Bajo mi piel

Capítulo dos.

Damián Pontis era excesivamente guapo y él lo sabía. Abby -cómo muchas otras- estuvo colgada por él desde el primer momento en que lo vio ¿Cómo no estarlo? Era un hombre ridículamente atractivo, cabello negro perfectamente peinado hacia atrás, ojos negros con pestañas largas, cuerpo de toda una vida practicando diversos deportes y una impresionante sonrisa que mostraba poco ¡Incluso era bilingüe! Nacido y criado en Italia y para su consternación un experto con las mujeres.

 

Se habían conocido en primer año de la universidad y para su mala suerte ella había caído enamorada cuándo él ni siquiera sabía de su existencia, el siguiente año sin embargo la notó, le había dado a Kerry el permiso para hacerle un cambio de look completo y sí que había funcionado.

 

Abigail era joven y estúpida, era su primer amor y de verdad no quería perder a Damián. Así qué, contrario a su naturaleza terca se volvió sumisa y sin vida. Casi un robot. Kerry, totalmente asqueada por su cambio de actitud la sacó de lo que sería probablemente el peor error de su vida. Justo la noche en la que Damián pretendía pedirle matrimonio.

 

Ella bajó las escaleras con el corazón en la garganta, de inmediato sus ojos chocaron con los de Damián que siempre le habían parecido fríos y carentes de sentimientos pero hoy brillaban con algo que ella no podía descifrar. Sin prestarle más atención de la debida Abigail alzó la barbilla y caminó orgullosamente hasta la salida en dirección a la camioneta Range Rover de Louis, tiró sus maletas en la parte trasera y al instante sintió una presencia a su lado, alzó la cabeza para ver a Damián sonriendole calidamente. Ella rodó los ojos con fastidio.

 

—Hola Abby —ella lo miró y solo quería estrangularlo y golpearlo por ser un idiota pero se contuvo. En su lugar caminó de vuelta a la casa pero él le cerró el pasó cuándo llegaron a la puerta de madera —¿Qué? ¿Me estás ignorando? Muy madura.

 

—No te ignoro, sólo me abstengo a hablar con gente que detesto —buscando una forma de escapatoria, se dio la vuelta nuevamente a la camioneta y se encerró en el asiento de copiloto. Le sonrió satisfecha a Damián que sólo la miró con una expresión sombría en su rostro, justo a tiempo los demás salieron de la casa.

 

Kerry se detuvo a mitad de una frase asesinándola con la mirada, ella quería ir al frente con Louis pero luego miró a Damián a un lado de la camioneta y entendió un poco, aunque seguro cómo el infierno que Abby la iba a pagar caro. Adrián, Kerry y Damián subieron a la parte trasera y Louis al verla en el asiento de copiloto casi soltó un suspiro de alivio al ver que no era Kerry, así que todos se acomodaron y empezaron su viaje.

 

***

 

—¡Juro que voy a arrancarte la cabeza pedazo de idiota! —chilló Kerry por quinta vez consecutiva. Si Abby hubiese sabido que un viaje de tres horas con sus amigos iba a ser tan estresante definitivamente hubiera tomado el autobús.

 

—¿Quieren callarse? —gruñó Louis pasando los dedos por su cabello oscuro, cómo si estuviera al borde de un colapso nervioso. Aunque Abby probablemente estaba aún peor.

 

—¡No puedo! Adrián es jodidamente insoportable — Kerry se quejó como una niña pequeña golpeando el brazo de Adrián con fuerza, éste la miró con cara de asesinato.

 

—¡¿Quieren quedarse quietos de una maldita vez?! —gritó Damián con las orejas rojas de la rabia.

 

—No eres exactamente un rayito de sol, señor popularidad —murmuró Kerry, sacó su labial y un espejo y comenzó a retocar su maquillaje cuando Adrián "accidentalmente" movió el codo más de lo que debía haciendo una enorme mancha roja en la suave mejilla de Kerry.

 

—¡Maldito...!

 

—¡Muy bien! —gritó Louis antes de que se mataran a golpes, aunque Abby no los abría detenido, ya la tenían estresada y si haciendo que se mataran le traía un poco de felicidad pues... Felices juegos del hambre —Parare por instrucciones y gasolina. Todos pueden bajar por provisiones.

 

Kerry guardó sus garras perfectamente pintadas de rosa para sacar una toallita húmeda y empezar a limpiar su cara, todos bajaron a regañadientes del auto, Abby se dirigió a la tienda con Damián y Adrián mientras Kerry corría al baño para arreglar su error de maquillaje. Después de dar vueltas alrededor ignorando a Damián, Abby se las arregló para llevar dos bolsas de comida chatarra al mostrador, iba a pagar pero Damián se adelantó y ella no hizo nada para detenerlo ¿Quién se negaría a la comida gratis?

 

Se detuvo en seco al salir de la tienda. La jodida Kerry Lenox le sonreía satisfecha desde el asiento del copiloto. Ahora más furiosa y resignada que nunca, Abby se metió en la parte trasera del auto en medio de Adrián y Damián.

 

Y pensar que aún quedaban dos horas de viaje.

 

***

 

Abby estaba al borde del asesinato. Con la cabeza de Adrián cayendo cada pocos minutos en su pequeño hombro (que por cierto ya estaba completamente lleno de baba), los intentos de coqueto de Kerry hacia Louis y Damián tocandola innecesariamente y diciéndole idioteces cómo que la extrañaba.

 

—¿Cuánto falta Louis? —preguntó con una engañosa calma que no sentía.

 

—Creo que... Oh mira, ahí está —dijo aliviado señalando una entrada a pocos metros. Eran dos enormes puertas de madera y a un lado decía "Bienvenidos a la hacienda St Anne" un hombre los esperaba en la entrada, usaba botas, camisa de botones y un sombrero vaquero, era rubio y jodidamente atractivo. ¡Dios! Si todos los hombres se vieran así.

 

—¡Hola Kerry! —dijo rápidamente arrastrando las palabras, Kerry parecía completamente aburrida y Abby estuvo tentada a patear a su amiga por mostrarse tan estoica —Y hola amigos, mi nombre es Joshua Garroway y ésta es la hacienda de mi familia, me alegra que hayan venido ¡Phil, abre las puertas!




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