Azul Violeta

XIX.- La Silueta de la Reina ha vuelto

— Me duele todo...— murmuró recién levantada. Miró a su alrededor como la ropa seguía por doquier y no quería recogerla. A su lado Ryusui seguía durmiendo pensó que quizás grabaría en la tarde.

Se suponía que tenía el día libre pero debía ir a revisar algunos documentos sobre algunas exposiciones futuras.

Preparó el desayuno y se puso ropa cómoda. Había algunas prendas que ya no le quedaban así que debía comprar más por lo que llamaría a Kiniro para que la acompañara.

— はい?— respondió sin ver quien llamaba...

— No me hables así... ¿No me reconoces?

— Perdón, ¿cómo estás King? Hace solo unas horas que te llame... — le dijo después de ver el reloj.

— Mi Reina... por fin atraparon al culpable pero hay otro problema.

— ¿Cuál? — pregunto curiosa.

— Circuló un video donde ella confiesa que la golpeaste después de que se negó a venderte su trabajo... ¿Tienes un plan?

— Porque la policía no ha hecho nada...— Ah ya su padre es policía — quiero hablar con ella. Que me marque a las 7.

— Entendido Mi Reina... ¿ya decidiste cuál va a ser tu entrada triunfal?

— ¿Cómo lo sabes?

— Intuición mi Reina... me avisas si necesitas ayuda con tus proyectos, adiós...— se despidió King... Era raro pero trabajaba bien.

Quizás solo bocetos estarían bien.

— Christine, porque no usas brassier... ¿Estas seduciéndome? — dijo medio dormido después de mirarla. Ella ya estaba eligiendo su atuendo del día.

— Lo siento Ryu, hoy no. Debo irme ya — decía mientras se cambiaba.

— Ten un buen día...— la despidió con un beso.

Fue a la galería revisó sus papeles solo para comprobar fechas y después de una hora Kiniro ya la estaba esperando...

— De compras... ¿entre semana? — pregunto pensando secretamente cuando gastaría de su recién adquirido salario

— Si... quizás podamos ir a comer algo también... y...

Recién cayó en cuenta que se suponía que era su año sabático... pero mudarse a otro país, un nuevo trabajo que disfrutaba parecía que su breve descanso dio frutos pues se sentía más saludable que nunca. Ese descanso que quería, solo la hizo mejorar, dejó de lado la presión y se sentía mucho mejor en un nuevo ambiente.

— Entremos a esa tienda...

— ¡ESPERA! — gritó una voz desesperada. Christine miró hacia atrás y vio que se acercaba Takeshi... ¡¿qué rayos hacía allí?!

— ¿Qué?

— Anoche te dije que saldríamos a una cita hoy... no lo olvidaste, ¿verdad? Te espere desde temprano pero saliste sin que me diera cuenta...

— Me dijiste, nunca me preguntaste incluso te fuiste...— de repente tuvo una idea extraña — sabes... Kiniro y yo vamos de compras además no podemos cargar todo... y no me gusta la gente extraña...

— Yo las voy a acompañar... también las invitaré a comer... — sugirió. Kiniro apenas estaba de acuerdo y parecía querer huir. Takeshi la miraba disimulado esperando que entendiera la indirecta de que era una cita para dos personas.

Kiniro la llevó de aquí para allá, visitando tiendas grandes y pequeñas. Takeshi insistía y compraba lo que ella decía que era lindo pero Christine secretamente cambiaba la talla o devolvía las cosas.

Estaba acostumbrada a comprar sus propias cosas y el que Takeshi quisiera comprarle algo le molestaba, lo máximo que podía aceptar de él era un libro.

Rechazarlo también era malo pues si se enojaba gritaría y es una figura pública, su comportamiento afectaba su popularidad.

Hasta el momento parecía ser el novio perfecto... pero ¿de quién?

— Ah ¿eliges un regalo para mí? ¿Una corbata? ¿Cartera? ¿Perfume? Me gustan los abrigos... — decía cada vez que la veía acercarse a la sección de caballeros.

Kiniro se detuvo de repente. Miro a Takeshi que cargaba muchas bolsas, ella pensó que eran regalos para Christine, molesta, la agarró del brazo y entraron a la primera tienda que vio en una calle solitaria.

— ¿Qué sucede? Me dolió

— ¿Estás jugando con mi hermanito? — quiso saber

— ¿De qué hablas?

— ¿Por qué lo trajiste? El gasta tanto dinero en ti... te gusta tanto el dinero... ¿te gusta? Te vi tan enamorada de Ryu que creí que...

Christine río. Kiniro se enojó.

— Él decidió gastar, yo no lo obligue además ya compre lo que quería...

— ¿Y porque no cargas ninguna bolsa?

— Bueno, pedí que lo enviarán a casa...— explicó — de verdad es muy útil que las tiendas ofrecen envíos … solo compre lencería y algunas blusas... realmente las necesito.

— ¿Solo eso? Entonces quizás estés embarazada para decir que cre... creo... ¿qué? ¿Estás embarazada?

— Claro que no

Pero Kiniro no escuchaba.

— ¿Seré tía?

— No... Solo... nada...— porque lo iba a justificar. — No estoy lista para un bebe...

Escucharon un ruido detrás de ellas.

— Disculpen, ¿compraran algo o no?




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