Las chicas se quedan jadeando en el suelo, Mia toca paranoicamente su pierna pero no encuentra ninguna herida aunque su dolor y la sensación de los dientes de la criatura sigue ahí.
– ¿¡Qué fue eso!? ¡No es normal! – Marian se levanta algo asustada y comienza a dar vueltas. – Nos hemos teletransportado al inicio tras los 15 minutos, ¡y encima no hay heridas! ¿Cómo se supone que se cure si no hay heridas visibles?
– No lo sé. – Mia se pone de pie con dificultad, apoyándose en la pared. – Pero lo que sí sé es que debemos caminar ya. Los pasillos han cambiado y la criatura también debe de haber reiniciado su lugar, así que si nos quedamos aquí tarde o temprano nos va a alcanzar.
Las chicas comienzan a caminar, Mia con el brazo derecho alrededor de los hombros de Marian. Mia analiza todo lo que es visible en los pasillos, sombras, rasguños, los relojes.
– ¿Qué miras tanto, Mia? – pregunta Marian notando como su amiga está muy concentrada.
– Estoy buscando la lógica aunque aquí no haya. Si todo el hotel se reinicia, entonces para salir debe de haber algo que no se reinicie. Debemos buscar sitios o objetos que no se reinicien, esa debe ser la clave. – comenta Mia mientras siguen caminando.
Marian saca su móvil y comienza a hacer fotos a la mayoría de cosas.
– Entonces iré haciendo fotos y lo iremos comparando.
– Eso es genial, saca una foto al reloj, con la perspectiva para que se vea más o menos donde se encuentra del pasillo. – le comenta Mia para así saber si los relojes cambian de posición.
Las chicas encuentran marcas y les sacan fotos por si acaso no desaparecen, pero pronto descubrirán que las marcas desaparecen pero las fotos del móvil no, siendo su única y fiable memoria.
Pasan los minutos y ahora queda tan solo un minuto hasta que vuelven a escuchar pasos detrás suya. Los pasos no son tan pesados, pero están muy cerca. Marian comienza a hiperventilar pero se gira para ver esta vez qué cosa o criatura les persigue. Pero tan solo puede distinguir una silueta humana inmóvil al final del pasillo. No es un monstruo persiguiéndolas. Es una figura de espaldas, con una mochila vieja. Cuando la silueta se gira a medias, no pueden ver su rostro por la penumbra, pero la figura estira un brazo grisáceo y les señala una puerta de servicio con un pomo de bronce. Mia se comienza a acercar a la puerta con mal presentimiento pero igualmente lo hace. Marian se queda atrás, viendo como su amiga cojea jadeando un poco hacia la puerta.
– No, no, no… Mia, yo no quiero… – le ruega Marian antes de seguir a Mia, entrando a la habitación corriendo por el miedo a aquella figura, pero no antes de sacarle una foto a la figura misteriosa pero aparentemente no hostil.
Las chicas se acercan a aquella puerta y la abren al asomarse un poco para ver que hay, descubriendo una habitación con materiales de limpieza. Entran dentro de la habitación para hacer fotos, pero la puerta se cierra de golpe y la campana suena: ya han pasado los quince minutos. Milagrosamente no reinician al mismo lugar de siempre, sino que se quedan en la habitación, descubriendo un dato muy importante. Si entran a las habitaciones no reinician de posición. Las chicas se toman unos segundos para revisar las fotos en aquella habitación que parece segura. Marian le tomó una foto a la figura y puede distinguir un par de letras en la correa de aquella mochila vieja: L-U-N-A.