Bajo su Imperio

Capítulo 10 La traición más cercana

La noche parecía no terminar nunca en la Mansión Vescari. La lluvia había regresado con fuerza, golpeando los ventanales como si intentara advertirles que algo oscuro estaba a punto de ocurrir. Dentro de aquella fortaleza de mármol y acero, todos permanecían en alerta. Las palabras de Gabriel Moretti habían cambiado completamente el rumbo de la búsqueda de Alessandro.
El enemigo no estaba afuera.
No estaba escondido en una ciudad lejana.
No era un rival desconocido esperando atacar.
Era alguien que había compartido su mesa.
Alguien que había ganado su confianza.
Alguien que conocía cada rincón de su imperio.
Alessandro permanecía en su despacho con la mirada fija en la ciudad iluminada a través del cristal. Durante años había construido una imagen de hombre invencible. Nadie podía verlo dudar. Nadie podía verlo sufrir.
Pero aquella noche, por primera vez en mucho tiempo, sentía que todo aquello que había construido podía desmoronarse.
Marco Bellini entró sin anunciarse.
—Los hombres revisaron todos los registros.
Alessandro no se giró.
—¿Encontraron algo?
—No todavía.
Un silencio.
—Pero hay algo extraño.
Alessandro finalmente lo miró.
—Habla.
Marco dejó una carpeta sobre el escritorio.
—Durante la noche del incendio, alguien modificó los informes internos de seguridad.
Los ojos de Alessandro se endurecieron.
—¿Quién tenía acceso?
Marco respiró profundamente.
—Solo cinco personas.
—Nómbralas.
—Usted.
Hizo una pausa.
—Yo.
Otra pausa.
—Lorenzo Bardi.
Alessandro no reaccionó.
—¿Y las otras dos?
—Personas que murieron hace años.
El silencio fue absoluto.
Porque la respuesta era evidente.
El traidor seguía vivo.

En la habitación de Elena, ella permanecía sentada junto a la ventana observando la tormenta.
Había escuchado parte de la conversación entre Alessandro y Gabriel.
Aunque no conocía todos los detalles, entendía algo.
Su existencia estaba relacionada con una guerra que había comenzado mucho antes de su nacimiento.
Tomó el cuaderno antiguo entre sus manos.
Cada página parecía esconder una parte de ella misma.
Una historia que otros habían decidido guardar.
Una vida que otros habían elegido proteger.
Pero también una vida que otros habían utilizado.
La puerta se abrió suavemente.
Era Alessandro.
Ella levantó la mirada.
Durante unos segundos ninguno habló.
La distancia entre ellos ya no era la misma.
Había miedo.
Había dudas.
Pero también había algo más.
Una conexión imposible de negar.
—¿Encontraron al traidor? —preguntó Elena.
Alessandro negó.
—Todavía no.
—Pero sabe quién puede ser.
Él permaneció en silencio.
Ella lo entendió.
—Es alguien cercano.
—Sí.
—¿Alguien en quien confiaba?
La mandíbula de Alessandro se tensó.
—Demasiado.
Elena bajó la mirada.
—Debe doler.
Aquella frase sencilla tuvo más efecto que cualquier otra.
Porque ella no estaba hablando del hombre poderoso.
Estaba hablando del hombre herido.
—El dolor no es nuevo para mí.
—Pero eso no significa que sea más fácil.
Alessandro la observó.
Y durante unos segundos olvidó todos los peligros que los rodeaban.

En otro sector de la mansión, Lorenzo Bardi caminaba por un pasillo vacío.
Su teléfono vibró.
Miró la pantalla antes de responder.
—Habla.
La voz del otro lado era fría.
—¿La muchacha sigue viva?
Lorenzo miró hacia las escaleras que llevaban al ala de habitaciones.
—Sí.
—Entonces aún no has cumplido.
—No es tan sencillo.
Una pausa.
—¿Estás dudando?
Lorenzo apretó los dientes.
—No.
—Más te vale.
La llamada terminó.
Lorenzo guardó el teléfono.
Pero por primera vez en años sintió algo que creía olvidado.
Culpa.
Porque había servido a la persona equivocada.
Pero también sabía que ya era demasiado tarde para escapar.

A la mañana siguiente, Alessandro reunió a todos sus hombres.
La sala de reuniones estaba llena.
Nadie sabía el motivo exacto.
Pero todos podían sentir la tensión.
Alessandro permaneció de pie frente a ellos.
—Alguien dentro de esta organización nos traicionó.
Nadie habló.
—Durante años confié en personas que consideraba familia.
Su mirada recorrió la mesa.
—Pero la lealtad no se demuestra con palabras.
Se demuestra cuando nadie está mirando.
Lorenzo permanecía serio.
Demasiado serio.
Marco lo observó de reojo.
—Desde hoy, todos serán investigados.
Algunos hombres intercambiaron miradas.
—Nadie queda fuera.
Ni siquiera quienes han estado conmigo desde el principio.
Aquella última frase cayó como una amenaza.
Porque todos entendieron el mensaje.
Alessandro no permitiría excepciones.

Después de la reunión, Marco alcanzó a Alessandro en el pasillo.
—¿Sospecha de Lorenzo?
El mafioso siguió caminando.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué no lo enfrenta?
—Porque si Lorenzo es solo una pieza…
Se detuvo.
—Quiero encontrar al jugador.
Marco asintió.
—¿Y Elena?
Alessandro cambió inmediatamente la expresión.
—Ella queda bajo mi protección.
—Eso podría convertirla en el objetivo principal.
—Ya lo es.
—Entonces está dispuesto a arriesgarlo todo.
Alessandro lo miró.
—Ya lo hice.

Esa tarde, Elena encontró a Gabriel en la biblioteca.
El hombre observaba algunos documentos antiguos.
Cuando ella entró, él sonrió con tristeza.
—Sabía que vendrías.
Ella se sorprendió.
—¿Por qué?
—Porque siempre fuiste curiosa.
Elena sintió un extraño vacío.
Como si una parte de ella reconociera aquella voz.
—Quiero recordar.
Gabriel cerró los documentos.
—Algunos recuerdos regresan cuando estamos preparados.
—Estoy cansada de que todos decidan cuándo estoy preparada.
Él bajó la mirada.
—Tienes razón.
Ella se acercó.
—Dime la verdad sobre mi familia.
Gabriel respiró profundamente.
—Tu padre descubrió algo que jamás debió descubrir.
—¿Qué?
—Que existía una alianza secreta entre las familias más poderosas del submundo.
Elena frunció el ceño.
—¿Y qué tenía que ver conmigo?
Gabriel la miró.
—Tu padre encontró pruebas capaces de destruirlos.
—¿Dónde están esas pruebas?
El silencio fue inmediato.
Demasiado evidente.
—Gabriel…
Él respondió lentamente.
—Dentro de ti.
Elena quedó paralizada.
—¿Qué significa eso?
—Tu padre sabía que iban a buscarte.
Por eso escondió la información donde nadie pudiera encontrarla.
—¿Dónde?
Gabriel señaló su propia cabeza.
—En tus recuerdos.




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