—¡Adiós chicos! ¡Los extrañaré!— se despidió Sokka dramáticamente dirigiéndose a Zuko y Toph desde la montura de Appa mientras Katara acomodaba cosas y Aang le pasaba más con aire control.
—Espero que traigan algo bueno de su viaje, de preferencia algo que me quite esta cosa del trasero— dijo Toph sin necesidad de gritar y con los brazos cruzados —y les encargo darles una paliza a esos extraterrestres de mi parte— una sonrisa siniestra apareció en sus labios imaginando la escena, sin saber que realmente medían casi tres metros.
—No te preocupes Toph, estoy segura de que arreglaremos esto más pronto que tarde— aseguró Katara ya que ella también quería deshacerse de su trenza. Su cabello también había crecido considerablemente, adaptándose a la trenza neuronal para su protección. Ahora su trenza le llegaba a los muslos y aún no se acostumbra al largo de su melena.
—Eso espero— murmuró Aang para sí mismo. No estaba seguro de si esto tenía vuelta atrás, las consecuencias de haber abierto esta… red en el espacio tiempo, no sonaba algo sencillo de modificar. Pero sabía que necesitaba respuestas, saber si del otro lado también estaban teniendo cambios, y así, tal vez ayudarse entre sí. Sin embargo, sí existía esta remota posibilidad de que todo volviera a ser como antes, definitivamente le estarían quitando un enorme peso de encima.
También quería saber cómo ayudar a la gente a procesar estos cambios, a adaptarse. Pero eran tantas personas, tantos cambios, tan poco tiempo y tan repentino que solo pensaba en descansar y olvidarse de todo.
Lamentablemente eso no sería posible, él era el avatar, él tenía que resolverlo, entender todo lo que está pasando y ayudar a todo el que lo necesite.
Ya le había pasado el último saco de dormir a Katara cuando regresó de sus pensamientos y era hora de despedirse de una parte del equipo avatar.
—Bueno chicos, es hora de que me despida yo— dijo Aang acercándose a Zuko y Toph con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. No sabía porque sentía que no debía irse, que algo lo trataba de retener con convicción, tal vez era que no quería dejar a todas esas personas que trataban de adaptarse a lo que les estaba pasando o tal vez era la imagen de Zuko cubierto con su capucha.
Sabía que, cuando Zuko se presentó ante tanta gente sin esconderse, fue un impulso del momento. Su lado de señor del fuego comprensivo y honorable quería calmar a su pueblo haciéndoles saber que no estaban solos y que eran comprendidos.
En el fondo aún estaba aterrado, esa herida muy en fondo de su alma, creía que una marca en el rostro era símbolo de rechazo, de traición. El cómo reaccionó aquella señora que no le gustaba su apariencia, tal vez fuera minimizada por muchos, pero a Zuko le caló hondo, la entendía de cierta forma, aunque no estaba de acuerdo con la vanidad que mostró.
Aang no se sentía a gusto dejando a Zuko pero tal vez estando con Toph pueda trabajar esas inseguridades.
—¿Estarás bien?— preguntó Aang a Zuko dándole una mirada rápida a su capucha para que se diera a entender. Zuko estaba a punto de responder pero fue interrumpido por Toph.
—Claro que estará bien, me tiene a mi. Espero que regresen pronto— aunque su voz reflejara desinterés y despreocupación, el golpe que le dió a Aang en el hombro reflejaba sus buenos deseos para que su viaje transcurriera sin problemas.
Aang se sobó un poco mientras sonreía con dolor.
—No te preocupes Aang, estaré bien— dijo Zuko con una sonrisa tranquilizadora para apaciguar la preocupación que recaía sobre él.
—De todos modos nos escribiremos, tenemos muchas aves mensajeras— proporcionó Toph a la conversación, lo que alivió un poco a Aang y ella lo pudo sentir.
—De acuerdo, entonces, nos vemos— dijo Aang dirigiéndose a ambos pero sin apartar la vista de Zuko.
En ese momento recordó lo que había pasado cuando regresaron de aquel claro, el instante en que no pudieron despegar la mirada del otro. Seguía sin comprender qué había pasado en ese entonces pero cada vez que veía a Zuko seguía sintiendo lo mismo, y aunque ya lo controlaba mejor y no se dejaba llevar tan fácilmente, aún así lo dejaba desconcertado.
Lamentablemente nunca hay tiempo para situaciones personales siendo el avatar, así que le dió un asentimiento, una sonrisa y partió con sus amigos en dirección al polo norte.
—¡Yip, Yip!—
Zuko contempló la figura de Appa alejándose y haciéndose cada vez más diminuto a la distancia.
Toph se quedó en silencio sintiendo el estado de su amigo de fuego, así que lo dejó ser por unos segundos. Aunque no aguantó la espera, Toph no era reconocida por su paciencia.
—Bien chico fuego, ¿qué hacemos ahora? ¿Quieres jugar con algunas rocas?— preguntó Toph con intenciones de sacar a Zuko de su rol de rectitud como señor del fuego.
Zuko suspiró regresando al lugar donde estaba su propio cuerpo.
—No tengo ganas— dijo simplemente sin apartar la mirada del cielo en donde había desaparecido la figura de Appa.
—Aguafiestas— murmuró Toph haciendo un puchero y cruzándose de brazos mientras su cola se bajaba unos centímetros.
—¡Señor del fuego Zuko!— exclamó un concejal agitado por la prisa —se solicita su presencia en el salón principal— es lo único que dijo con una media reverencia antes de que todos se dirigieran allí sin más explicaciones.
—¿Qué está pasando?— preguntó Toph que se escabulló para entrar primero. Sólo sentía miedo y tristeza en las personas que se encontraban en ese lugar como las emociones más predominantes. Podía sentir que traían animales consigo en jaulas de distintos tamaños.
Zuko no dijo nada esperando que respondieran a la pregunta de su amiga ciega. Pero él sí podía ver lo que estaba pasando.
—Los animales también están cambiando— le resumió a su amiga antes de acercarse a esas personas que, por sus ropas, eran su gente —¿Cuándo empezó esto?— preguntó viendo a un gato capibara en los brazos de una niña de unos 12 años acompañada por su padre.
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Editado: 17.08.2026