Autorizado Para Enamorarse

Capítulo 15 – Rumores en el Viento

Autorizado para Enamorarse

El sol de Miami ya quemaba a las siete de la mañana cuando Adrián y Valeria salieron del apartamento en Coral Gables. Emma iba de la mano de ambos, con su mochila de unicornios rebotando en su espalda, parloteando sin parar sobre cómo les iba a contar a sus amigas que “el piloto de mami durmió en casa y no se cayó del cielo ni una vez”.

El trayecto al colegio en Kendall fue corto y lleno de risas. Adrián cantaba canciones infantiles desafinado a propósito, haciendo que Emma se retorciera de la risa en el asiento trasero. Cuando llegaron a la puerta, la niña les dio un beso ruidoso a cada uno.

—¡No se besen mucho sin mí! —gritó antes de correr hacia sus amigas, que ya la esperaban con ojos curiosos.

Valeria y Adrián se miraron y sonrieron como tontos.

En el carro rumbo al MIA, el ambiente se volvió más íntimo. Adrián conducía con una mano en el volante y la otra entrelazada con la de ella.

—¿Lista para volver a la “normalidad”? —preguntó, con una media sonrisa.

Valeria suspiró, mirando por la ventanilla las palmeras y el tráfico de la 836.

—Normalidad con novio piloto en Miami… creo que nunca va a ser normal del todo.

Él apretó su mano.

—Mejor. No quiero que los días sean normales.

Llegaron al aeropuerto juntos. Adrián estacionó en el área de empleados de la terminal D, salió primero y le abrió la puerta a Valeria como si fuera la primera vez. Caminaron de la mano por el pasillo del personal, ignorando las miradas curiosas de algunos colegas. Un par de controladores saludaron a Valeria con sonrisas cómplices; una azafata que pasaba por ahí los miró dos segundos de más antes de seguir su camino.

Se separaron en el ascensor: ella hacia la torre norte, él hacia la sala de tripulación de American Airlines.

—Te veo en la frecuencia —dijo Adrián, besándola rápido antes de que las puertas se cerraran.

Valeria subió a la torre con una sonrisa que no se le borraba. Carla la recibió con un abrazo exagerado.

—¡La reina ha vuelto! ¿Y el príncipe de los 737? ¿Ya le pusiste la llave de la casa o qué?

Valeria rio.

—Algo así. Pero hoy volvemos a lo nuestro: aviones, viento 090 a 12, y nada de dramas.

El turno empezó normal. Tráfico moderado para un miércoles, autorizaciones fluidas, el cielo de Miami despejado como pocas veces. Valeria se sentía ligera, como si hubiera soltado un peso que llevaba meses cargando.

Mientras tanto, en la sala de tripulación de American en la terminal D, Adrián revisaba el flight plan con su copiloto cuando entró Sofía Méndez, una azafata senior que había volado con él en rutas largas a Nueva York y Los Ángeles. Siempre había sido coqueta, siempre había dejado caer indirectas, pero Adrián nunca había respondido. Hoy, sin embargo, Sofía traía una sonrisa tensa y los ojos brillantes de curiosidad.

—Capitán Salazar… qué bueno verte tan… radiante —dijo, sentándose al lado de él con una taza de café—. Se te nota en la cara.

Adrián levantó una ceja.

—Gracias, Sofía. Buen día para volar.

Ella se inclinó un poco más, bajando la voz.

—Escuché por ahí que estás saliendo con alguien de la torre. ¿Es cierto? Dicen que es una controladora que… digamos… sabe cómo hacer que un piloto baje rápido.

Adrián se tensó, pero mantuvo la calma.

—No es de tu incumbencia, Sofía. Pero sí, estoy en una relación. Y es seria.

Sofía soltó una risita falsa.

—Ay, no te enojes. Solo digo que algunas chicas de la torre se creen muy importantes porque manejan el cielo. Pero al final, los pilotos siempre volvemos a tierra… con quien realmente nos entiende.

Adrián la miró fijo.

—Cuidado con lo que dices. Y con quién lo dices.

Sofía se encogió de hombros y se fue, pero no sin antes susurrar a otra azafata que estaba cerca:

—Pobre… parece que la controladora esa se metió donde no la llamaban. Dicen que usó su posición para engancharlo. Qué bajo, ¿no?

El rumor empezó pequeño. Un comentario en la sala de descanso. Un mensaje en el grupo de WhatsApp de la tripulación. “¿Escucharon lo del capitán Salazar? Parece que una de la torre aérea lo tiene agarrado por las autorizaciones… jajaja”. “Dicen que es madre soltera, pero igual se metió con él”. “Pobre hombre, ella lo manipuló desde arriba”.

Para la hora del almuerzo, el chisme ya había llegado a varios oídos en la terminal D. Nadie mencionaba nombres todavía —Sofía era lista para eso—, pero las descripciones eran claras: “controladora guapa, la que manejó la emergencia del 742 hace poco”, “la que siempre está en el turno de la tarde”, “la que llegó de la mano con él esta mañana”.

Valeria no se enteró hasta que Carla la jaló al pasillo durante un break.

—Val… hay rumores circulando por toda la terminal. Dicen que una controladora se metió con un piloto usando su posición. No dicen tu nombre, pero… la descripción es tuya al cien por cien. Madre soltera, guapísima, la de la emergencia reciente.

Valeria sintió un frío en el estómago.

—¿Quién lo está diciendo?

Carla bajó la voz.

—Empezó en el lado de cabina. Una azafata que vuela con Adrián. Sofía Méndez. La misma que siempre anda coqueteando con él en los vuelos largos.

Valeria cerró los ojos un segundo.

—No voy a dejar que esto me toque. Ya hemos pasado por cosas peores.

Pero cuando Adrián la contactó por radio esa tarde —un vuelo corto de práctica antes de su próximo largo—, su voz salió más seria de lo normal.

—Valeria… ¿Has oído algo?

Ella respiró hondo.

—Sí. Rumores. Sobre mí. Sobre nosotros.

Adrián hizo una pausa.

—No les hagas caso. Voy a hablar con Sofía. Esto tiene que terminar.

Valeria sonrió, aunque él no podía verla.

—Hazlo. Pero con calma, capitán. No quiero que te metas en problemas por mí.

—Demasiado tarde —respondió él, voz suave pero decidida—. Ya estoy metido hasta el fondo. Y no me arrepiento.




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