Baile y Música

Lo que Oculto Maya

2 de Julio
12:30 pm

Mía

A mitad de camino empezó a llover. La lluvia me gusta; la melancolía que se siente en el aire es tan dramática, muy artística. Ya casi llegamos al restaurante y estaba preparando mentalmente mi discurso para que papá entendiera mi amor por el baile. Solo espero que nos ayude el estar en un lugar público para que no se altere.

Después de cinco minutos, por fin mi papá se estacionó. Maya ha estado callada todo el camino, evitándome, y estoy casi segura de que es por Peter. En cuanto pueda, voy a hablar con ella para dejarle claro que lo rechacé.

— Bien, chicas, fuera, vamos a entrar — Papá fue el primero en salir, y cuando lo iba a seguir, Maya me detuvo.

— Espero que me perdones — Me dio una mirada triste y se bajó, dejándome sola en el auto.

Fue todo lo que dijo para salir y seguir a papá, dejándome confundida. Repasando las últimas horas, no tengo motivos para estar molesta. Necesito preguntarle qué necesito perdonar. Pero no es el momento; con papá presente, tendré que esperar.

Los seguí a los dos hasta la mesa que ya estaba reservada para nosotros.

— Muy buenas tardes, bienvenidos. ¿Qué les puedo ofrecer el día de hoy? — Se acercó el mesero, entregándonos el menú.

— Yo voy a querer lo mismo de siempre — le dije sin ver la carta. Este es mi restaurante favorito, es de comida italiana, y siempre pido la misma pasta.

— Yo igual, papá — le dijo Maya sin verme.

Papá procedió a hacer el pedido y, luego de un momento, el chico se fue, dejándonos solos y en un silencio un tanto incómodo, si les soy sincera.

— No hemos hablado de lo que harán ahora que se graduaron — dijo papá para tomar de su copa de agua. Él no bebe y, por lo tanto, nosotras tampoco. — Ya no les falta mucho para ser mayores de edad, solo meses. Están creciendo y se están haciendo mujeres, buenas mujeres, me alegra decir, y quiero solo lo mejor para ustedes. Estoy dispuesto a pagar las mejores universidades, ustedes saben que el dinero no es problema, pero quiero que sean buenas carreras — remarcó mucho lo último, dándonos a entender lo que él quería. Esto no será fácil.

— Bueno, papá, de hecho, nosotras queríamos habl... — No pude terminar de hablar porque Maya tomó mi mano y me interrumpió.

— Me gustaría hablar a mí primero, Mía — Me dio una pequeña sonrisa de disculpas, pero no me importa quién se lo dijera. Si quería ser ella, que lo hiciera.

— Está bien, habla tú primero — le dije con un poco de alivio de saber que no sería yo la que le diera la noticia.

Maya tomó una respiración profunda y se tomó su tiempo. La entiendo; lo que vendrá no será fácil, pero, sin embargo, le di mi mejor sonrisa para apoyarla.

— La verdad es que desde pequeña he sabido lo que quiero, papá, y es algo que amo con el corazón. No puedo ver mi vida sin visualizarme haciendo lo que amo — Sus ojos brillaban y sabía que hablaba de la Literatura, de escribir, de crear sus propias historias. — Sin embargo — volteó a verme y el brillo se apagó, y solo quedó una pequeña sensación de rendimiento, algo que no me gustó. — Creo que me queda mejor ayudar a las personas, ayudarlos a buscar una salida. Yo quiero estudiar Derecho, voy a estudiar Derecho.

La sonrisa que yo tenía en mi rostro se borró de inmediato al escuchar lo que dijo Maya. Papá estaba celebrando y se levantó para abrazarla y felicitarla, pero en mi mente se repetían una y otra vez sus palabras. ¡Esto no podía ser cierto, esto no podía estar pasando! De repente, entendí por qué estuvo rara toda la semana, por qué evitaba mi mirada: ¡ella rompió la promesa! Y se me vinieron sus palabras en el auto.

"Espero que me perdones"

— ¡Era por esto que se estaba disculpando! ¡Ella iba a romper su promesa!

— Mía, ¡hey, Mía! — Papá estaba tronando sus dedos al frente de mí, trayéndome de vuelta a la realidad. Tenía una gran sonrisa en su rostro, una que nunca había visto, pero no podía disfrutarla. — Tenemos que celebrar esto, pero todavía falta que tú me digas qué vas a estudiar.

¿Qué voy a estudiar? No lo sé, ya no lo sé, estoy en un trance donde ya no sé qué voy a hacer.

— Y yo, vo... voy al baño — Como pude, me paré y me fui al baño. Al entrar no había nadie y eso lo hizo mucho mejor. Me paré frente al espejo y lo único que hacía era ver mi reflejo.

Las probabilidades de que le diga a papá que quiero estudiar Danza sin el apoyo de Maya y que salga todo bien son muy malas, en serio, ¡MUY MALAS!

Antes éramos dos y se iba a tener que tragar su enojo. La fuerza hace la unión, pero ahora estoy sola y estoy segura de que no me dejará salir más nunca si le digo lo que quiero.

El sonido de la puerta abriéndose me sacó de mi ensoñación y me lavé rápidamente el rostro, pero al subir la mirada me encontré a Maya detrás de mí.

— ¿Por qué? — fue lo único que le dije.

— Es complicado — fue lo único que logró decir, bajando su mirada.

— Claro, explicarle a tu hermana por qué la traicionaste es "complicado". ¡Cómo no lo pensé! — le respondí muy furiosa, frunciendo mi ceño.

Ella solo se quedó callada, viéndome. Sabía que quería decir algo más, pero por alguna razón no salía nada de sus labios.

— Solo olvídalo, Maya, y volvamos con papá, que debe estar saltando por todo el restaurante porque su hija va a estudiar Derecho — Y salí del baño, dejándola sola.

Llegué a la mesa y me senté en mi asiento. Al segundo, llegó Maya y se sentó.

Las dos estábamos calladas, y estaba segura de que papá podía sentir que algo pasó.

Papá hizo un sonido con su garganta, llamando nuestra atención. — Entonces... Mía, ¿tú qué piensas estudiar? — Su mirada era de curiosidad, pero no le puedo responder algo que no sé... bueno, que sí sé, pero que no le va a gustar, y sinceramente, sin Maya no tengo el valor suficiente.




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