¿En serio? ¿Qué mala suerte tengo? Pensó después de entrar a un restaurante.
La serie de eventos desafortunados concluyó con Tomas pagando el monto que le correspondía solo así Christine se daría cuenta de que él era derrochador y esperaba que ella pagará la boda.
Dove y Joel eran humanos que sentían vergüenza por presentarle un tipo bueno para nada a la chica que siempre los ayudaba. Diario se estaba disculpando pero Christine dijo que el amor no era lo suyo. Claro que no culpaba a Dove, ella dio más de los que estaba recibiendo e ignoró su propia intuición, desde luego, era su culpa.
Con su fallida boda, Christine decidió tomar un año sabático. El chiste de todo era que pudiera hacer lo que quisiera o viajar a donde se le antoja sin tener que pensar en su trabajo.
Las palabras de King fueron: "No me vengas diciendo que estas bien y antes de que tomes una decisión extrema mejor tomate un tiempo, podemos trabajar aquí en tu ausencia solo dime que vuelves renovada, te esperaré"
Ya se había mudado, tenía intención de aprender idiomas, quizás aprender a cocinar o macramé. Algo que requiriera toda su concentración.
Pero en serio tenía tan mala suerte...
— Ah, Christine, ¿cómo estás?
—Bien... ¡Qué milagro verte aquí! ¿Viniste de vacaciones Gabriel?
— Si, se supone vendría con Alejandro pero algo ocurrió así que vine solo yo, me imagino que también viniste de vacaciones, ¿verdad?
— Claro...
Platico un rato con él sobre su trabajo, era increíble cómo le podía hablar como si nada pero las preguntas no eran recíprocas. Solo quería hablar de él mismo.
— Chica, si mal no recuerdo... usabas un collar de plata sin dije... ¿ya no lo tienes?
— Soy alérgica a la plata y dejé de usarlo hace años... pero que yo recuerde casi nunca lo lleve a la universidad. — quiso sonar pensativa pero no lo logró.
— Oye... entre amigos... ¿te gustaba Alejandro? Cada vez que los veía juntos parecían llevarse bien y no era el único que pensaba que ambos estaban enamorados. — el que Gabriel preguntara significa que no sospechaba algo o sabía algo.
— Para nada... quizás solo su manera de pensar era interesante. — Mintió. No diría jamás en voz alta, que se enamoró de un ser despreciable como él.
Continuaron hablando un rato hasta que él se fue.
Myra entró y se reunió con ella.
— ¿Quién era ese?
— Nadie importante. Pedí mi año sabático y lo primero que haré es dormir mucho — Dijo alegre
— No me gusta verte esforzándote por ser feliz. Si vas a llorar hazlo, no lo guardes o explotarás un día. — aconsejo Myra.
— Lo sé... lo sé de verdad pero... no quiero hacerlo porque siento que me voy a derrumbar. Hubo una persona que me dijo...
Myra le cubrió la boca con su mano.
—Tú Eres la persona que da fortaleza a los que te rodean. No eres mala, no eres malvada y de verdad mereces ser feliz. Un día encontraras a alguien que te de lo que no pidas y hasta ese momento me dirás lo que querías decirme, ¿ok?
"Ok" señaló con la mano.
Cenaron y después Myra tuvo que tomar el autobús de vuelta a su ciudad pues ya se le habían terminado sus días de descanso.
Christine llegó a su solitaria casa pensando en limpiar un poco pero en su lugar se fue a acostar a su cama y comenzó a revisar todas sus redes sociales... ¿desde hace cuánto tiempo dejo de revisarlas?
Había mensajes de personas con las que nunca hablo y le pedían favores, en otras había mensajes contra personas que ella apoyaba aunque estaba bastante alejada de la música que le gustaba o las películas que solía ver.
Leía un artículo en particular en una página oficial y ella escribió un cometario que más o menos decía así "incluso si el mundo te da la espalda yo estaré allí para ti, conviérteme en tu mundo" dejó el teléfono, se levantó a cenar y se durmió después de medianoche.
Pero ni podía dormir bien, tuvo un sueño con Alejandro sobre el día en que se conocieron y si ella no hubiera sido insistente él no le habría dicho nada de eso. Christine ya había llegado a la conclusión de que estaba enamorada de él pero no era recíproco así que la solución que tendría sería que poco a poco lo fuera superando.
Pensar en lo pudo haber sido a su lado le daba consuelo y luego quería olvidarlo.
Y vaya que lo intentaba.
No hablaba de él pero lo extrañaba, en algunos momentos recordaba acciones que hicieron juntos como estudiantes, no fue infiel porque nunca hubo una relación pero así como fue Adolfo, Enrique o Tomas se tomaría su tiempo para olvidarlos.
— Hola, ¿Dove?
— Christine... creí que ya no me hablarías.
— Una cosa no tiene nada que ver con la otra... ¿te gustaría aprender a bailar?
—Tengo dos pies izquierdos... ¿cuándo vamos?
El primer paso es entender que todo sucede por una razón.