Bajo La Misma Máscara

Capítulo 2

"Aitana"

El ascensor sube en silencio. A mi lado, los otros pasantes contienen la respiración, como si temieran que cualquier sonido pudiera echarnos del edificio antes de empezar. Sofía me mira y pone los ojos en blanco, haciéndome reír por dentro.

—Piso treinta —anuncia la recepcionista con una sonrisa profesional—. Sala de juntas principal.

Las puertas se abren y el mundo se detiene.

La planta ejecutiva es... imponente. Mármol, madera oscura, ventanales que dejan ver toda la ciudad. Pero no es eso lo que me paraliza. Es la sensación.

Esa maldita sensación.

Como si algo en el aire hubiera cambiado. Como si mi cuerpo supiera algo que mi mente aún no procesa.

—¿Aitana? —Sofía me toca el brazo—. ¿Vienes?

—Sí, sí —sacudo la cabeza—. Es que... impresiona, ¿no?

—Un poco.

La sala de juntas es aún más espectacular. Una mesa de vidrio que debe costar lo que mi casa, sillas de piel negra, y al fondo, una pared entera de cristal con vistas al horizonte.

Pero no miro el horizonte.

Miro a los dos hombres que están de espaldas, junto al ventanal.

Dos siluetas. Altas. Imponentes.

Demasiado familiares.

—Buenos días —la voz de la recepcionista corta el aire—. Señores Castello, los pasantes están aquí.

Ellos se giran.

Y mi corazón deja de latir.

No.

No puede ser.

No sé por qué mi cuerpo reacciona así. No sé por qué las manos me sudan, por qué el aire se espesa, por qué las piernas me tiemblan. No los conozco. Nunca los he visto. Sus rostros son... perfectos. El mismo corte de mandíbula, la misma altura, la misma elegancia depredadora. Pero distintos.

El de la izquierda tiene ojos oscuros, intensos, y una energía que vibra a su alrededor como un animal enjaulado. El de la derecha tiene ojos grises, fríos, calculadores, y una calma que asusta más que cualquier amenaza.

Uno mira como si quisiera devorarme.

El otro mira como si ya lo hubiera hecho.

—Bienvenidos —dice el de ojos grises, y su voz es un roce de seda—. Soy Einar Castello.

—Y yo soy Ethan —el de ojos oscuros sonríe, pero su sonrisa no llega a los ojos—. Bienvenidos a Industrias Castello.

Y cuando su mirada se clava en mí, cuando siento el peso de esos dos pares de ojos sobre mi piel, algo en mi cerebro intenta conectar puntos que no deberían conectarse.

No los conoces, me repito. No los conoces.

Pero mi cuerpo...

Mi cuerpo les responde.

—Vamos a presentarnos —indica Einar, señalando las sillas—. Uno por uno. Queremos conocer a cada persona que formará parte de nuestra empresa estos meses.

Nos sentamos. Sofía a mi izquierda. Un chico nervioso a mi derecha. Y yo en medio, intentando controlar el temblor de mis manos bajo la mesa.

Los pasantes empiezan a hablar. Nombres, edades, estudios, expectativas. Todo se mezcla en un borrón hasta que escucho:

—Aitana.

Mi nombre.

Ethan lo ha pronunciado. Solo mi nombre. Pero la forma en que sale de su boca, como si lo estuviera saboreando, como si no fuera la primera vez que lo dice...

—¿Aitana? —repite, y hay un destello en sus ojos—. Es tu turno.

Me pongo de pie. Las piernas me sostienen por puro milagro.

—Soy Aitana —la voz me sale firme, gracias a Dios—. Aitana Mendoza. Dieciocho años. Estudio Administración de Empresas y estoy aquí porque quiero aprender de los mejores.

—¿Los mejores? —la voz de Einar me hace girar hacia él—. ¿Y crees que nosotros somos los mejores?

—Lo sé —respondo sin pensar—. Por eso estoy aquí.

Algo cruza su mirada. Aprobación. Interés. Algo más profundo que no puedo descifrar.

—Siéntate, Aitana —dice Ethan, y su sonrisa es un desafío—. Vamos a verte mucho por aquí.

Cuando me siento, Sofía me aprieta la mano bajo la mesa. Me mira con los ojos abiertos como platos.

¿Qué fue eso?, dice su expresión.

No tengo ni idea, respondo con la mía.

La presentación continúa, pero yo ya no escucho. Solo siento sus miradas. Alternándose. Pesa. Sobre mí. Como si fueran manos invisibles acariciando mi piel.

Cuando termina la ronda, Einar se levanta.

—Serán asignados a diferentes departamentos. Irán rotando cada mes. Pero —hace una pausa, y sus ojos grises encuentran los míos— habrá un proyecto especial. Un grupo reducido de pasantes trabajará directamente con nosotros. Serán seleccionados según su desempeño.

Ethan se levanta también, camina alrededor de la mesa. Pasa detrás de las sillas, despacio, como un depredador oliendo a su presa. Cuando llega detrás de mí, se detiene.

Un segundo.

Dos.

Siento su calor. Su presencia. Su aliento cerca de mi nuca.

—Bienvenida, Aitana —susurra, tan bajo que solo yo puedo escucharlo.

Y sigue caminando.

Mi corazón galopa. Mi piel arde. Mi mente grita.

¿Por qué? ¿Por qué reacciono así? ¿Por qué me miran así?

La reunión termina. Nos llevan a conocer las instalaciones. Sofía no para de hablar, emocionada, pero yo solo asiento.

Porque no puedo quitármelos de la cabeza.

Esos ojos oscuros.

Esos ojos grises.

Esas voces que... que me recuerdan algo. Algo que debería saber. Algo que...

—¿Aitana? ¿Me estás escuchando?

—¿Qué? Sí, claro.

—Te presento a Marcos, va a ser nuestro guía hoy.

Sonrío, estrecho manos, finjo normalidad. Pero por dentro...

Por dentro solo existen ellos.

---

"Ethan"

Cabrón, pienso mientras la veo alejarse por el pasillo. Eres un cabrón sin remedio.

Pero no puedo evitarlo.

Cuando pasé detrás de ella, cuando susurré su nombre cerca de su piel, la vi estremecerse. Lo vi. Ese pequeño temblor que recorrió su espalda. Su cuerpo la recuerda. Su cuerpo nos recuerda.

—Contrólate —la voz de Einar suena a mi lado, baja y peligrosa.

—La tengo controlada.

—Mientes.

—Vale, no la tengo controlada. Pero estoy intentándolo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.