Azul Violeta

XXIII.- Nos casamos

A principios de mes, después de una larga disputa entre Kathleen y Gabriel por fin decidieron cómo presentar la exposición en el año siguiente. Kathleen, se aseguraba que no disfrutara de su trabajo y quería avergonzarla en su siguiente oportunidad.

Kathleen se convirtió en la mano derecha de Christine tras la renuncia repentina de Jae, quién decidió seguir a Gabriel a dónde quiera que vaya.

— ¿Ryusui?

— Ah Christine... ¿Qué haces aquí tan temprano?

— Siempre llegó a las 8... ¿Qué estabas pensando?

— En que ya quiero casarme contigo....de hecho traje el formulario y quiero llenarlo hoy...— de repente parecía un loco y después un humano perdidamente enamorado.

— Ok....llenemos el formulario...—. Dijo comenzando a escribir

Ryusui se disculpó una y otra vez por no darle una boda adecuada, esperaba en el futuro tener una celebración donde invitaste a sus amigos pero Christine lo corrigió pues no esperaba una gran fiesta, solo quería estar con él.

— Deberíamos... ¿avisar a tus padres?

— Lo intentaré....

El número de su padre estaba ocupado....

El número de su hermano estaba apagado...

Lo intentó de nuevo... marco a su madre....

— ¿Bueno? — contestó una mujer con voz cansada.

— Hola mamá... ¿Cómo has estado?

— Ah eres tu niña malagradecida....no sabes cuantos problemas hemos atravesado por tu culpa solo porque te fuiste de casa... ¿Tienes 5 años?...no sé cómo eres tan valiente para llamarme después de todos los problemas que causaste... ¿acaso eres una ladrona? incluso ramera....no te crié para que te hayas convertido en eso pero vaya amiguitas que te cargas... ¿y cuándo volverás? la casa no se puede mantener sola y debes cuidar de tu hermano...

Gruesas lágrimas cayeron por sus mejillas, se llevó una mano a la boca para no hacer ningún ruido durante la llamada. Ryusui le quitó el teléfono y fue a hablar a la cocina.

— ¿Qué más dijo? — pregunto al verlo cuando se calmó.

— Me colgó cuando hable...— la abrazo y añadió — lamento que haya sucedido por mi insistencia... la próxima semana estaré libre, ¿porque no vamos de viaje?

— Vamos...

A la mañana siguiente llevaron el formulario al registro... legalmente ya eran marido y mujer.

La señora Kimi y Kiniro les prepararía una cena para festejar su matrimonio, esperaban de cualquier manera que esa única formalidad sólo añadiera paz a la joven familia recién formada. Christine anunció en sus páginas oficiales que contrajo matrimonio y la única que reconoció y comentó fue Sayako, no sabía y no se hubiera dado cuenta de que ella es su mayor fanática. Sus demás seguidores le desearon felicidad.

El no tener una boda también le hacía sentirse tranquila.

Creía que al ser un evento íntimo y familiar en algunos aspectos debía ser respetado pero ella se casaba con un actor de gran reconocimiento en el país así que todos estarían pendientes quizás por eso y de su vida posterior, cualquier cosa que ella hiciera en su vida o trabajo incluso respirar sería objeto de crítica y no lo podría tolerar.

— Está delicioso... ¿Un día cocinaré igual?

— Claro que sí — le dijo su ahora suegra legal...— puedes venir cuando quieras y te enseñaré a preparar todo estos platillos.

— ¿Cuándo seré tía? — preguntó Kiniro mientras servía vino — ¡quiero un sobrino!

— ¡Aún no! — contestaron al unísono.

Una cena familiar resultaba más cómoda que una fiesta enorme. Lo pensó y quizás Ryusui lo sugirió así porque sabía que ella no quería la atención de las cámaras...

— ¿Está todo listo?

Christine asintió.

Viajaron unos días al norte del país. Christine dejó sus pendientes en manos de Kathleen advirtiéndole que si un expositor cancelaba ella sería la responsable de cualquier incidente en el futuro. Sea cual sea; Kathleen aceptó el reto.

Kathleen odiaba a Christine por arrebatarle algo que merecía pero amaba su trabajo de lo contrario lo hubiera dejado hace tiempo y eso no era una opción.

El señor Miyamoto le dio un regalo monetario por su matrimonio y le pidió que no dejara el trabajo pues no había conocido a nadie tan apasionada por el arte como ella.

Miura, Rose y Polly pensaban seriamente porque su supervisora tomó unas vacaciones no planeadas incluso armaron teorías extrañas para justificar su ausencia. Ni Kathleen se atrevió a mencionar el porqué de su ausencia. No volvería a perder una oportunidad.

Una joven pareja que visitaba lugares de interés para recorrer. El clima cambiante anunciaba que el invierno se acercaba...si solo unos meses atrás hubiera imaginado que se casaría y pensaría formar una familia le habría dicho al sujeto en cuestión que estaba loco.

— Siempre quise venir a un onsen, vestir un yukata...me encanta este lugar...—

Sus palabras llenaron de felicidad a Ryusui quien apenas consiguió una reserva. Había tantas cosas que él no hacía pero su manager sí por lo que pensó habría cometido errores pero Christine no lo reprochaba, no había forma de que lo hiciera después de tantas atenciones hacia ellos.




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