14 de Julio
12:00pm
Mía
Ya pasaron dos días desde que me enteré de que Maya va a estudiar Derecho, y no voy a mentir, duele como el primer día. No hemos hablado aún desde hace dos días que tocó mi puerta; la extraño mucho, pero el orgullo me tiene atrapada. Soy muy orgullosa, un defecto, lo sé.
En estos dos días de soledad, la cama y la música son mis mejores amigos. La música siempre logra relajarme a un nivel muy gratificante, no más que el baile, pero papá va a trabajar estos días en casa y no puedo exponerme a que me descubra.
Nunca podré entender por qué no le gusta el arte, ni el baile, la pintura, la poesía, nada de nada. A Maya y a mí nos costó mucho sacarle permiso para poder tener música en nuestros teléfonos. Al principio solo acústica, luego clásica, y ahora lo que queramos, con la condición de escucharla siempre con los audífonos, pero no me quejo.
Al lado de mi cama, en la mesita de noche, tengo un álbum de fotografías con Maya y Ruth. Viendo las fotos, me detengo en una que fue uno de los mejores días de mi vida. Ese día le dijimos a papá que íbamos a la casa de Ruth a estudiar. Nos costó mucho escaparnos, pero lo logramos. Las tres nos fuimos de recorrido a la academia de Danza y Música, una de las mejores del mundo. Recuerdo que en el recorrido estaban promocionando a varios estudiantes de música que iban a lanzar su carrera e iban a dar un concierto gratis para darse a conocer. Aprovechamos la oportunidad y nos quedamos. Ese día conocí a Drake Donavan. Ese día apenas se estaba dando a conocer, pero ya es muy reconocido, quizás no mundialmente, pero sí en el país y en alguno que otro cercano. Amé su voz desde ese día y me volví gran fan de él. Tengo todas sus canciones y sigo su carrera. Me gustaría verlo de nuevo en escena.
Decido cambiar la canción, y me doy cuenta de que tengo mensajes en el grupo con las chicas. No me había dado cuenta. Dudo en verlos, pero finalmente los abro.
Ranita: ¡Holiwiiii, mis chicas favoritas! ❤️ Ya pasaron dos días desde la graduación y no lo celebramos. Las quería invitar a comer a un lugar nuevo en la plaza que está muy de moda.
Abejita: ¡Holaaaa, chicas lindas! ❤️ Me gustaría ir, pero recuerda que papá no nos deja salir, solo para temas académicos.
Ranita: ¡Vamos, chicas! Ya se graduaron, esas normas deben cambiar o por lo menos dejarlas salir hoy como regalo.
Abejita: Lo intentaré solo si Mía quiere...
Los mensajes son de hace cinco minutos, pero me lo pienso. Esto implica ver y hablar con Maya y también conseguir el permiso de papá, y eso no es nada fácil. Pero, por otro lado, nunca salimos, o sea, literalmente puedo contar con una sola mano las veces que hemos salido.
Me armo de valor y camino a su oficina para tratar de conseguir su permiso. Toco la puerta y espero la respuesta.
— Adelante — Su voz sonaba dura, como siempre, provocándome nervios, pero aun así paso a su oficina.
— Permiso, papá, disculpa la molestia, pero quería preguntarte algo — No levantó la mirada de su computadora.
— Cuéntame qué necesitas, Mía — Papá nunca ha tenido que vernos para saber cuál es cuál; una vez tratamos de engañarlo y no funcionó.
Tomé un gran suspiro y empecé a jugar con mis manos. — Yo... Umm, bueno, las muchachas y yo, las tres queríamos... aunque si no se puede, pero deberíamos... o sea, no te digo qué hacer, no te estoy obligando, pero sí deberías, ¿sabes qué? No. O bueno, sí — Los nervios me traicionaron y empecé a divagar, logrando que papá me mirara con una ceja alzada.
— Mía, no entendí nada de lo que trataste de decirme — Y era de esperarse, ni yo me entendí.
Lo intenté de nuevo. — A Ruth se le ocurrió que las tres podíamos ir a comer a un nuevo lugar en la plaza, como celebración por la graduación — Dije un poco más claro, pero con mucha rapidez, aunque estoy segura de que sí entendió.
Pasaron segundos, minutos y él solo me miraba, como analizando la situación, y empecé a creer que esto no fue buena idea.
— ¿Sabes qué? Esto no es buena idea — le dije y traté de escapar de la situación, caminando a la salida, pero su voz me detuvo.
— Las quiero aquí a las cinco de la tarde — No sabía si había escuchado bien o ya empezaba a escuchar cosas. Aun volteada y en shock, le hice una pregunta. — Disculpa, ¿qué? — Me volteé para mirarlo y estoy cien por ciento segura de que la cara de incredulidad que tenía era muy evidente. Papá me mira, se acuesta en la silla, suspira y mira el techo, para luego voltear a mirarme.
— Pueden ir, Mía, pueden salir a comer con Ruth — La alegría que sentí fue tan grande que empecé a saltar y, sin darme cuenta, estaba abrazando a papá de la emoción.
— ¡Gracias, gracias, gracias, gracias! Aquí estaremos, te prometo que todo va a estar bien — Repartí besos por todo su rostro y me dirigí a la salida con una gran sonrisa.
Cuando tomé la perilla de la puerta, una vez más su voz me detuvo. — Espera, Mía, Esteban las llevará y las pasará buscando — La verdad, no me importaba; nunca nos dejaba salir y esto es un gran paso, incluso si solo nos dejara 15 minutos.
Le sonreí. — Está bien, papá, no hay ningún problema — le dije para ahora sí poder salir de su oficina. Estaba segura de que la sonrisa que tenía no me la iba a borrar nada.
Entré rápidamente al chat para decirles a las chicas.
Conejito: Ya hablé con papá... Y... ¡Dijo que sí!
Ranita: ¿Qué? ¿Ya va, es en serio? No jueguen así con mi corazoncito. Sé que me veo joven, pero me puedo morir en cualquier momento si esto es una broma.
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Editado: 03.01.2026