NYSSA MORELLI
Descubrí que la hiperémesis gravídica no era un simple mareo matutino de novela romántica. Mi cuerpo había decidido rechazar todo: el agua, los sueros con olor a plástico, el perfume habitual del jabón de manos y hasta el vapor del café que alguien llevaba por el pasillo a tres habitaciones de distancia.
Cada veinte minutos, mi estómago se contraía en espasmos que me dejaban sin aliento, obligando a los médicos a aumentar la dosis de antieméticos intravenosos y mantener el goteo de suero para evitar que me deshidratara de nuevo.
Kian no se había movido de mi lado en toda la noche. Tenía la camisa arrugada, los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño y de tanto sostenerme la cabeza cada vez que yo terminaba doblada sobre la bandeja metálica.
—Toma un poco de aire —le musité, recostando la nuca contra la almohada mientras la enfermera retiraba la bandeja por tercera vez en la mañana—. Ve a cambiarte...
—No me voy a mover de aquí —respondió mojando una gasa limpia en agua helada para pasármela por los labios secos y la frente—. Aurora y mi abuelo llevan dos horas afuera exigiendo entrar. Axel llegó hace media hora, es hora de cortar esto de raíz antes de que la noticia filtre un solo rumor hacia la prensa o el Consejo.
El simple pensamiento de la política de Zarien me revolvía las tripas.
Kian caminó hacia la puerta y la abrió de par en par.
Un segundo después, la comitiva Harrington entró al cuarto. Aurora venía con los ojos hinchados de la preocupación, sosteniendo un ramo de flores, Axel venía detrás, y Benjamín... entraba apoyándose en su bastón, con la barbilla en alto y una sonrisa que amenazaba con iluminarle todo el rostro.
—¿Cómo está mi niña? —preguntó el abuelo, acercándose con cuidado a mi camilla para tomar mi mano—. Nyssa, estás pálida como un papel...
—Estoy... viva —logré sonreír débilmente, aunque un nuevo espasmo en el abdomen me hizo cerrar los ojos un segundo.
—Mi madre la tuvo cuando estaba embarazada, es una prueba dura, pero temporal. Lo importante es que el bebé está bien. ¡Por todos los santos, Kian, tenemos que convocar al Gabinete Privado este viernes para ajustar los protocolos de protección del palacio y...!
—No habrá ninguna convocatoria al Gabinete, abuelo.
—¿Qué estás diciendo? Kian, es el anuncio del primer bisnieto de la línea principal. El Consejo debe ser notificado para asegurar la regencia y la protección dinástica...
—Si el Consejo se entera de este embarazo —dijo Kian, caminando hacia el centro de la habitación y clavando sus ojos grises en su abuelo—, usarán a este bebé para encadenarme al trono de Zarien restándole cada gota de libertad a mi esposa.
Benjamín abrió la boca para protestar, pero Kian no le dio espacio para respirar.
—Durante años me han exigido un heredero, si les entrego esta noticia ahora, mientras aún estoy negociando la abdicación, no me van a dejar renunciar jamás. Convertirán el vientre de Nyssa en un asunto de Estado. Habrá guardias en nuestra puerta, médicos elegidos por los consejeros fiscalizando cada ultrasonido y ¿es eso lo que quieres para mi hijo, abuelo?
Benjamín palideció lentamente, apretando la mandíbula mientras la dureza de su mirada colisionaba con la de su nieto.
—Es la tradición, Kian...
—A la mierda la tradición, esta noticia no sale de esta habitación. Ni una palabra a los consejeros, ni una nota a la prensa, ni un comentario entre el personal del castillo. Si alguien pregunta, Nyssa sufrió un colapso por agotamiento y una gastroenteritis severa derivada de la deshidratación. Nada más.
Aurora se llevó una mano al pecho, mirando a Kian y luego a mí.
—Kian... la hiperémesis no es algo que se pueda ocultar fácilmente en el castillo —dijo ella—. Nyssa va a necesitar reposo absoluto, cuidados médicos constantes...
—El equipo médico de hepatología y obstetricia firmará contratos de confidencialidad blindados bajo pena de prisión. Si un solo dato médico de mi esposa se filtra, arruinaré a sus familias. ¿Queda claro?
—Haré los arreglos para el traslado médico privado esta misma tarde —le respondió Axel.
Me quedé observando a Kian desde la cama, y su abuelo soltó un largo suspiro, derrotado, y bajó la vista hacia el suelo, apoyando ambas manos sobre su bastón.
—Es un Harrington, Kian... no podrás ocultarlo para siempre.
—No necesito ocultarlo para siempre. Solo necesito ocultarlo hasta que estemos fuera de su alcance. Hasta que este bebé y su madre estén completamente a salvo de todos.
—¿Gastroenteritis severa? —le reprochó Aurora— Kian, por favor, los sirvientes del castillo no son estúpidos. La mitad de las damas de la corte han tenido hijos. Saben perfectamente cómo se ve una mujer que está devolviendo el alma por la boca debido a las hormonas.
—Me importa un demonio lo que crean saber. Si alguien pregunta, fue una bacteria estomacal traída por un insumo de la cocina. Si alguien insiste, Axel se encargará de recordarle a esa persona por qué la discreción es la mejor virtud para conservar sus títulos.
—Esto es una locura —susurró Benjamín, aunque la falta de fuerza en su tono delataba que ya se sabía derrotado—. Estás jugando con el futuro de la dinastía, Kian. Si el Consejo detecta que estás desviando la atención o que ocultas algo de tal magnitud...
—El Consejo no detectará nada porque tú vas a volver al castillo y actuarás como el perfecto patriarca preocupado por la mala salud digestiva de su nieta política. Te quiero fuera de este hospital en cinco minutos, abuelo. Y tú también, Aurora. Nyssa necesita descansar y el ruido de sus especulaciones le está subiendo la presión.
Aurora abrió la boca como si quisiera protestar, pero al mirarme a la cara, tendida en aquella camilla sus hombros cedieron. Se acercó a la cama con pasos amortiguados, evitando hacer el más mínimo ruido con los tacones, y me apretó la mano que no tenía la vía intravenosa.
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Editado: 14.09.2026