Bajo La Misma Máscara

Capítulo 9

Aitana

Martes, 09:15

—¡AITANA!

Sofía irrumpe en mi cubículo como un huracán de pelo rizado y ojos desorbitados.

—¿¡Qué!?

—¡LOS RUMORES!

—¿Qué rumores?

—¡Los rumores! ¡Sobre ti! ¡Y los gemelos! ¡Han llegado a mi planta!

Mi corazón da un vuelco.

—¿Qué dicen?

—Que ayer alguien oyó... cosas —Sofía baja la voz—. Cosas subiendo de la planta treinta. Gritos. Gemidos. Y que hoy han visto a los tres con caras de... ya sabes.

—Mierda.

—Mierda es poco. Aitana, ¿en su despacho? ¿En horario laboral?

—Fue después de hora.

—¡Da igual! ¡La gente habla!

Me paso las manos por la cara. No pensamos. Bueno, ellos no pensaron. Y yo... yo tampoco.

—¿Qué hago?

—No lo sé. Pero tienes que prepararte. Porque aquí viene lo peor.

—¿Lo peor?

Sofía señala hacia la entrada del departamento.

Javier, el de recursos humanos, camina hacia nosotras con una carpeta en la mano y una sonrisa que no presagia nada bueno.

—Señorita Mendoza —dice cuando llega—. ¿Podría acompañarme un momento?

—¿Ocurre algo?

—Solo una pequeña conversación. Sobre... ciertos rumores que han llegado a mi departamento.

Miro a Sofía. Ella pone ojos de "te lo dije".

—Claro —digo, levantándome—. Vamos.

---

Javier

Oficina de Recursos Humanos

—Siéntese, por favor.

Me siento. Javier se coloca detrás de su escritorio, adoptando una pose de autoridad que le queda grande.

—Señorita Mendoza, en Recursos Humanos tenemos la responsabilidad de velar por el bienestar de todos los empleados. Y también por el cumplimiento de ciertas... normas de conducta.

—Ya.

—Han llegado a mis oídos algunos rumores. Sobre usted. Y sobre los señores Castello.

—¿Rumores?

—No se haga la inocente. Ayer, en la planta treinta, después del horario laboral, se reportaron... ruidos. Y hoy, varios empleados han comentado que la relación entre usted y los gemelos podría no ser estrictamente profesional.

—¿Y eso es asunto suyo?

—Cuando afecta al ambiente laboral, sí.

—¿Ha hablado con ellos?

Javier se incomoda.

—Todavía no.

—Entiendo.

—Mire, Aitana —su tono se vuelve más personal—. No quiero causarle problemas. De hecho, si necesitara... ayuda, protección, alguien con quien hablar... yo estoy aquí.

Su mirada se alarga. Demasiado.

—¿Ayuda? —repito.

—Ya sabe. Ellos son muy poderosos. Pueden aprovecharse de una chica joven como usted. Y si necesitara a alguien que la defienda...

—¿Se está ofreciendo?

—Solo digo que si algún día quiere... cambiar de aires, yo estaré encantado de...

Me levanto.

—Señor Javier, con todo respeto, no necesito su protección. Y los únicos que se han "aprovechado" de mí, si es que se puede llamar así, han sido con mi consentimiento y mi entusiasmo.

—Pero...

—Y si tiene algo que decir sobre mi conducta, dígaselo a ellos. O a mí, por escrito. Pero no me vuelva a llamar para insinuar que necesito ser rescatada.

Salgo de su oficina sin esperar respuesta.

Pero cuando la puerta se cierra, tiemblo.

Esto se está descontrolando.

---

Aitana

12:30

Mi teléfono vibra.

Ethan: ¿Qué pasó en RRHH?

Yo: ¿Cómo sabes lo de RRHH?

Ethan: Nos enteramos de todo, princesa.

Yo: Javier quería "protegerme" de vosotros.

Ethan: ¿Qué?

Yo: Se ofreció a ayudarme por si me estáis acosando.

Ethan: ¿¡Ese hijo de puta!?

Yo: No le hice caso.

Ethan: Sube ahora.

Yo: Ethan, no podemos...

Ethan: No va a pasar nada. Solo sube.

Yo: ¿Einar sabe?

Ethan: Ya viene. Sube.

Suspiro. Miro alrededor. Sofía me hace un gesto de "vete, yo cubro".

Subo.

---

Ethan y Einar

Despacho de Einar

Cuando entro, los dos están de pie junto a la ventana. Serios. Muy serios.

—Siéntate —dice Einar.

—Prefiero estar de pie.

—Aitana...

—No voy a sentarme como si fuera una empleada a la que van a regañar.

Ethan sonríe a pesar de todo.

—Nunca dejas de sorprendernos.

—No estoy para cumplidos. ¿Qué pasa?

—Lo de Javier —Einar—. No lo sabíamos.

—¿Y?

—Y vamos a ocuparnos de ello.

—¿Cómo?

—Ese hombre lleva tiempo en la empresa —Ethan—. Y ha tenido quejas antes. Acercamientos inapropiados a empleadas.

—¿Y no hicisteis nada?

—No había pruebas suficientes. Hasta ahora.

—¿Qué pruebas?

—Su conversación contigo —Einar—. La escuchamos.

—¿Cómo?

—Micrófonos ambientales. Por seguridad.

—¿Me estáis diciendo que me espiáis? ¿En Recursos Humanos?

—No es espiar. Es proteger. Y menos mal que lo hicimos.

—Eso es...

—Ilegal —admite Einar—. Lo sé. Pero en este caso, nos ha dado la razón.

—¿Y qué vais a hacer?

—Despedirlo —Ethan—. Hoy mismo.

—¿Por una conversación conmigo?

—Por acosar a una empleada. Por ofrecerle "protección" contra sus jefes. Por crear un ambiente hostil.

—¿Y si la gente habla?

—Que hablen —Einar—. Prefiero que hablen a que tengas miedo.

—No tengo miedo.

—Deberías —Ethan—. Esto es solo el principio.

—¿Qué quieres decir?

Ellos se miran.

—La gente va a hablar, Aitana —Einar—. De nosotros. De ti. De lo nuestro.

—¿Y?

—Y tienes que decidir si estás preparada.

—¿Preparada para qué?

—Para que te señalen. Para que te juzguen. Para que digan que eres una interesada, una ingenua, una... lo que sea.

—Eso ya lo dicen.

—Pero ahora será más fuerte —Ethan—. Sobre todo si seguimos... adelante.

—¿Vais a echarte atrás? —pregunto, mirándolos fijamente.

—No.

—Entonces yo tampoco.

Ethan sonríe. Einar asiente.

—Te queremos —dicen.

—Y yo a vosotros.

—Pase lo que pase.

—Pase lo que pase.

---

Aitana

18:30

Cuando salgo del edificio, Sofía me espera en la puerta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.