Bajo el Hielo de los Campeones

Capitulo - 2 -

El contacto entre sus manos duró apenas un segundo.

Pero fue suficiente.

Valentina lo soltó casi de inmediato, como si el simple roce hubiera sido un error.

—Esto es solo una prueba —dijo con frialdad.

Adrián arqueó una ceja.

—Tranquila. No estoy planeando casarme contigo.

Valentina lo ignoró.

Se separó unos pasos y comenzó a deslizarse por el hielo para calentar. Sus movimientos eran precisos, elegantes, cada giro perfectamente calculado.

Adrián la observó con una pequeña sonrisa.

Definitivamente era buena.

Muy buena.

Pero también era evidente algo más: controlaba demasiado cada movimiento.

En el patinaje individual eso era perfecto.

En pareja… no siempre.

Adrián comenzó a patinar también, moviéndose con una soltura muy diferente. Sus pasos eran fluidos, casi improvisados, como si simplemente estuviera jugando con el hielo.

Valentina lo notó enseguida.

Y no le gustó.

—¿Ese es tu calentamiento? —preguntó con tono crítico.

Adrián giró cerca de ella.

—¿Te molesta?

—Es caótico.

—Es libre.

—Es desordenado.

—Es divertido.

Valentina frenó frente a él.

—Esto no es un juego.

Adrián sonrió.

—Para ti no.

Por un momento, ambos se miraron en silencio.

Dos estilos completamente opuestos.

Dos personalidades que chocaban incluso antes de empezar.

Desde la barrera, la voz de Katarina rompió el momento.

—Suficiente charla. Empiecen.

Valentina miró hacia la entrenadora.

No estaba sola.

El representante de la federación también estaba allí, junto con un par de técnicos más.

Observando.

Evaluando.

Perfecto.

Justo lo que necesitaba: una audiencia.

Adrián deslizó un poco hacia atrás.

—¿Sabes hacer lifts?

Valentina levantó la barbilla.

—Claro que sí.

—Bien.

—Pero no contigo.

Adrián soltó una risa.

—Relájate, Rojas. No te voy a dejar caer.

—Eso dicen todos antes de dejar caer a alguien.

—Confía en mí.

—No.

Adrián suspiró.

—Esto va a ser largo.

Valentina cruzó los brazos.

—Podemos terminar rápido si simplemente admites que esto no va a funcionar.

Adrián se acercó lentamente.

—O podemos probar primero.

—Ya estamos probando.

—No de verdad.

Se detuvo frente a ella.

Demasiado cerca.

Valentina podía ver claramente sus ojos.

Grises.

Intensos.

Y peligrosamente seguros de sí mismos.

—¿Siempre invades el espacio personal de la gente? —preguntó ella.

—Solo cuando están siendo dramáticas.

—No soy dramática.

—Lo acabas de demostrar.

Valentina exhaló con paciencia.

—Dime qué quieres probar.

Adrián extendió una mano otra vez.

—Entrada básica de pareja.

—Eso es nivel principiante.

—Exacto.

Valentina dudó un segundo.

Luego tomó su mano.

Otra vez ese contacto.

Otra vez esa sensación extraña.

No le gustaba.

—Mantén el ritmo —dijo Adrián.

Comenzaron a deslizarse juntos por el hielo.

Primero lento.

Luego más rápido.

Valentina esperaba que él se desincronizara en cualquier momento.

Pero no lo hizo.

Sus pasos encajaban con los de ella con una naturalidad inquietante.

Adrián la observó de reojo.

—¿Ves? No fue tan difícil.

—Es lo básico.

—Y aún así estás tensa.

Valentina frunció el ceño.

—No estoy tensa.

—Tus hombros dicen otra cosa.

—Concéntrate.

—Lo estoy haciendo.

Adrián cambió el movimiento repentinamente.

Giró y tomó su cintura para preparar un levantamiento simple.

Valentina no lo esperaba.

—¡¿Qué haces?!

—Entrenando.

Antes de que pudiera protestar más…

La levantó.

El movimiento fue rápido y limpio.

Valentina quedó en el aire durante un segundo.

Pero su reacción fue inmediata.

—¡Bájame!

Adrián obedeció… más o menos.

La bajó, pero demasiado rápido.

El equilibrio se rompió.

Sus patines chocaron.

Y ambos cayeron sobre el hielo.

El sonido resonó en toda la pista.

Silencio.

Valentina estaba sobre él.

Literalmente.

Su respiración estaba acelerada.

Sus manos apoyadas sobre su pecho.

Adrián la miró desde el suelo.

—Bueno.

Valentina lo fulminó con la mirada.

—Eres un idiota.

—Técnicamente fue una caída compartida.

—Tú cambiaste el movimiento.

—Improvisé.

—¡No se improvisa en patinaje de pareja!

Adrián levantó las manos ligeramente.

—Tranquila.

Pero Valentina no parecía tranquila.

En absoluto.

Intentó levantarse rápidamente.

Pero su cuchilla resbaló.

Y volvió a caer.

Esta vez más cerca de él.

Demasiado cerca.

Sus rostros quedaron a pocos centímetros.

El silencio se volvió pesado.

Valentina podía sentir su respiración.

Adrián también.

Por un segundo…

Ninguno de los dos se movió.

La tensión en el aire cambió.

Ya no era solo frustración.

Había algo más.

Algo incómodo.

Algo que ninguno de los dos esperaba sentir.

Adrián bajó la voz.

—Sabes…

Valentina lo miró.

—¿Qué?

—Si querías acercarte tanto…

su sonrisa apareció lentamente.

—Podías haberlo pedido.

El comentario rompió el momento.

Valentina se levantó de inmediato.

—Eres insoportable.

Adrián también se levantó, todavía riendo un poco.

—Y tú eres demasiado seria.

Valentina lo señaló.

—Esto es exactamente por lo que no quiero hacer esto contigo.

—¿Porque te caíste?

—Porque eres irresponsable.

—Porque soy mejor de lo que esperabas.

Eso la hizo detenerse.

—¿Perdón?

Adrián se encogió de hombros.

—No parecías esperar que pudiera seguir tu ritmo.




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