Ayme: La Favorita Del Rey

Cap. 3: El baile

Toda la gente del pueblo estaba reunida y amontonada, cada plebeyo estaba esperando a que el hombre de brillante armadura leyera las noticias para ellos mientras que ella no lograba entender porque el bullicio y la ansiedad de saber cualquier tipo de noticia sobre el reino.

—Ayme, ¿no quieres ir? Son noticias sobre el reino—anunció Samara, su mejor amiga, jalando de su manga del vestido. Ayme la quedó viendo, no le ponía mucha atención al reino, había estado casi toda su vida de viaje en viaje que lo menos que quería hacer al venir al mercado era juntarse con el resto de gente para saber de cosas sin sentido.

Ayme vio la emoción en su amiga, pero no le gustaba esas cosas.

—No, lo siento, Samara, ve tú, yo seguiré comprando las cosas para mi casa—contestó la jovencita sonriéndole. Samara no evitó hacer una mueca, soltó la manga del vestido de la joven y asintió convencida de que Ayme, su amiga, era bastante extraña.

Todas las muchachas estaban ansiosas por saber del reino, pero ella era la única a quien no le importaba.

—Está bien, pasaré a visitarte más tarde, adiós—se despidió la joven de manera educada antes de salir corriendo donde la gente amontonada. Ayme vio a su amiga desaparecer y sonrió, se agachó levemente y tomó sus bolsas de mercado para ir al próximo puesto en busca de los alimentos para su hogar.

Era un día muy bonito, el clima le agradaba, pero el vacío de los puestos la desconcertó. Miró todo con cautela esperando que alguien pudiera atenderla, sin embargo, todos estaban escuchando las noticias que tenía el guardia para el pueblo.

—Señorita, ¿qué hace aquí? Todos se encuentran en la plaza, un oficial de palacio está dando las buenas noticias, fue enviado por el mismo rey—exclamó una mujer que salía también de su puesto para ir con el resto de la gente.

Ayme le sonrió dulcemente. Era una muchachita noble, de buenos modales y a quien no le importaba las clases sociales, ante sus ojos todos eran iguales, los títulos para ella no tenían significado.

—Lo siento, mi señora, no tengo interés en saber del rey—contestó intentando no ser irrespetuosa, el rey Maxon tenía una mala reputación en el pueblo, pero la gente era curiosa. El rey no bajaba casi nunca a los mercados, él tenía sirvientes que hacían eso, solo se preocupaba por comer y no de dar las gracias.

La mujer asintió.

—Está bien, muchacha, no importa, solo se trata de un baile, el rey lo hace para poder convivir con su pueblo y elegir a un grupo de candidatas para que alguna pueda ganarse el privilegio de ser su reina, todas las muchachitas están emocionadas—declaró la mujer diciéndole de todos modos el motivo por el cual toda la gente estaba amontonada.

En el pueblo todos se trataban cómodamente, ninguno tenía un título y es por eso que existía una enorme confianza, pero Ayme era diferente al resto. Con título o sin uno los trataría por igual.

—Con su permiso, me retiro. Buen día—se despidió la joven antes de tomar sus bolsas pesadas y regresar caminando a su casa.

De camino a su hogar su mente se mantuvo ocupada, hace mucho que no sabía del reino, se había pasado casi toda su infancia viajando que regresar no le causó mucha emoción.

“¿Qué cosa estará planeando ahora el rey?” pensó, ella era la única de un montón de muchachas del pueblo que se preguntaba eso mientras que el resto se preocupaba por cual vestido usar para el baile que sería en cuatro días.

Comenzó a tararear una canción mientras caminaba a través del sendero, poco a poco se fue alejando del mercado y los enormes y verdes arboles le sacaban una sonrisa. Amaba el lugar donde vivía, era una casa alejada de todo y ubicada alrededor de la bella naturaleza.

Un par de ojos azules la vieron y en cuestión de segundos tuvo a un muchacho delante suyo ayudándole con las bolsas.

—Déjeme le ayudo, las bolsas deben ser muy pesadas—manifestó Harry agarrando las bolsas por ella. Ayme le sonrió dulcemente haciendo que el muchacho que la miraba se sonrojara.

—Muchas gracias—agradeció colocándose a lado suyo para empezar a caminar hacia la gran casa. El corazón del muchacho bombeaba demasiado fuerte y es debido a la presencia de la dama por quien tiene sentimientos. Ayme rompió el silencio que se formó entre ellos—¿Ya sabes del baile? —preguntó la jovencita mirándolo de reojo.

Harry asintió sonriendo.

—Sí, todo el pueblo lo sabe y está muy emocionado. Mi madre cuando se enteró se puso muy contenta, además empezó a preparar un vestido para mi hermana, ella piensa que será la próxima reina, pero habrá muchas que también se postularán—contó riéndose de los pensamientos de su pequeña hermana.

Ayme sonrió mirando el hermoso paisaje que decoraba los alrededores de la gran casa.

—Seguro la eligen, es muy bonita e inteligente—habló colocando sus manos entrelazadas sobre su estómago. El vestido no la hostiga, pero en otros momentos logra incomodarla.

Harry no evitó mirar a Ayme, era una jovencita demasiado bella y él tan poca cosa para ella. Quería pretenderla, pedir permiso para cortejarla, pero era demasiado tímido y no se creía lo suficiente para Ayme, solo era el cuidador de los caballos.

—¿Se postulará? —preguntó atrayendo la total atención de Ayme quien se detuvo de golpe viéndolo a esos bonitos ojos. Le dolió mucho el corazón preguntarle eso, pero ella merecía mucho más de lo que él podía ofrecer.

Ayme frunció el ceño, los sentimientos de Harry eran correspondidos por ella, no lo veía como el cuidador de los caballos sino como un excelente joven y estaba segura que, si le preguntaban a su padre, él no se opondría.

Ayme sonrió ampliamente devolviéndole el alma al cuerpo a Harry.

—No, yo no quiero ser elegida como reina, no tengo interés, quiero seguir siendo del pueblo—contestó alegrando el corazón del joven que sonrió con emoción.

***

El vizconde llegó corriendo a los aposentos del Rey, su pecho subía y bajaba con una velocidad no propia de su edad. Al entrar se encontró con Maxon, su presencia significaba imponencia, pero Francisco lo conocía como a un hijo.




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