La campana suena y el hotel se reinicia.
– ¡Aunque no la recordemos ella se sacrificó por nosotras! Me lo dice mi intuición. Eso explica por qué ella sigue aquí y nosotras hemos continuado nuestras vidas. – le replica Mia.
– Y eso ya da igual porque no la recordamos y no va a volver a ser la misma. ¿Has visto su piel grisácea? ¿Sus ojos sin brillo? Eso no es humano, Mia – le intenta convencer Marian.
– Ya da igual, no pienso discutir contigo. Salgamos y busquemosla.
Abren la puerta para el tercer ciclo. El pasillo esta vez es diferente: las luces parpadean con un tono rojizo sutil y el aire se siente denso, caliente, como si el hotel se estuviera cansando de ellas. El Hound ya no viene solo. Esta vez escuchan rasguños en el techo y pasos pesados desde varias direcciones. Deben ser más entidades y por los rasguños, deben ser peligrosas. El nivel está enviando más amenazas porque están alterando sus reglas gracias a Luna. Mia está cansada. Ahora parece que en este ciclo su pierna duele más aunque había parecido mejorar. Todo su cuerpo pesa, el dolor se intensifica con cada paso que da. Giran varias esquinas y al fondo de este pasillo, que está lleno de puertas, pueden ver a Luna. Luna parpadea con más intensidad. Parece que el nivel la está castigando por ayudarlas más de lo que debería. Luna no señala una habitación de servicio ni una puerta cualquiera. Señala una gran puerta metálica doble con un indicador de pisos analógico arriba: el ascensor, la salida de aquel bucle terrorífico. Pero antes de que las chicas corran hacia el ascensor aparecen el Hound y un par de sombras que arañan y se arrastran por el suelo. Si quieren llegar a Luna y al ascensor, deberán pasar a través de ellos. Mia sin pensarlo dos veces abre la botella de agua de Almendras que llevaba encima y se la lanza a las entidades, dejándolas ciegas por un momento. Marian ayuda a Mia a correr. Mia al principio es una carga, pero intenta aguantar el dolor y correr lo más rápido que puede. Luna mantiene las puertas del ascensor abiertas con su mano grisácea. Justo cuando entran, Mia agarra la mano gélida de Luna para meterla al ascensor con ellas y salvarla. Pero Luna la suelta con una fuerza antinatural y las empuja hacia dentro. La campana suena nuevamente, pero el ascensor no se reinicia. Las puertas del ascensor se cierran y comienza a bajar. Mia y Marian acaban de salir de aquel bucle, pero han vuelto a dejar a Luna atrás.