Bajo los Faroles de Bourbon Street libro 1.

Capítulo 13: El Último Acorde

La ciudad ardía en silencio.

No con fuego, sino con algo más antiguo. Un latido subterráneo que temblaba en cada farol, en cada piedra, como si Nueva Orleans recordara algo que había querido olvidar.

Clara y Liam caminaban de la mano. La carta de sus padres pesaba en el bolsillo de ella como un talismán.

—¿Sientes eso? —preguntó Liam.

—Como si todo respirara.

Ambos sabían que la calma no duraría. Habían leído la historia. Habían visto los recuerdos. Pero ahora venía lo más difícil: elegir.

Porque el ciclo no se rompía con amor. Se rompía con sacrificio.

Andrew se encontraba en Jackson Square, frente a la estatua de San Luis. El anciano estaba a su lado, pero ya no parecía solo un viejo. Su voz tenía ecos múltiples, como si fuera más de uno.

—¿Estás listo para decidir? —preguntó.

Andrew apretó los puños.

—Si digo que sí… ¿ella me olvidará?

—Sí. Se borrará todo: su dolor, su amor, su historia contigo. Como si jamás hubieras sido parte de su vida.

Andrew tragó saliva. No era una oferta fácil. Había amado a Clara, sí. Pero también la había traicionado. Y verla feliz con otro lo desgarraba.

Pero más que eso, verla libre.

El anciano le tendió una moneda antigua.

—Una sola decisión. Una sola cara. Elige si el hilo se corta… o si sigue atado.

Andrew sostuvo la moneda.

—¿Y si la dejo elegir a ella?

El anciano sonrió.

—Entonces el ciclo se romperá… pero no como antes.

Mientras tanto, Lucille preparaba un altar en la casa. Velas blancas. Un cuenco con agua. Flores de jazmín y polvo de hueso.

—El momento llegó —les dijo a Clara y Liam—. La ciudad ha esperado este amor por generaciones. Pero toda deuda se paga con verdad.

—¿Qué tenemos que hacer? —preguntó Clara.

Lucille los miró, solemne.

—Deben tocar juntos. Una melodía que no se ha escuchado en décadas. Fue escrita por sus padres, pero jamás terminada. Si la completan... y la tocan frente al farol roto, el ciclo puede cerrarse.

Liam abrió su estuche de guitarra. Dentro, Lucille colocó la partitura: notas incompletas, fragmentos de un amor interrumpido.

—Pero hay una condición —añadió Lucille—. Solo uno de ustedes recordará lo vivido… si el ciclo se rompe.

—¿Qué? —dijo Clara, alarmada.

—Uno seguirá amando. El otro, olvidará. El precio de romper una historia mal escrita… es renunciar a escribirla de nuevo.

Clara miró a Liam, y por primera vez deseó que nada fuera mágico. Que el amor bastara.

—Entonces elegiremos juntos —dijo él.

Frente al farol roto, bajo un cielo cubierto de estrellas sin luna, Clara alzó su violín. Liam afinó su guitarra.

Los dedos temblaban. Las miradas ardían. Tocaron.

La melodía emergió suave, dolorosa, hermosa. Era como oír una despedida que al mismo tiempo era un comienzo.

A su alrededor, las luces de los faroles parpadearon. El aire se volvió espeso. Y entonces… el tiempo se detuvo.

Una figura apareció entre la niebla.

Andrew.

Con la moneda en la mano.

—Clara —dijo él—. Yo también amé. Y fallé. Pero no quiero que pagues por mi cobardía.

Ella lo miró, confundida.

—¿Qué estás haciendo?

Andrew cerró los ojos.

—Elijo… que recuerdes. Que elijas tú. Que seas libre.

Y lanzó la moneda al suelo.

Una luz brotó del impacto. Clara gritó. Liam la sostuvo.

Y entonces…

Todo se desvaneció.

Cuando Clara abrió los ojos, estaba sola. Sentada frente al farol. El violín a un lado. El silencio absoluto.

Un papel en sus manos.

"Si estás leyendo esto, entonces fuiste tú quien recordó.
No sé si me amas aún, pero yo te elegí.
Yo toqué contigo. Yo sentí todo. Y lo haría de nuevo.
–L"

Ella lloró. Por lo perdido. Por lo entregado. Pero también por lo ganado.

Porque aunque Liam no recordara… ella sí.
Y eso significaba que el ciclo estaba roto.

Pero entonces, desde lejos, una melodía.

Familiar.

Una guitarra.

Clara se levantó, corriendo. Siguiendo el sonido. El corazón en llamas.

Y ahí estaba él. En la misma esquina de siempre. Tocando.
Los ojos cerrados. Las manos seguras.

Cuando la vio, se detuvo.

—Disculpa —dijo, con una sonrisa tímida—. ¿Nos conocemos?

Clara se acercó, el corazón destrozado y vivo al mismo tiempo.

—No todavía —respondió—. Pero yo... te estoy esperando.

Y mientras el sol salía sobre Nueva Orleans, una nueva historia empezaba.

Bajo los faroles de Bourbon Street.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.