Bajo La Misma Máscara

Capítulo 10

Sofía

Miércoles, 19:30

—¿Segura que quieres que vaya?

—Segurísima —Aitana me aprieta el brazo—. Necesito que alguien hable con Axel. Que le explique. Si voy yo, se pondrá a la defensiva.

—¿Y si me mata? Es tu hermano. El protector. El que mira como si quisiera desnucar a cualquiera que se acerque a ti.

—Por eso mismo. Tú eres neutral. Y además... —me mira con una sonrisa—. Creo que le caes bien.

—¿Ah, sí?

—Siempre pregunta por ti. "¿Cómo está esa amiga tuya, la del pelo rizado?" "¿Sofía sigue trabajando contigo?".

—Eso es... normal.

—O no.

—Aitana...

—Solo ve. Háblale. Y si pasa algo más... bueno, no me quejaría.

—¡Eres terrible!

—Soy tu mejor amiga. Y quiero que seas feliz. Aunque sea con mi hermano gruñón.

Suspiro. Miro hacia la puerta del bar donde quedamos. El "Bar Madrid", un sitio tranquilo, cerca del trabajo de Axel.

—Vale —digo—. Voy.

—¡Esa es mi Sofía!

—Pero si me mata, tú pagas el entierro.

—Trato hecho.

---

Axel

20:00

Llego diez minutos tarde. El turno doble me mata, pero cuando Sofía me escribió diciendo que necesitaba hablar de Aitana, no pude decir que no.

La encuentro en una mesa del fondo. Con su pelo rizado y esa sonrisa nerviosa.

—Hola —digo, sentándome.

—Hola —responde—. Gracias por venir.

—Dijiste que era de Aitana.

—Lo es. Pero... —mira a su alrededor—. Pidamos algo primero. Yo necesito algo fuerte.

—¿Tan malo es?

—Depende de cómo se mire.

Pido dos cervezas. Cuando llegan, Sofía bebe la mitad de un trago.

—Vale —dice—. No sé por dónde empezar.

—Por el principio. Siempre funciona.

—El principio... —respira hondo—. Axel, tu hermana está con los gemelos Castello.

—Lo sé.

—¿Lo sabes?

—Me lo dijo mi madre. Y luego ella. Bueno, más o menos.

—¿Y no te importa?

—Me importa mucho. Pero no puedo controlar su vida.

—Pues hay más.

—¿Más?

—Lo de los gemelos... va en serio. Muy en serio. Y la gente en la empresa está empezando a hablar.

—¿Hablar de qué?

—De ellos. De ella. De lo que pasa en la planta treinta.

Mi mandíbula se tensa.

—¿Qué pasa en la planta treinta?

—Axel...

—Sofía, dime qué pasa.

Ella me mira. Sus ojos grandes, nerviosos, bonitos.

—Están juntos. Los tres. En todos los sentidos. Y ayer... ayer despidieron a un tipo de recursos humanos por acercarse a Aitana de forma inapropiada.

—¿Quién lo despidió?

—Ellos. Los gemelos. Se enteraron y lo echaron en el acto.

—¿La están protegiendo?

—Sí.

—¿O la están controlando?

—Las dos cosas. Pero Aitana... Aitana está feliz, Axel. Más feliz de lo que la he visto nunca.

Bebo un trago largo. La cerveza está fría, pero no calma el fuego en mi pecho.

—No me gusta.

—Lo sé.

—Dos tíos. Poderosos. Que pueden hacer lo que quieran. Con mi hermana pequeña.

—No es pequeña. Tiene dieciocho.

—Para mí siempre lo será.

—Y por eso mismo tienes que confiar en ella.

—¿Confiar? ¿En dos desconocidos?

—En ella. En que sabe lo que hace. En que si se siente incómoda, si algo va mal, te lo dirá.

La miro. Realmente la miro.

No solo a la amiga de mi hermana. Sino a ella. Sofía. Con su pelo loco y sus ojos sinceros y esa forma de defender a Aitana como si fuera su hermana también.

—¿Por qué te importa tanto? —pregunto.

—Porque es mi amiga. Porque la quiero. Porque quiero que sea feliz.

—¿Y si se equivoca?

—Entonces estaremos ahí para recoger los pedazos. Pero no podemos evitar que viva por miedo a que se equivoque.

Sus palabras. Las mismas que mi madre dijo hace días.

—Eres lista —digo.

—A veces.

—Y bonita.

El silencio cae entre nosotros.

—¿Qué? —pregunta ella.

—Nada. Solo... constato.

—Axel...

—¿Tú tienes pareja?

—No.

—¿Alguien que te guste?

—Tal vez.

—¿Quién?

Me mira. Sus ojos. Su boca. Su expresión.

—Alguien que no sé si está interesado.

—¿Cómo va a no estar interesado? Eres... —me detengo.

—¿Soy qué?

—Impresionante. Sofía, eres...

—¿Soy?

—Joder —me paso las manos por el pelo—. No sé hacer esto.

—¿Hacer qué?

—Hablar. Con una chica que me gusta. Sin parecer un imbécil.

Ella sonríe. Una sonrisa lenta, hermosa.

—¿Te gusto?

—Desde que Aitana te trajo a casa la primera vez. Hace meses.

—¿Y no dijiste nada?

—Eres su amiga. No quería... no sé, incomodar.

—¿Y ahora?

—Ahora estás aquí. Defendiendo a mi hermana. Mirándome así. Y yo... yo ya no puedo seguir callado.

Se inclina sobre la mesa. Está cerca. Muy cerca.

—Axel —susurra—. ¿Vas a besarme o tengo que hacerlo yo?

La beso.

Su boca sabe a cerveza y a algo dulce. A ella. A Sofía.

Cuando nos separamos, su sonrisa es enorme.

—Menos mal —dice—. Llevaba meses esperando.

—¿Meses?

—Desde esa primera vez en tu casa. Cuando Aitana se olvidó la cartera y fuiste a traérsela. Me miraste de una forma...

—No me acuerdo.

—Yo sí.

La beso otra vez.

Y el mundo, por un momento, deja de importar.

---

Aitana

Jueves, 10:00

—¿¡QUÉ!?

Sofía sonríe desde el otro lado de la mesa de la cafetería.

—Sí.

—¿Con Axel?

—Sí.

—¿Mi hermano?

—El mismo.

—¿Mi hermano gruñón, protector, exasperante?

—Ese.

—¿Y cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?

—Anoche. Después de hablar de ti. Me besó.

—¡Dios mío! —grito, y media cafetería nos mira—. ¡Esto es increíble!

—¿Te parece bien? —pregunta Sofía, de repente insegura.

—¿Si ME PARECE BIEN? ¡Es perfecto! ¡Mi mejor amiga con mi hermano! ¡Vais a ser familia! ¡Bueno, más familia! ¡Vais a...

—Aitana, respira.

Respiro.

—Vale. Cuéntame todo. Todos los detalles.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.