Baile y Música

Cumpleaños

Jueves
30 de Septiembre
7:00 AM

Mía

Hoy en la tarde nos vamos a ir al aeropuerto, tenemos el día de mañana libre por la celebración de la bandera, fue muy difícil obtener el permiso de papá, pero como somos dieciocho, no tuvo muchas opciones.

Maya y yo tenemos la costumbre de dormir juntas un día antes de nuestro cumpleaños, nos gusta ser las primeras en felicitarnos.

—¿Preparada para un gran día y el comienzo de nuestras vidas como personas capaces de elegir por sí mismas? —Me preguntó Maya acostada a mi lado.

—Estoy emocionada y ansiosa —le dije con una sonrisa, pero luego hice una mueca—. Creo que al volver deberíamos hablar con papá de todo lo que está pasando en nuestras vidas.

Maya suspiró fuerte, tallando sus ojos. —Definitivamente, solo que me pone nerviosa, se va a molestar por hacer todo a sus espaldas y su reacción me causa nervios.

—A mí igual, pero de todas formas merece saberlo.

Maya asintió y seguimos acostadas, nos habíamos parado muy temprano, ya teníamos las maletas, ya estábamos listas y teníamos todo, solo faltaba que llegara la tarde e irnos.

—Deberíamos bajar y fingir sorpresa cuando papá salga con el pastel que escuchamos que ordenó —Me dijo Maya riendo.

Las dos nos levantamos para dirigirnos a la cocina, papá estaba corriendo buscando algo por toda la cocina, en el centro de la mesa estaba el pastel, una mitad tenía mi nombre junto a una carita de un conejito y el otro lado tenía el nombre de Maya junto a una abejita.

Maya carraspeó y Papá volteó a vernos, apenas lo hizo se acercó a grandes zancadas y nos abrazó a ambas.

—Cómo crecen tan rápido, ya son dieciocho, no sé en qué momento dejaron de ser unas niñas con coletas mal hechas corriendo por todo el lugar a ser unas mujeres hermosas, estoy orgulloso de ambas —Papá se había separado para hablarnos y nos veía con los ojos cristalizados, eso me hizo querer llorar, pero Maya nos volvió a unir a los tres en un gran abrazo.

—Quiero pastel —Dije en medio del abrazo haciendo que los dos rieran.

—Pensé que estabas a dieta —Dijo Maya negando con una sonrisa.

—¡Pero es mi pastel o por lo menos la mitad! —Defendí haciendo un berrinche, papá se echó a reír y empezó a cortar el pastel.

No cantamos por respeto a mamá, no solo es nuestro cumpleaños, también se cumplen dieciocho años de su partida, normalmente papá está feliz al principio y luego se encierra en su oficina, no quería dejarlo, pero Maya me convenció de que sería bueno que por primera vez tenga su espacio para que pueda sentir su pérdida.

Papá nos sirvió a las tres y nos sentamos para empezar a comer.

—Tengan mucho cuidado en el viaje, cualquier cosa me llaman y voy a buscarlas —Nos dijo preocupado, pero Maya le dijo que todo estaría bien—. También quiero entregarles esto por sus cumpleaños —Nos pasó una bolsa de cumpleaños a cada una—. Pero no pueden abrirlos hasta que vuelvan del viaje —Nos advirtió y volvió a quitarnos las bolsas, yo estaba emocionada por ver qué era y no me dejó, pero no era la única indignada.

—Eso no es justo —Se quejó Maya con crema en la boca—. ¡El día es hoy! Debería poder abrir mi regalo —Peleó.

—Opino lo mismo —La apoyé agarrando más pastel aprovechando que estaban distraídos, total Diego no tenía que enterarse.

—Será más especial que abran las bolsas cuando vengan, ahora apúrense que llegarán tarde y Mía lleva más pastel para el camino —Yo sonreí y me acerqué para agarrar más.

—Para el próximo cumpleaños quiero dos pasteles, Mía termina comiéndose todo ella sola —Se quejó Maya limpiando su boca.

—¡Oye! —Me quejé indignada, pero muy en el fondo sabía que era cierto, así que también le guardé un pedazo a ella para el camino.

—Igual se terminará comiendo el tuyo, es lo mismo —Bromeó papá y las dos reímos, muchos pensarán que mi cumpleaños me causa nostalgia o tristeza por la muerte de mamá, pero no, es el único día donde papá se ríe con nosotras, hace chistes, nos abraza y se queda todo el día en casa sin trabajar o contestar el teléfono, este día me trae esperanzas—. Tienen dinero en sus cuentas para lo que necesiten, y también lleven efectivo para cualquier cosa —Nos dio el dinero y nos despedimos, nos dimos el abrazo más grande y duradero, Maya salió de la casa, pero yo me quedé un momento con papá.

—¿Seguro quieres quedarte solo? —Le pregunté por quinta vez, me preocupaba que los recuerdos lo atormentaran en soledad.

—Creo que es hora de que empiece a hacer las cosas bien —Suspiró y metió las manos en sus bolsillos—. Sería muy egoísta de mi parte que se queden en casa cuando pueden viajar con sus amigos, disfruten el momento —Se acercó y me dio un beso en la frente—. Ahora anda que Maya te espera.

Lo vi una vez más y salí de casa, me monté al auto para ir de camino a la universidad donde me recogerá Drake para irnos a la academia juntos

—¡Feliz cumpleaños, pequeña! —Fue lo primero que escuché al entrar al auto de Drake, al igual que recibí un abrazo y un cálido beso en los labios.

—Gracias —Le sonreí apenas nos separamos.

—Te compré algo, espero te guste —Se dio la vuelta y buscó una bolsa de regalo detrás de su asiento, me la dio y la abrí rápido.

—Tenía años que no tenía uno así, ¡lo amo! Gracias —Volví a abrazarlo y él se echó a reír.

—Y si lo abrazas, también canta —Me dijo guiñándome un ojo.

Tenía en mis manos un peluche de Barney, como el de mi infancia, era exactamente igual al que tenía de niña, y tenía razón, al apretarlo sonó la típica canción de la película.

—Te acordaste —Dije mientras él empezaba el camino a la academia.

—Todo lo que me dices siempre lo tengo presente, además iba caminando por la plaza cuando lo vi en la vitrina de una juguetería, no me di cuenta que había entrado hasta que lo compré —Me dijo con una sonrisa cómplice y yo reí.




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