Baile y Música

Creo que te gusta

24 de Julio
1: 54 pm

Mía

Estaba muy nerviosa, practiqué mucho estos días y los chicos me ayudaron mucho. Hice algo sencillo, pero limpio. Espero que sea suficiente para que Drake siga creyendo que puedo entrar a la academia.

Sé que Drake dijo que podía entrar con las chicas, pero me pondría muy nerviosa que estuvieran todos. Solo entrará Ruth conmigo. Además, quiero que Maya y Peter tengan un tiempo a solas.

Ya habíamos llegado a la academia, pero me estaba tomando un momento para calmar mis nervios antes de llamar a Drake para que nos viniera a buscar. Estábamos todos aún en el carro.

—¡DIOS MÍO! —gritó Ruth, asustándonos a todos—. ¡No puedo creer que veré de nuevo a Drake, es algo irreal! —Ruth estaba muy emocionada y no los dejaba ver—. Mía, tienes que entrar a la academia, así lo podré ver siempre que te traiga y te busque —empezó a aplaudir, emocionada.

—Lamento bajarte de tu nube de sueños, amor y unicornios, ranita, pero Drake es profesor de canto, no baile. Son departamentos distintos, no lo verás cuando la traigas y busques —le dijo Maya, volteando en su asiento para ver a Ruth y negar con su cabeza.

—Y yo lamento decirte que eso no me importa —Ruth le mostró su lengua como una niña chiquita—. Bueno, la verdad no lo lamento —empezó a ver sus uñas—. Una siempre se puede perder y acabar en el edificio equivocado, con lo grande que es esto —señaló la academia y sonrió maliciosamente.

Maya y ella siguieron debatiendo mientras Peter las miraba divertido. Yo aproveché y me bajé del auto para llamar a Drake sin tener todas sus miradas en mí.

Marqué el número de Drake y esperé pacientemente a que me contestara. Al cuarto tono lo hizo.

—Hola —su voz sonaba igual que siempre, calmada y en armonía. Él me hacía sentir una paz cálida siempre que lo escuchaba—. Hola, ¿Mía, estás ahí? —No me había dado cuenta de que me quedé perdida en su voz hasta que volvió a hablar.

—Sí, sí, y yo... hola, Drake —lo saludé y escuché cómo se reía. Si su voz era como un calmante, escucharlo reír lo era aún más, me hizo sonreír.

—¿Ya llegaste? —me preguntó al ver que no dije más nada.

—Sí, ya estoy aquí afuera, en la entrada del departamento de baile —le dije, leyendo el cartel. Hay varias entradas y es mejor especificar para que no se confunda.

—Bien, ya voy para allá, estoy cerca. Dame cinco minutos y llego, nos vemos, Mía —dijo y cortó la llamada. Yo me quedé viendo el teléfono y sonreí al leer su nombre entre mis contactos, era algo irreal todo lo que estaba pasando.

Al voltear para ver el auto, los tres se habían bajado y me estaban mirando. Ruth tenía una mirada pícara, Maya me veía emocionada, y Peter tenía una mirada confundida.

—Nunca te había visto esa sonrisa en el rostro, bella Mía —me dijo Ruth, acercándose para verme de cerca. Yo no me había dado cuenta de que seguía sonriendo—. Claro está que antes no hablabas con Drake —se acercó todavía más y me susurró al oído para que solo yo la escuchara—. Creo que te gusta, aunque sea un poquito. —Se alejó y caminó hasta los chicos de nuevo.

Yo pensé lo que dijo, pero negué con la cabeza, era imposible. No lo conozco del todo, y hemos hablado pocas veces, quizás es solo la emoción de hablar con mi cantante favorito y que me ayude.

Seguí a Ruth y me uní a los chicos parados fuera del carro para esperar a Drake.

—Y ¿qué te dijo? —me preguntó Maya con una sonrisa apenas llegué.

—Que le diera unos minutos para llegar —le dije, restándole importancia con una mano.

—Solo eso y sonríes así, imagínate si te dice otra cosa —me dijo Ruth, viéndome con una ceja alzada—. Puede provocarte un infarto o algo así. —Ruth fingió que le daba un infarto y se tiró al piso, y luego se volvió a levantar.

Las chicas y yo nos empezamos a reír, pero Peter estaba serio e hizo la situación incómoda.

—Solo que se echó a reír y me contagió su alegría —les expliqué al ver la mirada que Ruth y Maya compartían.

—Bueno, es que Drake inspira muchas cosas —Ruth subió y bajó sus cejas y Maya asintió, apoyando a Ruth.

—Cuéntanos, Mía, ¿qué te inspira Drake? —Esta vez Maya hizo la pregunta y se cruzó de brazos para esperar una respuesta. Yo me llevé una mano a la cabeza y suspiré.

—Ustedes dos —las señalé para enfatizar un poco más— son imposibles —rodé los ojos y vi el cielo.

—No nos puedes negar que el chico está como quiere —me dijo Ruth, atrayendo mi mirada de nuevo hacia ella.

—Es verdad, o no vas a negar que el chico es lindo —la siguió apoyando Maya. Yo tardé un poco en contestar, pero lo hice.

—Bueno, no, no lo voy a negar —moví mi cabeza en negación—. Drake sí es lindo —sonreí recordando el día del concierto, y ellas me devolvieron la sonrisa—. Y también es amable, caballeroso, y su sonrisa es muy linda y... —iba a seguir con mi discurso de todo lo que está bien en Drake cuando alguien carraspeó a mi espalda. Al ver la cara de las chicas, ya sabía quién era.

—Gracias, Mía, a mí también me gusta tu sonrisa, es hermosa —Escuchar su voz solo confirmó mis sospechas. Estoy segura de que a mi cara se le fue de nuevo el color. No quería verlo, ¡estas cosas solo me pasan a mí! ¡Cómo es posible, diablos! Él no debía escuchar eso, siempre que nos vemos paso pena.

Yo volteé poco a poco, pidiéndole al cielo que esto no fuera real y que él no estuviera ahí, pero cuando terminé de voltear me lo encontré parado a unos pasos de mí, tenía las manos atrás de su cuerpo y se veía muy guapo. Estaba sonriendo, pero no egocéntricamente, ni siquiera me dio una mirada de burla o superioridad. Se acercó a nosotras y nos saludó.

—¿Cómo están, chicas? —Se paró a un lado de mí y saludó a Maya y a Ruth. Sé que lo he visto pocas veces, pero siempre logra sorprenderme, primero no se está burlando de lo que escuchó, y segundo nos trata como si fuéramos amigos de toda la vida. Creo que los rumores sobre su humildad son ciertos.




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