El estampido del disparo todavía resonaba entre los árboles cuando el cuerpo del muchacho se tambaleó hacia atrás.
Alessandro Vescari sintió que el mundo se detenía por segunda vez en su vida.
Durante doce años había imaginado aquel encuentro de mil maneras diferentes.
Había soñado con abrazar a su hijo.
Con pedirle perdón por no haber llegado a tiempo.
Con prometerle que jamás volvería a dejarlo solo.
Pero nunca imaginó que el primer instante en que volvería a verlo estaría teñido por la sangre.
—¡Leon!
El nombre escapó de sus labios antes de que pudiera contenerlo.
El joven abrió lentamente los ojos.
La sorpresa se mezcló con el dolor.
Llevó una mano a su costado mientras la sangre comenzaba a empapar su camisa oscura.
Sin embargo, aún permanecía de pie.
—¿Cómo… sabes mi nombre?
La voz era apenas un hilo.
Alessandro avanzó rápidamente y lo sostuvo antes de que cayera.
Al tocarlo sintió un estremecimiento imposible de describir.
Era como abrazar un recuerdo que había permanecido congelado durante doce años.
Sus manos temblaban.
No por miedo.
Sino porque, por primera vez desde el incendio, volvía a sostener aquello que creyó perdido para siempre.
—Porque soy tu padre.
Leon permaneció inmóvil.
Sus ojos grises buscaron los de Alessandro.
Había visto ese rostro muchas veces.
En sueños.
En recuerdos incompletos.
En dibujos que jamás lograba terminar.
Siempre aparecía un hombre que intentaba alcanzarlo entre el humo.
Nunca comprendió quién era.
Hasta ese instante.
Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.
—Entonces… era verdad…
Alessandro sintió un nudo en la garganta.
No encontró palabras.
Solo lo abrazó con fuerza.
Durante unos segundos el bosque entero desapareció.
No existían mafias.
No existían venganzas.
No existían imperios.
Solo un padre y un hijo que el destino había separado demasiado tiempo.
Un nuevo disparo rompió aquel instante.
La bala impactó contra el tronco de un árbol a pocos centímetros de ambos.
Alessandro reaccionó de inmediato.
Empujó suavemente a Leon detrás de una enorme roca.
Extrajo su arma y buscó el origen del ataque.
Nada.
Solo la niebla.
Y el silencio.
Demasiado silencio.
El mafioso comprendió inmediatamente que el francotirador era un profesional.
No buscaba una muerte rápida.
Buscaba obligarlo a moverse.
A cometer un error.
Leon respiraba con dificultad.
—No… dejes que escape…
Alessandro negó.
—Primero te sacaré de aquí.
El muchacho sonrió débilmente.
—Hablas igual… que en mis sueños…
Aquellas palabras atravesaron el corazón de Alessandro.
Mientras tanto, en la capilla, Elena sintió un dolor repentino en el pecho.
Se llevó una mano al corazón.
Respiró profundamente.
Gabriel la observó preocupado.
—¿Qué ocurre?
Ella cerró los ojos.
Las imágenes comenzaron a aparecer otra vez.
Veía el lago.
La niebla.
Y una figura tendida sobre el suelo.
Después escuchó claramente una voz infantil.
“Prométeme que nunca nos separaremos.”
Elena abrió los ojos sobresaltada.
—Leon.
Gabriel quedó inmóvil.
—¿Qué pasa con él?
—Está herido.
Marco frunció el ceño.
—¿Cómo puedes saberlo?
Ella no supo responder.
Simplemente lo sentía.
Como si un hilo invisible uniera ambos destinos desde mucho antes de que pudieran recordarlo.
Lord Octavian observó el bosque desde la entrada de la capilla.
Su experiencia le decía que algo mucho más grande estaba ocurriendo.
Se volvió hacia Gabriel.
—¿Conservaste las páginas?
Gabriel abrió el interior de su chaqueta.
Había logrado rescatar varias hojas del cuaderno antes del ataque.
Pero algo llamó inmediatamente su atención.
Faltaba una.
La más importante.
La página donde aparecía el nombre del responsable del incendio.
Lord Octavian cerró lentamente los ojos.
—Entonces ya comenzó.
—¿Qué comenzó?
Preguntó Marco.
—La última fase del plan de Adrián Valmont.
En lo profundo del bosque, una figura encapuchada corría entre los árboles sosteniendo la hoja robada.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se detuvo.
Observó el documento.
Sonrió.
Después levantó un pequeño transmisor.
—Ya la tengo.
Del otro lado respondió una voz serena.
—Perfecto.
¿Alessandro encontró al muchacho?
—Sí.
La respuesta tardó apenas un segundo.
—Entonces elimínenlos a los dos.
La comunicación terminó.
La figura volvió a correr.
No advirtió que alguien la observaba desde las sombras.
Damián.
El antiguo enemigo había escuchado toda la conversación.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Podía dejar que todo terminara.
Al fin y al cabo, Alessandro había sido su rival durante años.
Sin embargo, recordó las palabras que él mismo había pronunciado en la iglesia.
“Tú elegiste convertirte en monstruo.”
Aquella frase seguía resonando dentro de él.
Respiró profundamente.
Por primera vez en muchos años decidió hacer algo que no beneficiaba a su propio imperio.
Comenzó a seguir al encapuchado.
Alessandro improvisó un vendaje sobre la herida de Leon.
La bala había atravesado el costado sin alcanzar órganos vitales.
Aun así, el muchacho perdía demasiada sangre.
—Resiste.
Leon sonrió apenas.
—Siempre pensé… que si algún día encontraba a mi padre…
Sería diferente.
Alessandro levantó la mirada.
—¿Cómo lo imaginabas?
—Más viejo.
Ambos rieron suavemente.
Fue una risa breve.
Dolorosa.
Pero auténtica.
Editado: 10.08.2026