Martes
17 de Agosto
12:35 pm
Mía
—Levanta más alto —La profesora Ángela se puso a mi lado y me ayudó a levantar más la pierna. Cuando lo hice, me sonrió—. Perfecto.
Siguió caminando entre nosotros, corrigiendo todos nuestros movimientos.
Continuamos con los ejercicios, pero me costaba mantener la cabeza en el salón; solo miraba el reloj esperando que pasara la hora para encontrarme con Drake.
—Bien, por favor, acérquense al centro, quiero hablar con ustedes. —Todos dejamos de trabajar y nos acercamos a la profesora, que ya nos esperaba—. Estoy sorprendida con todo lo que han logrado en cuanto a técnica y control de sus cuerpos. Es un gran avance que pensé vería luego de un mes, pero lo han conseguido progresivamente. Sin embargo, siento que aún les falta mucho para empezar a ensayar la coreografía. El baile se trata de expresar, de sentir, de dejarse llevar y confiar. Pueden que confíen en ustedes mismos, pero no en sus compañeros. Necesito que se unan, que sean uno solo, que todos puedan transmitir al bailar. No quiero un baile frío y sin emociones. A partir de mañana empezaré con ejercicios de confianza entre ustedes. Así que las clases se dividirán en dos fases: la primera será igual a lo que veníamos haciendo, y la segunda se enfocará en unirlos como equipo. Eso es todo, pueden irse.
La profesora salió del salón y todos fuimos por nuestras cosas.
—Qué tontería, no los necesito para transmitir cuando bailo —dijo Ellie, tomando todas sus cosas y saliendo del salón dando un portazo.
Nadie dijo nada y nos enfocamos en terminar de recoger.
—Voy al baño a cambiarme y refrescarme un poco —le avisé a Diego, que estaba tirado en el banco.
—Te espero aquí, no tengo intenciones de moverme —Su cabello y su camisa estaban mojados por el sudor.
Salí del salón y fui al baño, directo a la zona de regaderas. Me di un baño rápido. Al salir, me sequé y me vestí con ropa limpia, la que elegí para salir con Drake. Fui al lavamanos, sequé mi cabello lo mejor que pude con una toalla y me coloqué crema para que secara al aire.
Volví al salón y al entrar ya estaba Drake hablando con Diego, el cual parecía un niño pequeño conociendo a un superhéroe.
Al verme, Diego sonrió. Drake se dio cuenta, volteó a verme, me miró de arriba abajo haciendo que mis mejillas se calentaran, y se levantó para saludarme con una sonrisa.
—Hey, Mía, ¿cómo estás? —Se acercó y me dio un beso en la mejilla, un beso que sentí eterno, y se quedó muy cerca de mí.
—Bien, muy bien, ¿y tú? —dije con una voz extraña. Tenerlo tan cerca nublaba mis sentidos.
—Estoy muy bien. ¿Lista para irnos? —me preguntó con esa sonrisa y ojos hermosos. Yo asentí, pero me quedé viéndolo.
Los dos nos veíamos fijamente hasta que Diego carraspeó y volvimos a la realidad.
Drake se puso rojo, y eso me hizo querer apretar sus mejillas, pero me contuve. Se despidió de Diego con un saludo y se fue a esperarme fuera del salón.
—Nos, nos vemos mañana —le dije con pena a Diego, el cual tenía los brazos cruzados, una ceja alzada y una sonrisa ladeada.
—Creo que me equivoqué, Ellie está celosa de lo que causas en Drake —me dijo riéndose.
—¿Celosa? —Él notó mi confusión y negó con la cabeza.
—Tu príncipe azul espera, pero cuando puedas pregunta por Ellie. Ahora, anda, no quiero retrasarlos. —Yo me negué, pero Diego me empezó a empujar hasta la puerta, me sacó y cerró la puerta en mi cara.
—¡Eso es de mala educación! —Grité y pude escuchar su risa, pero no solo la suya. Al voltear, Drake me miraba divertido, y pude sentir nuevamente mis mejillas arder.
—Ven, vamos —Me tomó de la mano y yo solo podía verlas juntas. No era un agarre de pareja, sino más de amigos, pero me encantó el contacto.
Al salir, todos los estudiantes nos miraban, lo que me incomodó, pero Drake parecía normal. Él está acostumbrado a la atención, yo no.
—¿Sí notas que todos nos miran? —le susurré cuando estábamos llegando al auto.
Drake se echó a reír. —Sí, pero ignóralo, ya te acostumbrarás.
Por fin llegamos al auto, y él me abrió la puerta. Entré lo más rápido que pude y me puse el cinturón mientras Drake rodeaba el auto para montarse. Nadie dejó de mirar el auto hasta que salió de su campo de visión.
—Estaba pensando que el otro día no terminamos las preguntas, y podemos seguir mientras llegamos —me dijo con una sonrisa ladeada. Yo asentí emocionada.
—Quiero empezar yo —le dije, y él asintió—. ¿Cuál ha sido el momento más vergonzoso que has vivido?
Drake lo pensó y me respondió:
—Una vez, cuando tenía quince años, acompañé a Manuel a una fiesta. Yo no quería ir, pero él insistió tanto que acepté. A medianoche noté que estaba muy borracho y decidí que era hora de irnos. Íbamos por la mitad de la pista y Manuel me vomitó encima. Quedé empapado y todo el mundo volteó a vernos y lo grabaron. Fue horrible. Como pude, tomé a Manuel y mi dignidad, y salí de ese lugar lo más rápido. —Ambos empezamos a reír. Cuando nos calmamos, volvió a hablar—. En el patio había una manguera y me quité todo lo que pude. El taxi no me dejaría montarme así, aproveché y también mojé a Manuel para que reaccionara. Fue una larga noche. ¿Cuál ha sido tu momento más vergonzoso?
—Siempre fui buena en el instituto, y a menudo el director me pedía que diera discursos. Un día, cuando iba subiendo las escaleras para dar uno, resbalé y caí delante de todo el auditorio. Fue vergonzoso. No les caía bien a mis compañeros y empezaron a reír y a hacer burlas. Por toda una semana recibí sus chistes.
—Eso es cruel —admitió Drake, y yo le di la razón—. Pero viéndole el lado bueno, no hay un video de ti siendo bañado por vómito en internet —Al decir eso, me hizo reír de nuevo—. ¿Película favorita? —hizo su siguiente pregunta.
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Editado: 18.01.2026