Avatar, dos mundos

3. La grieta

—Lo entendemos y agradecemos la oportunidad que nos han otorgado de disculparnos y conectarnos a este lugar — los hermanos parecían una sola mente en ese lugar, dirigiéndose tanto al gran espíritu como a las personas con su señal de respeto como despedida.

Mientras toda esa interacción ocurría, Aang pasó por un proceso diferente al llegar a ese plano. Llegó junto con los na’vis pero no era visible para ellos ni para nadie en ese lugar así que solo le tocó presenciar todo.

Veía como los fallecidos ya sabían de la llegada de seres extraños y lo que dijo Raava lo hizo entender lo que esas personas le dijeron antes de morir o las que estaban gravemente enfermas: una grieta espacio-temporal.

También se preguntaba cómo era posible que Raava estuviera ahí, tal vez se separó de él para hablar con los na'vis queriendo mostrar su verdadera forma y al separarse de él hizo que él no pasara por completo a ese plano.

Cosa que le confirmó Raava cuando fueron jalados de nuevo a la realidad.

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Los tres conectados a la tierra de repente se separaron como si la tierra los quemara, regresando a la realidad.

Tanto los na'vis como Aang respiraban con dificultad. Zuko y Katara sostuvieron a Aang mientras se recuperaba y los na'vis se sostenían entre sí.

—Los... eruditos— empezó a hablar Aang sin recuperar el aliento por completo —ellos están... bien— sonrió en medio de jadeos y suspiros mirando a sus amigos para tranquilizarlos de sus muy bien disimulados miedos.

—Raava...— empezó a articular Lukxa —¿...es su diosa aquí?— preguntó con los últimos suspiros.

—No, casi nadie la conoce, y ustedes no hubieran podido verla si no me hubiera conectado con ustedes— respondió Aang después de recuperar el aliento pero con fuerzas aún insuficientes para levantarse.

—¿Te conectaste? ¿Cómo te conectaste? ¿Entonces ya no están con Raava? ¿Quien guía a los muertos si tú, parece, que no te conectas con frecuencia? ¿Qué pasará con...?— Payun empezó a alterarse y Lukxa se encargó de sostenerlo y calmarlo.

—Tranquilo, aunque gran parte de Raava se encarga de estar en el avatar una parte de ella, su esencia, sigue en el mundo de los espíritus encargándose de ese tipo de cosas, yo estuve ahí con ustedes, presencié cómo se disculparon y, cómo Raava les advertía, no me pudieron ver porque como me separé de Raava mi alma no pasó por completo— dijo Aang recordando lo que le explicó Raava después de ese encuentro. Seguía procesando la sensación de lo que acababa de vivir mientras se sostenía de sus amigos —Siento que se dijo algo muy importante y que algo está en peligro, no estoy muy seguro— trató de recordar Aang pero le dolió la cabeza por el esfuerzo.

—Si, Raava nos confirmó lo que temíamos que pasara— empezó Lukxa —Un humano que conocemos, cercano a la familia, tuvo una de sus tantas ideas científicas locas. Decía que, así como todo está conectado en un planeta, debe existir una conexión similar que conecte a todo el universo y que se podía usar la teletransportación para conocer otros planetas sin necesidad de gastar combustible en cada viaje. Muchos se opusieron porque dijeron que, efectivamente existía esa conexión, pero esa conexión también involucra versiones, realidades alternas, dimensiones, cosas que no entendíamos porque no había pruebas claras... hasta ahora— terminó de explicar con una opresión en el pecho sabiendo que no podían quedarse ahí mucho tiempo y no terminarían por completo la expedición.

—No es que existan dos planetas que se llamen igual, es que son versiones del mismo planeta, realidades distintas— terminó explicando más para sí mismo, Payun.

—Nos dijo Raava que abrimos una grieta en el espacio-tiempo lo cual no sé qué signifique...— siguió Lukxa el cual fue interrumpido por Katara quien había dejado a Aang en brazos de Zuko para levantarse y mostrarse firme.

—Eso mismo nos dijeron los eruditos antes de morir, pero si ustedes no saben menos nosotros, apenas entendemos todo lo que nos dicen sobre... cientícicos?— si no fuera por tanta confusión, ella ya estaría lanzando picos de hielo por todas partes.

—Científicos— corrigió Aang detrás de ella —Esa grieta alteraría el equilibrio entre universos y su presencia aquí les afecta a ustedes— explicó mirando con preocupación a los Na'vis mientras se levantaba con ayuda de Zuko.

—Si, algo de daño espiritual, yo pensé que se refería a que nos afectaría conectarnos a esta tierra, pero no es la tierra en sí, es la realidad en la que está— habló Payun mientras se incorporaba junto con su hermano.

—Eso quiere decir que no pueden quedarse, es una lástima— se lamentó Sokka quien había tenido grandes ideas sobre aventuras con estos aliens simpáticos.

—Tal vez haya alguna posibilidad de que podamos estar aquí sin peligro alguno pero tendríamos que explicarle la situación a nuestros amigos científicos— propuso Payun mirando a su hermano.

Y así lo hicieron, se despidieron de sus nuevos amigos, y una por verse. Prometiendo tener aventuras la próxima vez que se vieran, aunque tal vez pasarían años antes de poder lograrlo. Presionaron sus interruptores de regreso a la base donde los recibieron con mucho gusto, lo que se les hizo raro ya que solo estuvieron unas horas y los científicos no estarían conformes con tan poquito tiempo.

—¿Una semana? ¿Cómo que ha pasado una semana?— preguntó con pánico Lukxa a su padre quien llegó bastante rápido después de recibir la noticia de que sus hijos habían regresado.

—Si, ¿Por qué preguntan?— preguntó de vuelta Lo'ak muy feliz de verlos.

—Papá, solo estuvimos allá unas horas— respondió Payun perplejo no sabiendo a quien mirar.

—¿¡Qué!?— escucharon que alguien gritó y los tres giraron a ver quién era. Eipkang, el amigo humano científico que mencionaron, se acercó con presura a ellos —¿Cuántas horas dijeron que habían pasado allá? ¿A qué planeta fueron?—




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