Al final del día fue a cenar con Gabriel, no se dijeron muchas cosas ni siquiera se podía llamar una cena entre amigos solo hablaban de trabajo. Se despidieron prometiendo reunirse la siguiente semana para empezar el proyecto.
De momento Christine se quedaba en casa de Kiniro pues sus futuros suegros estaban de viaje. La nueva casa de su cuñada estaba bastante cerca de la casa de sus padres pero en una zona más cara de ese suburbio pero no tanto en comparación con su anterior casa, bueno, la casa de Ryusui.
Al entrar sintió un lugar vacío, no era que su cuñada casi nunca estuviera sino que no había nadie que la recibiría. A todos les pareció obvio que Kiniro se casaría con su novio que hasta el momento no había dejado que nadie conociera. Le parecía extraño pero no podía juzgar al azar. Llegando a casa, se sentó antes de cenar y revisó sus mensajes, ni siquiera los leyó completos cuando recibió una llamada. Sonrió y habló antes de que la otra persona lo hiciera.
— ¿Así que estás embarazada y me lo presumes? — Le reprochó a Myra quien minutos atrás solo le envió un mensaje que decía "vas a ser tía"
— No lo presumo...bueno poquito...pero de verdad estamos felices. Alejandro primero estaba asustado pero ahora está encantado porque vamos a tener un bebe, ¿no es fantástico? — se emocionaba al hablar sobre su nueva familia. — Tengo muchas dudas pero hasta el momento se ha mostrado comprensivo y cariñoso. Creo que él es el más emocionado por la noticia aunque no lo diga.
Christine le entendía.
Christine le quería escuchar hablar más pero justo en la mañana recibió una noticia decepcionante que la puso de mal humor. Era su amiga casi hermana pero no estaba de ánimos para escucharla decirle que tendría un bebe. Aun no entendía su propia decepción.
Después de una hora dejaron de hablar, solo menciono la hora del vuelo y el día en que llegaría para que fuera a recogerlos al aeropuerto.
Escucho que llegó Kiniro y fue a recibirla.
Apestaba a alcohol aunque no se veía borracha
— Si viene mi novio no estoy, dile que me morí — le pidió y se fue a la cocina.
Desde que se habían encontrado con Takeshi estaba rara pero no preguntaba la causa pues cambiaba de tema. Casi como si supiera lo que iba a pasar, tocaron el timbre.
— ¿Si? — contestaba mientras abría la puerta
Se encontró con unos ojos verdes que parecían ver a través de ella, aun llevaba una maleta y dejaba ver un poco que usaba un uniforme. ¿Quién era él?
— Hola Soy Ryan Tseng...esta Kini?
— No ha llegado...— mientras respondía alcanzo a ver una carísima argolla de matrimonio en su mano.
Sujeto, ¿a qué estamos jugando?, pensó
— Le puedes decir que me llame, es urgente...
— Seguro, yo le digo…— cerró la puerta con urgencia pues sintió un escalofrío en el cuello, él no era de fiar y no lo pensó por el anillo, sino la primera impresión que tuvo de él.
Se aseguró que ya se había ido y fue a buscar a Kiniro quien cenaba carne a término medio.
—Espero no te importe pero se veía deliciosa... ¿ya se fue?
—Si pero ¿ese es tu novio? Está casado... ¿Tú eres la otra?
— Se escucha feo cuando lo dices así...— continuó comiendo mientras Christine se sentaba. No debería juzgar ni criticarla pero no parecía feliz y su expresión le alertaba que necesitaba una salvación.
— Pues amante no se escucha precisamente mejor... ¿me dirás que ocurrió? ¿Te puedo ayudar?
Kiniro guardó silencio, dejó la comida y fue a ponerse el pijama. En sus manos llevaba un viejo álbum de fotografías. Lo dejó en la mesa sin abrirlo y comenzó a hablar.
— No soy la otra...hemos salido desde último año de preparatoria...han sido 10 años crueles...pronto cumpliré 27 y no me he casado...la presión social me está enloqueciendo...— comenzó a llorar — pero él se casó hace 7 años con una pasajera que conoció en el aeropuerto...y me convertí en su amante...yo era la novia y me convertí en amante.
— Pues qué estúpida — dijo sin querer Christine pero Kiniro no se molestó.
— No todos tenemos una historia de amor de cuento como tu pero incluso cuando lo dejo...lo extraño de inmediato. Este apartamento me lo compro pero nadie vivía allí... patético, ¿no? —
— Bastante...
— ¿Estás aquí para apoyarme o en mi contra? — le reprocho molesta
Christine no consideró conveniente responder, sin importar la respuesta ella solo quería descargarse con alguien.
— Debo romper con el...— saco más comida del refrigerador — una amiga me dijo que nadie quiere un pastel después del 25... ¿Sabes qué significa? — Christine negó con la cabeza — significa que después de los 25 sólo se juntan contigo por lastima o porque no había otra opción. Lo escucho a diario... Cuando un hombre llega a los 30 años se considera exitoso en su vida pero cuando una mujer pasa de los 25 años, ya no es útil… su juventud, su vitalidad se ha ido, lo peor de todo es que eso lo escuche de mi propia madre.
— ¿Y piensas que quedarte con él es la solución? Kiniro tú demuestras que puedes valerte sin ningún hombre ¿porque él? No seas dependiente de un sujeto así, hoy te negaste a verlo pero qué pasará la próxima vez...