Bajo La Misma Máscara

Capítulo 5

"Aitana"

Día 18 de las pasantías

—Estás diferente.

Levanto la vista del plato. Mi hermano Axel me observa desde el otro lado de la mesa con esa intensidad suya que siempre me ha puesto nerviosa.

—¿Diferente cómo?

—No sé. Más... ¿contenta?

—¿Y eso es malo?

—No, pero es raro. Normalmente a estas alturas de las pasantías estarías quejándote del estrés, de los jefes, de algo. Y llevas varios días con una sonrisa tonta que no me gusta nada.

—Axel...

—Y llegas tarde a casa. Y te quedas mirando el teléfono. Y sonríes cuando crees que nadie te ve.

Miro a mi madre en busca de ayuda. Ella está en la cocina, pero la muy traidora finge que no escucha.

—No pasa nada —digo—. Solo estoy conociendo gente nueva. Haciendo amigos.

—¿Amigos? —Axel arquea una ceja—. ¿Qué amigos?

—Gente de la pasantía. Compañeros.

—¿Hombres o mujeres?

—Axel...

—Es una pregunta legítima.

—Ambos —miento—. Hay de todo.

Él no se lo cree. Lo veo en sus ojos. Pero por ahora deja el tema.

—Ten cuidado —dice levantándose—. Ya sabes cómo es la gente en esas empresas grandes. Mucho lobo con piel de cordero.

—Lo sé.

—Y si alguien te hace sentir incómoda, me dices.

—Te digo.

—Y si alguien se pasa contigo, me dices.

—Te digo, Axel. Tranquilo.

—No estoy tranquilo. Eres mi hermana pequeña. No estaré tranquilo nunca.

Me levanto y le doy un abrazo. Él se tensa un segundo, pero luego me rodea con los brazos.

—Te quiero, enana.

—Te quiero, hermano.

Cuando se va, mi madre se sienta a mi lado.

—No le hagas caso. Está en edad de protector.

—Lo sé.

—Pero... —me mira—. Algo de razón tiene, ¿no? Estás diferente.

—Mamá, tú también.

—Soy tu madre. Es mi trabajo notarlo.

Suspiro. No sé cuánto tiempo podré guardar el secreto.

—Hay algo —empiezo—. Pero no sé explicarlo bien. Y no quiero que Axel se entere porque... bueno, ya sabes cómo es.

—Cuéntame a mí.

Miro sus ojos verdes, idénticos a los míos. La mujer que siempre ha estado ahí. La única persona que nunca me ha juzgado.

—¿Recuerdas lo de la fiesta de cumpleaños? ¿Lo de los dos hombres?

Su expresión cambia. Se pone seria.

—Sí.

—Pues... creo que los encontré.

—¿Cómo?

—Trabajan en mi empresa. Son... son los dueños.

El silencio se instala entre nosotras.

—¿Los gemelos Castello? —pregunta mi madre lentamente.

—Sí.

—¿Ethan y Einar?

—Sí.

—¿Estás segura?

—Me lo confirmaron ellos. Ayer. Bueno, anteayer. Los confronté y...

—¿Los confrontaste? ¿Tú sola?

—Tuve que hacerlo, mamá. No podía seguir con la duda.

Mi madre me mira fijamente. Luego, hace lo que siempre hace cuando procesa información importante: se levanta, prepara dos tazas de té, y vuelve a sentarse.

—Cuéntame todo.

Y se lo cuento.

La noche del club. Los meses de vacío. La entrada a la empresa. Las miradas. Las sensaciones. La investigación con Sofía. La confrontación. Los besos. La interrupción de Martín.

Cuando termino, mi madre se queda en silencio un largo rato.

—¿Y ahora qué sientes? —pregunta al fin.

—No lo sé. Confusión. Miedo. Emoción. Todo junto.

—¿Te gustan?

—Mamá...

—Pregunta seria. ¿Te gustan? ¿Los dos?

Trago saliva.

—Sí. Creo que sí. No sé si está bien, no sé si es normal, pero cuando estoy con ellos... cuando me miran... cuando me tocan... siento cosas que nunca había sentido.

—¿Y ellos? ¿Cómo te miran ellos?

—Como si fuera... suya.

Mi madre asiente lentamente.

—He oído cosas de esos chicos. Que son serios. Que son reservados. Que nunca se les ha conocido una relación seria. Y ahora entiendo por qué.

—¿Por qué?

—Porque te estaban esperando a ti.

—¿Tú también te lo crees?

—Aitana, yo conocí a tu padre con veinte años. Y desde el primer momento supe que él era el indicado. No fue fácil. Tuvimos problemas. Pero cuando algo es real, se siente. En el cuerpo. En el alma. Y por lo que me cuentas, eso que sientes es real.

—¿Y Axel?

—Axel es otro tema. Pero déjamelo a mí. Tú concéntrate en descubrir qué quieres. Y cuando lo sepas, actúa.

—¿Sin miedo?

—El miedo siempre va a estar. Pero el amor también. Y el amor es más fuerte.

La abrazo.

—Te quiero, mamá.

—Te quiero, mi niña. Y pase lo que pase, estoy orgullosa de ti.

---

Aitana

Día 20 de las pasantías

Dos días desde mi conversación con mi madre.

Dos días intentando "procesar", como les prometí.

Pero es imposible procesar cuando ellos están en cada esquina.

Ethan aparece en la cafetería y me regala una sonrisa que me desarma las rodillas.

Einar me envía correos con tareas que no necesitan mi presencia, pero que siempre termino entregando en persona.

Y cuando entro a sus despachos, cuando estoy cerca, el aire se vuelve electricidad.

Hoy es diferente.

Hoy recibí un correo de Einar a las 4:47 de la tarde.

De: Einar Castello
Asunto: Reunión importante

Aitana,

Necesito verte en mi despacho a las 18:00. Es importante. Ven sola.

E. Castello

Las 18:00. Fin del horario laboral. El edificio vacío. Yo sola con él.

O con ellos.

Porque cuando llego a la planta treinta, cuando empujo la puerta de su despacho, los dos están allí.

—Pensé que era solo Einar —digo.

—Mentí —responde Einar sin inmutarse.

—Eso no es propio de ti.

—Contigo, hacemos excepciones.

Ethan está apoyado en el escritorio, con esa pose suya tan relajada y tan peligrosa a la vez. Einar está de pie junto a la ventana, con la luz del atardecer bañándolo.

Y yo estoy en medio.

Como siempre.

Como quiero.

—Dijeron que me darían tiempo —digo, intentando mantener el control.

—Te lo estamos dando —Ethan—. Esto no es una presión. Es una invitación.




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