El sol apareció en el horizonte anunciando el pronto amanecer, los rayos del sol se colaban por la entrada del marui en donde descansaba una familia de cinco Na’vis.
Aunque el sol les pegaba en la cara, parecía que nadie daba señales de despertar pronto. Sin embargo, la pequeña de la casa, que parecía que recargaba sus energías como panel solar, se emocionó por el nuevo día.
—¡Payun! ¡Lukxa! ¡Levántense! ¡Quiero que Rai’uk escuche las historias! ¡Rápido, despierten!— la pequeña Ayteya estaba bastante emocionada y como no, después de 3 meses fuera de su hogar, ya extrañaba a sus primos y tíos. Aunque les gritaba a los dos, fue a Payun a quien zangoloteaba para despertarlo.
—’Teya, basta, 5 minutos más— balbuceó medio dormido Payun dándose la vuelta y acomodándose para seguir durmiendo.
Ayteya, al ver que no conseguiría nada de su hermano del medio, se fue de bruces contra Lukxa, lo que hizo que despertara por un segundo para recuperar el aire perdido, soltando un lastimero y breve quejido.
—Lukxa, llévame con mi tío ‘Teyam, quiero ver a Oäma— le hizo pucheros a su hermano mayor estando encima de él, pecho con pecho y sosteniendo su adormilada cara.
—Deben seguir dormidos, al rato— balbuceó Lukxa que, a diferencia de su hermano, él se quedó dormido en la posición en la que estaba.
La pequeña na’vi se incorporó para quedar sentada sobre el pecho de su hermano, preparada para lanzar un grito estridente y despertar a medio pueblo.
Pero antes de que la bomba explotara, fue levantada rápidamente por dos grandes manos por debajo de sus axilas. De inmediato fue acomodada sobre el brazo y cadera de alguien y cuando volteó a ver de quien se trataba, sonrió tan ampliamente que parecía que iba a reir fuertemente.
Lo’ak rápidamente puso su dedo índice delante de sus propios labios en señal de silencio y la pequeña se llevó ambas manos a la boca para no emitir ruidos fuertes mientras, por lo bajo, estaba soltando risitas en susurros.
Lentamente salieron del Marui para poder calmar a la pequeña y no despertar a los demás que seguían muy cansados por el viaje de la noche anterior.
—Pequeña, no hay que molestar a los demás todavía, sabes que el viaje fue largo y apenas regresamos tarde anoche— explicó Lo’ak con calma y con una pequeña sonrisa cansada.
Como todavía no solucionaban lo de la grieta, ni habían avanzado con el teletransporte hacia otros planetas y las insistencias de su familia para volver a casa se hacían interminables, decidieron regresar en su nave junto con Eipkang y sus investigaciones.
—Pero quiero que mis primos escuchen las aventuras que vivieron mis hermanos— Ayteya hizo pucheros nuevamente, le había fascinado tanto lo que le habían contado sus hermanos mayores que ella quería ir, pero le dijeron que nadie podía regrenar hasta asegurarse de que fuera completamente seguro el viajar de ese modo.
Por supuesto, habían omitido las muertes en esa parte de la historia a la pequeña, por obvias razones; así que sólo se resignó a obedecer.
—Puedes platicarles tú, pequeña. Ya sabes donde encontrarlos— dijo Lo’ak mientras bajaba a su única hija con delicadeza.
—¡Es cierto!— y acto seguido, Ayteya salió corriendo en dirección al recinto del Tsahik.
Lo’ak suspiró llevando sus manos a su cadera. Nadie lo notaría a simple vista pero, estaba todavía medio dormido. Ahora va a ir a dormir otras largas horas para recuperarse por completo y cuando vuelva a despertar, no va a recordar nada de esa plática.
Pov Ayteya
Sempu tenía razón, yo podría narrarles las aventuras de mis hermanos. Les voy a contar de las personas que conocieron y de las habilidades que tenían. ¡Sii!
Corrí hacia el marui más grande en medio de la aldea. Ahí debe estar mi tío ‘Teyam y con suerte también mi tío ‘Nung. Oäma y Rai’uk deben estar en sus deberes matutinos en algún lugar de la aldea. A menos que haya cambiado algo en su rutina en estos tres meses que estuvimos ausentes.
Así era nuestra rutina: tres meses en Pandora y tres meses en la Tierra. No me explican mucho por ser todavía muy pequeña pero ya me acostumbré a la rutina junto con Sa’nu.
Mamá tampoco sabe mucho de cosas humanas pero sigue a papá a donde sea. ¡Es tan romántico!
Llegué a la entrada del Marui y me asomé por una orilla. Podía ver a mi tío ‘Teyam preparando y triturando hierbas para medicamentos, me hace mucha gracia ver su expresión concentrada, se nota lo dedicado que es hacia su pueblo.
—¡Tío ‘Teyaaam!— no perdí tiempo y me arrojé hacia sus brazos, él solo tuvo tiempo de reaccionar lo suficiente para dejar el cuenco y recibirme con los brazos abiertos.
—Wooowowow, mawey ma’ite mawey— rió al recibirme. Tiene la costumbre de decirles “hijo” o “hija” a cada infante que encuentra. Después de tantos años relacionándose con Eywa sentía que así percibía la gran madre a todos los habitantes de su hogar, sus hijos. Y se le pegó. —¿Cómo estás pequeña traviesa? Pensé que seguirían descansando por el largo viaje—
—Los demás siguen dormidos, yo siempre descanso durantes los viajes así que yo no tengo sueño— expliqué colgada su cuello mientras él me sujetaba por la espalda de manera protectora y acogedora.
—Ya veo, ¿Y qué te trae por aquí con tanta urgencia? ¿Algo que contar?— me preguntó mientras acomodaba algunos de mis cabellos detrás de las orejas.
—¡Ah sí!— por un momento se me había olvidado a qué venía, me reí —¿Recuerdas que Eipkang estaba haciendo experimentos raros sobre poder ir más fácilmente a otros planetas?— le pregunté a mi tío quien asistió sin dejar de sonreír —Pues parecía que lo había conseguido porque mis hermanos lograron irse no sé a dónde y ¿Qué crees que encontraron?—
—Aamm no lo sé, a un…— no dejé que continuara, rápidamente contesté mi propia pregunta.
—¡Otra Tierra!— grité emocionada alzando mis manos al aire con confianza ya que sabía que me tío no me dejaría caer en ninguna circunstancia, me volví a reír, estoy emocionada por ver la reacción de mi tío cuando le platique de los humanos que conocieron allá mis hermanos. Regresé mis manos a su cuello —Y ¿Sabes cómo son los humanos en esa tierra?— sabía que él no iba a responder pero hizo amago de que si para que yo sintiera la satisfacción de interrumpirlo —¡Pueden controlar los elementos! ¡Agua, tierra, fuego y aire! Mis hermanos dijeron que podían controlar más cosas pero ya no recuerdo bien qué eran esas otras cosas ¡Dijeron que les hicieron un espectáculo mostrando sus habilidades! Había una persona que no podía controlar nada pero sabía pelear con armas, una chica agua, un chico fuego. ¡Y que había una persona que podía controlar los 4 elementos!— hablé muy rápido y emocionada, aunque a veces bajaba la intensidad para pensar bien lo que iba a decir y que tal vez había algunos huecos que o no me contaron o se me olvidaron. Ahora me doy cuenta que es muy diferente escuchar la historia a contarla.
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Editado: 23.07.2026