Azul Violeta

XVII.- La pesadilla

Sucedió un día antes de la subasta de la Galería de arte.

Christine organizaba unos papeles y esperaba que llegara Ryusui quien solo fue a leer el guión con sus compañeros de reparto. Al principio estaba cerrando una puerta negra detrás de sí... vestía una playera y una falda... quizás estaba en secundaria... le parecía familiar ese lugar

— ¿Tus padres no están?

La persona que estaba con ella vestía una playera blanca y pantalón oscuro.

— No, volverán en una hora más o menos.

Recorrió la casa buscando en todas las habitaciones pero no vio a nadie... regresó con su acompañante y caminaron hasta la habitación de al lado.

No podía ver todo lo que le rodeaba pero no era necesario...

— Alan...

— ¿Qué?...

El chico empezó a besarla en sus labios poco a poco comenzaban a involucrar su lengua, cerró los ojos mientras el besaba su cuello. La recostó sobre la cama y sus manos se escabulleron debajo de su blusa y su falda. El frío contacto la hizo alejarse pero gentil regresó a su posición original. La dirigía lentamente para acariciar su miembro que se sorprendió aún más.

Él la comenzó a desvestir...podía sentir su piel, su cuerpo temblando cada que la acariciaba. De movimientos torpes hasta repetitivos... él aprendía rápido y quería verla excitada... Miraron menos de un segundo sus cuerpos desnudos. Ella lo miró nervioso que al momento recobró la compostura y mordió sus pezones provocando un cosquilleo que no quería que se detuviera... sentía su peso y respiración agitada encima de sí misma, dolía una vez, nunca antes se sintió así, pero se movía de manera placentera, no quería que se detuviera...

— Nos vemos mañana...— dijo ese chico que tomaba sus primeras veces y ahora cuya cara no recordaba...solo han pasado unos minutos...

Escucho gritos fuera de su habitación

Sus padres estaban discutiendo a la hora de la comida. Su madre reclamaba que encontró condones usados en la casa y creía que su marido la engañaba. Sospechaba de tantas personas que las recito hasta el cansancio.

Los gritos la hicieron llorar y esconderse para no escucharlos.

Christine quería defender a su padre e inventarse otra cosa pero su madre le aterraba.

Entre la pelea escuchó gritos con su nombre y le asustaban aún más que quería desaparecer...

Unos minutos más tarde escuchó la puerta cerrarse con fuerza, su madre entró furiosa a la habitación y comenzó a golpearla con fuerza

— Fui por ti a la secundaria y resulta que no entraste a tus últimas clases, te parece que estoy jugando — la voz era tranquila que a su parecer era peor que gritarle... — PRIMERO TU PADRE Y AHORA TU. ¿QUÉ HAS ESTADO HACIENDO PARA QUE CREAN QUE PUEDEN VERME LA CARA DE ESTÚPIDA? ¡ERES IGUAL QUE TU PADRE! DEBERÍAS OPERARTE LA CARA, ¡ODIO SU ROSTRO!

Fue la primera vez que la golpeó en el rostro. Quería pensar en un lugar feliz donde estuvieran felices de verla regresar, donde no le pegaran ni culparan por algo que ni sabía la causa de porque ocurrió.

— TE QUEDARÁS ENCERRADA... ROMPERÁS CON ESE NOVIECILLO TUYO. TE HARÉ COMPORTARTE BIEN Y ME HARÁS SENTIR ORGULLOSA...

Se quedó en la oscuridad llorado por sus heridas. Nunca entendería porque la culpaba.

¡CALLATE!

¡VETE!

¡NO TE QUIERO CERCA!

No podía gritarlo. Se ahogaba en su garganta.

No volvió a ver a su novio. ¿Lo ocurrido estaba borroso en su memoria o solo fue un sueño? No lo recordaba.

Quería despertar

Estaba asustada

Tenía miedo

Ayúdame...

Por favor ayúdame

“Ayúdame” dijo entre lágrimas a la oscuridad

— Christine... despierta... Soy Ryusui...

El chico regresó a casa, entró asustado porque escuchó gritos desesperados, no sabía que soñaba pero eso le provocó miedo y dolor. La abrazo tiernamente diciéndole que todo estaría bien. Christine no parecía despertar incluso su expresión parecía aterrada.

Sin saber que hacer llamo a su madre.

Llegó la señora Kimi junto a su hija Kiniro que aún llevaba la maleta de su último viaje. Christine había despertado por su cuenta pero su mirada aterrada le impedía moverse del regazo de su novio.

La Señora le preparo un té para tranquilizarla pero ni podía sujetar la taza. Ryusui la llevó a la cama y le puso el pijama, si no quería dormir estaba bien pero se debía quedar acostada.

Salió de la habitación y entró su madre.

En silencio en la sala Kiniro creyó saber lo que pensaba.

— Estará bien...

— Kiniro, no la escuchaste gritar... parecía que su alma se rompía en pedazos cada que lanzaba un grito desgarrador como ese... estaba asustado y no podía hacer nada... me paralice.

— Hermanito, cada uno lucha contra sus propios demonios, ella un día te contara que ocurrió... si no sabes que hacer solo quédate a su lado.

Parecía difícil y fácil pero quería ayudarla. Después de una hora salió la señora de la habitación.




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