes soltaron risas contenidas.

Mr. Donovan frunció el ceño, sin alterar su compostura.

—Si desea filosofar con el tiempo, siéntese y experimente en silencio —dictó, señalando un asiento vacío en la primera fila.

Miles se movió entre los estudiantes con pasos medidos, como si la clase entera fuera un tablero de ajedrez y él supiera exactamente dónde colocar su ficha. Aunque claro lo hacia porque Mr. Donovan le habia ordenado.

Al pasar junto a Evelyn, sus ojos se encontraron por un instante.

No hubo palabras. Pero algo pasó.

Evelyn sintió que su concentración titubeaba por primera vez esa mañana. Su mente, entrenada en la precisión kantiana, reconoció una desafiante irreverencia que no podía ignorar.

Clara, a su lado, apenas logró contener una sonrisa:

—Vaya… parece que el espectáculo sí empezó —susurró.

—De que hablas—interrumpió Evelyn casi molesta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.