Verónica
Lunes, 10:30
—¿Estás segura de que es aquí?
El asistente asiente. Verónica mira el taller mecánico con desdén. Grietas en las paredes, olor a aceite, ruido de herramientas.
—Espera en el coche.
—¿Segura, señora?
—Completamente.
Se baja del vehículo de lujo, ajusta su vestuario impecable y camina hacia el taller como quien se adentra en territorio enemigo.
Adentro, un hombre trabaja bajo un coche elevado. Solo se ven sus piernas y sus brazos musculosos.
—¿Axel?
El hombre se desliza desde debajo del coche y se incorpora. Tiene el torso cubierto de grasa, el pelo sudado y una expresión de desconcierto al verla.
—¿Quién eres tú?
—Verónica Lombardo. Necesito hablar contigo.
—¿Sobre qué?
—Sobre tu hermana. Y sobre los gemelos Castello.
Axel se tensa. Se limpia las manos con un trapo, pero no aparta la mirada.
—Habla.
—¿Aquí? ¿En medio del taller?
—Es mi casa. Y mi tiempo. Así que habla o vete.
Verónica sonríe. Le gusta este hombre. Directo. Sin rodeos.
—Muy bien. Tu hermana, Aitana, está metida en algo que no comprende. Los gemelos... no son lo que parecen.
—¿Qué quieres decir?
—Tienen fama de... coleccionar mujeres. Usarlas y desecharlas. Y Aitana es solo la última de una larga lista.
—Eso no es cierto —Axel aprieta la mandíbula—. Ella dice que es diferente.
—Claro que lo dice. Está enamorada. Ciega. No ve la realidad.
—¿Y tú qué ganas contándome esto?
Verónica da un paso adelante. Su perfume choca con el olor a gasolina.
—Yo los conozco desde hace años. Fuimos... algo. Y sé cómo terminan estas historias. Con la chica llorando, sola, y ellos riéndose con la siguiente.
—¿Por qué debería creerte?
—Porque no tengo nada que ganar mintiendo. Solo quiero evitar que otra persona pase por lo mismo que yo.
Axel la mira fijamente. Busca mentiras en sus ojos. No las encuentra.
Pero encuentra algo peor: duda.
—Necesito pruebas.
—No tengo pruebas. Solo experiencia. Y si no me crees, pregúntale a cualquiera en los círculos altos. Todos saben cómo son los Castello con las mujeres.
—¿Y por qué no se sabe? ¿Por qué no hay escándalos?
—Porque pagan. Porque callan. Porque tienen poder.
El silencio se instala entre ellos.
—Tengo que irme —dice Verónica—. Pero piensa en lo que te he dicho. Y sobre todo, vigila a tu hermana. Antes de que sea demasiado tarde.
Se da la vuelta y camina hacia la salida.
—Verónica —la voz de Axel la detiene—. Si me estás mintiendo, te juro que...
—No te miento —dice sin girarse—. Pregúntale a ella. Pregúntale si sabe algo del pasado de ellos. Verás cómo no sabe nada.
Y se va.
Dejando a Axel con más dudas que certezas.
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Axel
19:30
—¿Aitana? ¿Puedo pasar?
—Claro.
Entra en la habitación de su hermana. Ella está en la cama, con el móvil en la mano y una sonrisa tonta.
—¿Hablando con ellos?
—Sí —se incorpora—. ¿Qué pasa? Tienes cara de pocos amigos.
—Necesito preguntarte algo.
—Dime.
Axel se sienta en el borde de la cama. La mira. Su hermana pequeña. Su responsabilidad.
—¿Cuánto sabes de ellos?
—¿De Ethan y Einar?
—Sí. ¿Cuánto sabes de su pasado? De sus relaciones anteriores. De su fama.
—¿Fama? ¿Qué fama?
—Eso —Axel suspira—. No sabes nada, ¿verdad?
—Axel, ¿de qué estás hablando?
—Hoy vino una mujer a verme. Verónica Lombardo.
Aitana palidece.
—¿Verónica? ¿Fue a tu taller?
—Sí. Y me contó cosas. De ellos. De cómo son. De cómo tratan a las mujeres.
—Es mentira —Aitana se levanta—. Todo lo que te haya dicho es mentira.
—¿Estás segura? Porque ella dijo que los conoce de años. Que fueron algo. Y que tienen fama de... coleccionar.
—Eso no es cierto. Ellos me han hablado de Verónica. Fue un intento de sus familias, nada más. Nunca hubo nada real.
—¿Y las otras? ¿Las que vinieron antes?
—No las hay.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque confío en ellos.
—¿Confías? ¿Después de unos meses?
—Axel, no entiendes...
—No, Aitana. La que no entiende eres tú. Estás metida con dos tíos poderosos, con un pasado que no conoces, con una ex que aparece y siembra dudas. Y tú solo dices "confío".
—¿Qué quieres que haga? ¿Que desconfíe sin pruebas?
—Quiero que tengas cuidado. Que no te ciegues. Que si algo huele mal, salgas de ahí.
—No va a oler mal.
—No lo sabes.
—Lo sé.
Axel se levanta. La tensión entre ellos es un muro.
—Solo te pido que pienses. Que investigues. Que no te fíes ciegamente.
—Y yo te pido que confíes en mí. En mi criterio. En que sé lo que hago.
—¿Lo sabes?
—Sí.
—¿Y si te equivocas?
—Entonces me equivoco. Pero será mi error. No el tuyo.
Axel la mira. Quiere protegerla. Quiere encerrarla en su habitación hasta que esto pase.
Pero no puede.
—Te quiero, enana —dice—. Y solo quiero lo mejor para ti.
—Lo sé. Y yo te quiero. Pero necesito que respetes mis decisiones.
—Aunque sean un error.
—Aunque lo sean.
Axel asiente. No está convencido. Pero se rinde.
—Vale. Pero si algo pasa...
—Seré la primera en decírtelo.
—Promételo.
—Lo prometo.
Se abrazan. Pero cuando Axel sale de la habitación, la duda sigue ahí.
Y Verónica, desde las sombras, ha ganado la primera batalla.
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Aitana
21:00
—¿Todo bien? —la voz de Ethan al teléfono.
—Sí. Bueno, no.
—¿Qué pasa?
—Axel. Verónica fue a verlo hoy.
Silencio al otro lado.
—¿Qué?
—Fue a su taller. Le contó cosas. De vosotros. De vuestro pasado. De cómo "coleccionáis" mujeres.
—Eso es mentira.
—Lo sé. Pero él no.
—Aitana, nosotros nunca...
—Lo sé, Ethan. Pero ahora Axel tiene dudas. Y Verónica ha metido cizaña.