Bajo La Misma Máscara

Prólogo

"Ethan"

Seis meses antes

La música late en mis venas como un segundo corazón. El club es un hervidero de cuerpos sudorosos y miradas anónimas, pero yo solo busco una cosa esta noche: olvidar.

Mi hermano Einar está a mi lado, como siempre. Juntos contra el mundo desde que tenemos memoria. También lleva máscara, también busca lo mismo: un respiro de la presión de ser quienes somos.

—Relájate —me dice, apoyando una mano en mi hombro—. Por unas horas, no somos los Castello. Somos nadie.

Asiento, pero mi mandíbula sigue tensa. La junta directiva nos quiere jóvenes, nos quiere sumisos, nos quiere controlables. No saben que los lobos también se cansan de fingir.

Y entonces la veo.

Una chica baila cerca de la pista, rodeada de amigas que ríen y brindan. Pero ella no ríe. Ella flota. Su pelo oscuro se agita con cada movimiento, sus ojos verdes brillan bajo las luces estroboscópicas, y su boca... su boca es una tentación en movimiento.

—Ethan —la voz de Einar corta mi trance—. Deja de mirar.

—No puedo.

Einar sigue mi mirada. Cuando vuelve a verme, hay algo en sus ojos que conozco bien. Algo que solo compartimos nosotros.

—¿Ella?

—Ella.

No necesitamos más palabras. Nos movemos como una sola entidad, acercándonos a su grupo. Las amigas nos ven llegar, nos evalúan. Las máscaras cubren nuestros rostros, pero no pueden ocultar lo que somos: dos hombres acostumbrados a tomar lo que quieren.

—Es su cumpleaños —dice una de las amigas, sonriendo con picardía—. Bueno, casi. La semana que viene cumple dieciocho.

Dieciocho. El número enciende algo en mi pecho. No solo deseo. Es posesión. Es destino.

—Entonces hay que celebrar —dice Einar, y su voz es un pacto.

Me acerco a ella. El perfume dulce, la piel brillante, los ojos que me miran sin verme realmente. No sabe quién soy. No sabe que ya es mía.

—¿Bailas con nosotros? —pregunto, tendiendo la mano.

Ella duda un segundo. Luego sonríe, y esa sonrisa es un puñal directo al pecho.

—¿Con ustedes dos?

—Con nosotros dos —confirmo.

Y cuando su mano se desliza en la mía, sé que no hay vuelta atrás.

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"Aitana"

—¡Vamos, Aitana! Es tu fiesta, bueno, casi tu fiesta.

Valeria me empuja hacia la pista mientras Carla ríe a mi lado. El club es impresionante: luces tenues, máscaras por todas partes, una atmósfera que invita a perderse. Mis amigas se lucieron con la elección.

—Hoy no pienso —digo, y levanto la copa—. Hoy solo voy a disfrutar.

—¡Esa es mi cumpleañera! —grita Carla.

Bailamos, reímos, brindamos. Por un momento, el mundo es perfecto. Mi hermano Axel no está aquí para vigilarme, mi madre está tranquila en casa viendo sus series, y yo soy solo una chica a punto de cumplir la mayoría de edad, lista para comerse el mundo.

Entonces ellos aparecen.

Dos hombres. Altos, imponentes, con máscaras que cubren sus rostros pero no pueden ocultar sus cuerpos. Uno parece más tenso, más intenso; el otro es pura elegancia contenida. Se acercan como si el espacio entre nosotros les perteneciera.

—¿Bailas con nosotros?

La voz del que habla primero es profunda, un poco ronca. Me recorre la espalda como un roce.

Miro a mis amigas. Valeria abre los ojos como platos. Carla se muerde el labio.

Y yo... yo solo siento curiosidad.

—¿Con ustedes dos?

—Con nosotros dos.

Algo en la forma en que lo dice, en cómo los dos me miran como si ya me conocieran, como si ya me hubieran elegido, hace que mi mano se extienda antes de que mi cerebro pueda procesarlo.

La primera mano que toma la mía es cálida, firme. La segunda se posa en mi cintura segundos después, reclamando un territorio que ni siquiera sabía que estaba disponible.

Y cuando la música nos envuelve y sus cuerpos se pegan al mío, entiendo que esta noche no será una noche cualquiera.

Esta noche será el principio de algo que aún no puedo nombrar.




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