Bad dreams

Bad dreams.

Sus caras con los labios pintados de rojo, rojo como la sangre. ellos me venían a visitar cada noche en mis sueños, convirtiendo mi noche en un horror ¿Cómo puede ser que ellos no piensen en lo que están causando en mí?

Ellos no piensan. No son humanos.

Me levanté agitada y terriblemente asustada, la luz de mi lámpara de noche seguía prendida. Si pensaba que la luz los ahuyentaba, estaba sumamente equivocada.

Ellos no tienen miedo, son el miedo.

Mi miedo.

Y hasta ese día había sido normal, pero luego de escuchar la puerta chillar por ser abierta, intenté cerrar los ojos y volver a despertar con la luz de la mañana como solía hacerlo, pero no podía y en cada pestañear lo veía acercarse, estaba más cerca.

— Por favor, déjame — supliqué con mi voz cargada de miedo.

Pero no retrocedió, ni siquiera sé si me podía escuchar, nunca olvidaré su cuerpo como el del abuelo jorobado, con pelos secos en algunas partes de su cabeza, su ropa como si fuera un hombre de la calle, y su cara. Cuando levantaba su cara me paralizaba, tenía su piel blanca, sin pintar, sus ojos negros como los de los osos de peluche, su boca… su maldita boca era roja, roja como la sangre, igual a un vino nuevo.

Sentí a mi lado izquierdo caer algo, cerré los ojos, sabía que ahora venía algo peor, porque eso que había caído, era una mano, la mano de la maldita loca que subía de abajo de cama y comenzaba a tirarme.

El jorobado llegó a mi lado, respirando fuerte, no tenía que abrir los ojos para saber que me estaba mirando.

Algo sucedió en el momento que los dos comenzaron a tirarme, ya no quería más esto, no lo quería. Habían sido unos meses horribles, en donde toda mi vida se había ido al carajo.

Abrí mis ojos, grité con todas mis fuerzas, los dos seres de terror estaban ahí, a mi lado, así que agarré mi lámpara y la tiré a la mano de mi izquierda, como pude impacté mi puño en la cara del sujeto horrible a mi otro lado, con los dos medios noqueados y en la oscuridad, salí corriendo de ahí, llegué a la puerta principal, pero estaba cerrada con llave, las busqué hasta que las encontré, antes de que pudiera meter la llave a la cerradura, unos dientes mordieron mi piel haciéndome soltar un grito y tirarme para atrás, me moví hacia todos los lados posibles, pero los dientes no me soltaban, choqué contra la pared una y otra vez hasta que la cosa me soltó, me toqué en medio de la oscuridad mi cuello que dolía mil demonios, la sangre empapó mis dedos y me hizo hacer arcadas. La sangre y yo no éramos buenas amigas, solo que eso no era lo más importante en ese momento, cuando me di vuelta para ver al causante de esto, vi un a un pequeño ser, tenía cara de persona, pero su cuerpo estaba al revés, su pecho daba en dirección contraria a mí, pero sus ojos se paseaban por todo mi cuerpo y la sangre goteaba de su boca.

Me quedé pegada a la pared tragando saliva por el dolor que sentía, mi cuello no paraba de sangrar. Mis ojos fueron directo a donde venían pisadas fuertes, rápidas y llenas de enojo. Llegó a mi campo de visión el jorobado sonriendo, pasaba una y otra vez sus manos encorvadas por su cara. Por detrás de él le seguía una mujer de pelo largo que tapaba su cara y caminaba en sus manos y pies, como una lagartija, me hicieron gritar tan fuerte que sentía mi garganta fuera de su lugar, pero no tenía idea de nada. 

Mi grito hizo al ser que había mordido mi cuello, tirarse de nuevo a mí, mordió mis piernas como un gato destripando a un pájaro.

— ¡No! ¡No! ¡No! — grité como un millón de veces, mis manos que aunque no querían tocarlo fueron de igual manera a su cabeza intentando que me soltara. Pero no quería y cada vez mordía más fuerte.

Mi cara ya llena de lágrimas visualizó a los otros viniendo a mí, la sonrisa macabra, sus manos con esos dedos llenos de ampollas y otras cosas más, tomaron al horrible ser que dejó mis piernas llenas de mordidas y derramando sangre. Caí en mi trasero sin sentir mis piernas, dolían, nunca había sentido tanto dolor en mi vida, nunca.

Ahora los tres me miraban como si yo fuera un espécimen.

Me dejó enmudecida cuando un cuarto ser salió de alguna parte desconocida y vino hacia mí, su cara era oscuridad, no tenía rostro, solo una capa de sombra que flotaba, tenía puesto un traje y las manos en los bolsillos, él debió ser el líder, ya que cuando se acercó, los otros tres retrocedieron, el  hombre de traje se arrodilló frente a mí y yo seguía sin poder parar de llorar, pero al instante detuve mi llanto y me lo quedé mirando sin saber qué hacer.

— Lo siento, mis mascotas son algo rebeldes.

Mi respiración se agitó más aún, su voz era pastosa y algo grave, pero era tan fea, daba terror, miedo, susto y un montón de sensaciones que me querían hacer morir, en ese momento, quería morir, no quería despertar, porque despertar me haría vivir toda mi vida llena de miedo y yo ya no quería sentir miedo.

— Pero ahora sé por qué querían venir contigo.

— ¿Por qué? — pregunté en un susurro sin saber si él me oiría.

— Porque hasta acá puedo oler tu sangre. Es de la buena. Me gusta.

Temblé, más, porque temblaba desde que todos esos seres aparecieron en mis sueños.

¿Y ahora qué hacía?

Todos me miraban como una presa, cada uno un cazador. Pero, si eran igual a un equipo, entonces el líder… 

— Sí. Eres mía.

Solté otro grito más que no pudo sonar muy fuerte, mis cuerdas vocales y mi garganta dolían, pero él estaba pasando sus manos por mis piernas mordidas por ese maldito ser. Quería empujarlo para que me dejara, pero mis manos no respondian y de pronto la herida en mi cuello hizo pulso, comenzó a salir un montón de sangre como si la hubieran agrandado, el suelo se llenó de sangre y todos los seres horribles se acercaron al tiempo que tiraban al suelo y al igual que un perro tomando agua, se estaban tomando mi sangre, sus labios y lenguas chocaban con el suelo causando un estresante sonido, que me estaba volviendo más loca.



Akashi

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En el texto hay: terror, terror y sangre, terror y panico

Editado: 22.10.2020

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