Azul Violeta

VII.- Quizás, no debí creerte

Tomas trabajaba en una empresa transnacional y justo cuando comenzaron a salir él se tuvo que mudar por una trasferencia de trabajo a otra ciudad. Al mismo tiempo Christine completó su papeleo para trabajar en la oficina central de King.

Así como lo deseó su hermano, tras la recuperación de su fractura, su brazo se volvió débil y algunas veces no podía ni sostener el lápiz. Además tenía que vivir con dolor constante como su médico no encontró nada malo con su tratamiento y recuperación, solo podía recetar analgésicos, los cuales, Christine se negaba tomar.

No importaba que sucediera aprendería a vivir con ello. Ahora sentía que podía dejar y podría ser dejada sin que le afectara como un tiempo atrás.

—Así que... ¿qué opinas de Tomás?

— Vaya Dove, nunca mostraste interés en mis romances y solo me sermoneas...

¿Qué ocurrió?

—Querida amiga... tu sonrisa dejó de ser falsa — dijo con una sinceridad que Christine quería creer que era cierto.

No respondió la pregunta pero después de encontrarse con Gabriel guardó ese libro en una caja y no lo sacaría jamás. Si un día se lo pedía, entonces preguntaría porque la quiso engañar de esa manera.

También sentía que Tomas era demasiado para ella... pensaba que quizás alguien vendría a quitarle y decirle que no podía ser para ella nunca.

Tomás era la personificación del humano más atento y cariñoso que había conocido hasta la fecha pero eso solo podía verse a través de una webcam pues su trabajo lo obligó a mudarse al otro lado del mundo.

Algunas veces pensaba en Alejandro (por desgracia) incluso si era un hijo de puta todavía creía que sus palabras, al menos en sus pláticas, tenían algo de razón. Tan simple como ella no quería olvidarse de alguien que compartía sus opiniones.

— Christine... ¿Cuándo tendrás vacaciones? Yo estaré libre cerca de la Pascua, ¿qué tal si vamos de viaje?

— Solo sí pido permiso... Tenemos una colaboración programada.

— Solo unos días estaría bien. Hay algo que quiero decirte y solo no me interrumpas...— Christine podía sentirlo nervioso a través de la cámara. — ¿qué tal si nos casamos?

— ¿Qué? — Christine respondió sorprendida

— Lo he pensado mucho y siento que nunca volveré a encontrar a alguien tan divertida, inteligente, trabajadora, sensible como tú. ¿Eres lo que he buscado todo este tiempo puedes considerar mi propuesta?...

— Déjame... pensarlo...

Si hubiera continuado su relación con Alejandro... ¿llegarían al mismo punto? ¿Podría considerar que él es lo que buscaba o Tomás era lo que ella merecía?

De repente no podía evitar compararlos aunque no había necesidad, lo hacía. Si le decía a Dove quizás le restregaba que era muy injusta con Tomás al querer hacerlo ver como Alejandro. No eran iguales de ninguna manera pero la impresión dejada por ese chico fue bastante fuerte.

Tomas es cariñoso, trabajador, siempre pregunta lo que he hecho pero nunca la alienta a seguir trabajando. Por otro lado es considerado pero parece que odia el arte.

Cada vez que pensaba algo bueno aparecía una contradicción. Le parecía algo extraño que pensara de esa manera y hasta cierto punto incómodo.

— Uff ¡Qué difícil!

— ¡Qué difícil! Parece que ya hablas sola, extrañaba ese hábito de ti — dijo la desconocida.

— ¿Qué? ¡Eres tú! — abrazo a su amiga al reconocerla.

Myra, amiga de la secundaria quien se mudó a una ciudad del sureste después de graduarse de la universidad. Siempre sabían lo que la otra pensaba.

— Christine, vine de vacaciones con mi novio y no creí encontrarte en esta ciudad — su voz delataba alegría — ¿qué has hecho?

—Dilemas de mi vida — río. Estaba encantada de volverlo a ver. Desde que se mudó solo se enviaban mensajes de vez en cuando pero no salían casi a ningún lado.

Bastaron solo 4 horas para ponerse al corriente de todo lo ocurrido en los últimos años, un mensaje jamás será suficiente para contarse todo. Myra la extrañaba al igual que Christine, ninguna de las dos imagino que se alejaran tanto de su lugar de origen.

— Sonará cursi pero ¿qué dice tu corazón? ¿Quieres aceptar la propuesta por amor o porque no quieres estar sola?

—Ninguna... creo que no estoy lista para casarme, nunca lo estaré porque nunca pensé en el matrimonio, siempre me dije que quería una vida simple. — respondió Christine mientras tomaba su sexto café.

—Amiga... Yo creo que puedes apoyarte en él, si no funciona... aquí estoy yo para alentarte de nuevo. No tengas miedo de experimentar, quizá no olvides a ese tipo pero debes avanzar de paso a paso...— Myra lo decía. Myra tuvo una familia problemática así que me entendía. Además con la reciente plática, se dio cuenta que su amiga experimentó lo que era tener un corazón roto por primera vez.

— Te amo amiga... ¿lo sabías?

—Claro que sí, todos me aman — respondió sonriendo.

En su próxima llamada a Tomás, quizás ya tendría una respuesta.

"¿Te casarías conmigo?"

"Si"

La propuesta formal fue hecha por Tomás días después en sus vacaciones. Aún no le quería decir a Dove pero le contó todo a Myra quien podía notar la inquietud en su comportamiento.




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