Baile y Música

Mía acepta

23 de Julio
3:30 pm

Drake

La tarde estaba fresca. El viento soplaba con fuerza, pero no tanta; era el equilibrio perfecto. Abrí las puertas de la terraza para que el aire entrara en el salón de música de la casa. Me acerqué de nuevo al piano y lo empecé a tocar, toqué la primera pieza que aprendí, la primera que Arturo me enseñó. Ese día fue difícil, pero al final de la jornada manejaba la pieza a la perfección.

—Puedo ver cuánto amor le pones a esa pieza, es más, me atrevo a decir que es tu favorita. Algo irónico si recordamos tu odio hacia ella en la primera clase —Arturo entró al salón, cerrando las puertas detrás de él para sentarse en el mueble que quedaba al otro lado de la habitación. Me miraba con una expresión de triunfo, esa que siempre pone cuando tiene la razón o sabe que ganó.

—Vine aquí tratando de encontrar inspiración, y al acercarme al piano recordé la primera clase de piano que me diste, y cómo no te rendías conmigo —le dije, levantándome del piano para ver hacia afuera—. Agradezco cada día que me encontraras, y agradezco aún más que me enseñaras el mundo de la música —le dije sinceramente, regalándole una sonrisa, una que él devolvió.

—Hijo, yo te enseñé, eso es cierto, pero el talento es tuyo, y no me podía rendir. Yo sabía que tenías algo especial, una chispa que necesitaba ser encendida. —Se acercó a mí y se paró al otro lado de la ventana, viendo el paisaje conmigo. Nos quedamos en silencio, admirando el paisaje.

—Conocí a una chica —le dije, rompiendo el silencio—. En la academia, el día del concierto —le aclaré al ver que llamé su atención—. Quiere ser bailarina, pero ella es diferente, no trató de convencerme de que es la mejor en el baile, no trató de mostrarme nada, ni siquiera me pidió que la ayudara a entrar. Pero cuando la vi a los ojos, creo ver eso que siempre describes que viste en mí. —Alcé mis hombros para luego mirarlo—. Había pasión, amor, esperanza, no sé, tenía algo especial, algo que la hace única, pero, sin embargo, ella no quería hacer la audición. —Fruncí mi ceño recordando el momento—. No cree en sus habilidades, ni en ella. Entonces hice algo muy estúpido o muy noble —le terminé de decir.

—¿Le diste una de tus becas sin verla bailar? —me preguntó Arturo, cruzando sus brazos. No estaba molesto, es una costumbre suya cuando habla de algo serio.

—No, no, no es eso —empecé a negar con la cabeza—. Le ofrecí mi ayuda, es como una asesoría. Le dije que si aceptaba nos podíamos reunir mañana para verla hacer una coreografía, una diferente a la que haga para la audición, para evaluarla y enseñarle nuevas cosas. ¿Tú qué opinas? —le pregunté. Él era el dueño de la academia y puede que esté rompiendo una regla o algo así, pero es que al verla sentí que ella tiene algo que nos hace falta y sin darme cuenta ya le había ofrecido mi ayuda.

Arturo me miró, sonrió y negó con la cabeza para luego reír.

—Yo creo que es algo que yo haría, o creo que ya lo hice —me miró para recordarme que él hizo algo parecido conmigo—. Yo no voy a reprochar algo que yo haría, ayúdala, quizás solo le falte un empujoncito. —Me dio unas palmaditas en la espalda y empezó a caminar a la salida, pero antes de salir volteó a verme—. Sarah llamó hace un rato, dice que te estaba llamando, pero no le contestabas; viene a verte con Manuel. —Me dio el recado y terminó de salir.

Siento que me quité un peso de encima. En serio quiero ayudar a esa chica, pero sin romper ninguna regla. Espero que acepte la ayuda, que quiera hacer la audición para entrar, y que no se rinda.

Salí del salón y fui a mi habitación, necesito un baño antes de que lleguen los chicos. Entré a mi cuarto y fui directo al baño.

Fue un baño relajante. Agarré unos pantalones negros, una sudadera negra y las Vans negras. Agarré un poco de crema y medio peiné mi cabello. Tocaron la puerta de mi habitación y fui a abrirla.

—Hola, cosita linda —me saludó Sarah, dándome un abrazo. Detrás de ella estaba Manuel; me dio unas palmaditas en el hombro y entró a mi habitación.

—Siempre que vengo a tu habitación me enamoro de ella —me dijo Manuel, sentándose en los cojines que están al frente de los videojuegos.

—Es un milagro que te enamores de algo más que no seas tú mismo —le dije mientras buscaba el perfume para echarme un poco. Manuel me ignoró y empezó a jugar.

Sarah y Manuel son lo más cercano a unos hermanos para mí. Los conocí en el orfanato al que caí cuando mis padres murieron, ellos fueron mi fuerza en ese momento y a pesar de que los tres tuvimos destinos diferentes, nunca perdimos el contacto. Sarah fue la última a la que adoptaron y la íbamos a visitar hasta que la adoptaron y nos veíamos afuera constantemente.

Sarah se dejó caer dramáticamente en mi cama y soltó un gran suspiro, llamando nuestra atención. —Tengo una gran crisis existencial, chicos —se quedó viendo el techo y luego se sentó en la cama—. Me gusta alguien y no creo que se fije en mí nunca, en serio nunca, pero nunca, nunca de los nunca —remarcó los nunca y los enfatizó negando con sus manos.

—Ay, por favor, Sarah, si eres hermosa y muy inteligente, además cocinas muy rico —me acerqué a la cama y me senté junto a ella, puse su cabeza en mi hombro y le empecé a hacer cariñitos en la cabeza—. Además, recuerda: barriguita llena, corazón contento —me sobé la barriga y luego puse una mano en mi corazón, eso la hizo sonreír.

—O simplemente muéstrale los pechos, a mí me convencería eso —le dijo Manuel mientras seguía jugando. Sarah agarró una almohada y la lanzó, dándole en la cabeza. Choqué los cinco con ella mientras él se quejaba.

—¡Oye! Ten cuidado —se quejó, sobándose la cabeza—. Me dolió.

—Por si no te diste cuenta, es algo importante para mí —Sarah se paró al frente de la tele y luego la apagó, agarró a Manuel por una oreja y lo sentó a mi lado, y él seguía quejándose—. Necesito la ayuda de ambos para olvidarme de él, ayúdenme a buscar un nuevo chico. —Sarah nos miró a los dos, se quedó viendo a Manuel y negó—. Mejor solo ayúdame tú, Drake.




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