Bajo La Última Corona

Capitulo 14

NYSSA MORELLI

Lo gracioso de todo esto era que yo, Nyssa, la que siempre decía que no quería dramas de telenovela en su vida, había terminado casada con un hombre que era la definición de drama con piernas. En algún momento, todo iba a salir a la luz. Y no tenía ni idea de qué cara iba a poner mamá cuando lo supiera.

El parque estaba casi vacío; apenas alguna bicicleta en la lejanía, el canto de un grillo insistente y las luces amarillas que parecían más cansadas que yo. Fue en ese silencio, en esa calma, que mi mente decidió jugarme la peor de las bromas: abrir la caja que yo había estado empujando con el pie durante días, esa caja que decía "No pensar demasiado en Kian".

Era una maldita caja de pandora.

Porque claro, ¿qué otra cosa podía hacer? El hombre no estaba, el celular no tenía batería, mamá seguro estaba convencida de que yo tramaba algo raro, y el mundo entero parecía conspirar para dejarme sola con mis pensamientos. Y mis pensamientos, ay, son peor que una suegra curiosa.

Ahí estaba la pregunta que evitaba mirarme de frente: ¿qué hace Kian cuando no está aquí?

Lo lógico, lo sano, lo racional, sería responderme: trabaja. Caso cerrado. Pero no, mi cabeza no se conformaba con esa respuesta aburrida. Mi cabeza, que debería estar ocupada en otras cosas, como en la cirugía de papá, decidió recrear imágenes con lujo de detalles: Kian saliendo de algún bar y una mujer colgada de su brazo, riéndose de algo que yo jamás entendería. O Kian entrando en un hotel de lujo, con la chaqueta en la mano, y otra mujer deshaciéndose de los tacones mientras lo seguía como si él fuera el dueño de la noche.

No pasa nada, Nyssa. Respira. No es tu problema. Es un matrimonio falso. Un acuerdo.

Claro que no era "mi problema". Él podía hacer lo que quisiera con quien quisiera. Técnicamente tenía todo el derecho: no me debía fidelidad, no me debía explicaciones, no me debía ni siquiera su tiempo.

Pero entonces, ¿por qué me ardía tanto la idea? ¿Por qué me dolía imaginarlo con alguien más?

—Estás loca —me dije en voz baja, con un resoplido sarcástico—. ¡Completamente loca!

Porque sí, ¿qué clase de persona se muerde por dentro pensando en las posibles amantes de un marido que ni siquiera es un marido de verdad?

Me senté en otro banco, porque caminar no estaba funcionando como terapia. Apoyé los codos en las rodillas, entrelacé las manos y me incliné hacia adelante, como si estuviera confesándole mis pecados al suelo.

—Lo mejor es no enterarme —murmuré, como si estuviera firmando un pacto con la noche—. Eso es. Que haga lo que quiera, pero que yo no me entere. Que lo mantenga en secreto. Si yo no sé nada, no hay nada que procesar. Ignorancia selectiva, lo llaman.

Fue entonces, en medio de ese debate conmigo misma, que lo vi.

Primero pensé que era un reflejo, una sombra, pero no. Ahí estaba, de pie, unos metros más adelante en el sendero, apoyado contra un árbol como si formara parte del paisaje. Con los brazos cruzados, la chaqueta abierta, la mirada fija en mí como si hubiera estado esperándome todo el tiempo.

—¿Pero qué...? —murmuré.

Él no dijo nada, solo estaba ahí, como si su presencia fuera suficiente explicación. Me crucé de brazos, en un intento de disfrazar mi incomodidad con algo de dignidad.

—¿Me estás siguiendo ahora? —pregunté, arqueando una ceja, aunque mi corazón seguía golpeando como loco.

Se limitó a mirarme, tranquilo, con esa expresión tan neutra que parecía tallada en piedra. Yo, en cambio, me retorcía por dentro.

—¿Qué? ¿Ahora resulta que eres un guardia nocturno o qué?

—Te estabas tardando.

—¿Tardando en qué? —pregunté, arqueando una ceja, tratando de sonar desafiante cuando en realidad sentía que la tierra me ardía bajo los pies.

—En volver.

—Por favor, Kian. No soy una niña perdida en el parque. Solo salí a despejarme, no necesito un escolta detrás de cada farola.

—No te sigo. Solo estoy aquí.

Me dieron ganas de arrancarme el cabello.

—Pues... aquí no se necesita tu "estar". Puedes irte a... a donde sea que suelas ir cuando... cuando no estás.

¿Dónde diablos se va cuando no está conmigo? Es imposible que sea un adicto al trabajo.

Kian entrecerró apenas los ojos, no enojado, sino como si estuviera intentando leer entre mis palabras lo que yo me negaba a decir en voz alta.

—Trabajo —contestó, seco.

—Claro, trabajas. Todo el tiempo trabajas. Me pregunto si algún día te das permiso de ser humano, ¿eh? Porque de verdad, si no supiera que comes y respiras, pensaría que eres una máquina.

Esperaba que se molestara. Que me dijera algo, lo que fuera. Pero sus labios se curvaron apenas en una media sonrisa, discreta.

—¿Y eso te molesta?

—Me... desespera —confesé al fin, bajando la vista porque no aguantaba ese brillo sereno en sus ojos—. Te juro que me desespera tu calma. Como si nada te tocara, como si nada te doliera.

—No es que nada me toque, Nyssa. Es que no lo muestro.

Lo miré sin saber qué decir. Y en mi cabeza se desató una tormenta: quería abrazarlo, quería gritarle, quería preguntarle mil cosas y al mismo tiempo huir. Todo junto, todo a la vez.

—Pues deberías mostrarlo. No eres menos fuerte por hacerlo.

Se limitó a descruzar los brazos y dar un paso hacia mí. Solo uno. Y ese paso bastó para que el mundo alrededor pareciera encogerse.

—¿Y tú? —preguntó—. ¿Cuándo vas a mostrar lo que sientes?

Abrí la boca para responder, pero lo único que salió fue un tartamudeo torpe:

—Yo... yo no... —las palabras se me quedaron atoradas en la garganta, como si mi lengua se hubiera declarado en huelga—: Da igual, Kian. De todos modos yo ya estaba por volver. No hacía falta que vinieras a montar guardia.

Añadí, con un encogimiento de hombros y la sonrisa más cínica que pude fabricar:

—En todo caso, me sorprende que no te hayas ido con la señora Cecilia. Seguro todavía anda buscando una forma de meterte en la familia. ¿No dijo que tenía una nieta encantadora? Mira, habrías hecho tu buena acción del día y yo no tendría que estar inventando excusas para tu desaparición.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.