Bajo su Imperio

Capítulo 45 La mujer que volvió del pasado

El silencio se volvió insoportable.

Los soldados del Primer Consejo permanecían inmóviles formando dos largas filas a ambos lados del camino.

En el centro, la mujer encadenada avanzaba con pasos lentos.

El velo negro ocultaba completamente su rostro.

Solo podía verse parte de su cabello oscuro cayendo sobre los hombros.

Vittorio había perdido el color del rostro.

Sus manos temblaban.

Alessandro nunca lo había visto así.

—¿Quién es?

Preguntó con la voz contenida.

El anciano tardó varios segundos en responder.

—Si realmente es quien creo…

Entonces toda nuestra historia fue una mentira.

Damián observó la reacción de Vittorio.

Una sonrisa apenas perceptible apareció en sus labios.

No era alegría.

Era satisfacción.

Había esperado aquel momento durante décadas.

—Veo que todavía la recuerdas.

Vittorio dio un paso adelante.

—Eso es imposible.

Yo mismo…

Su voz se quebró.

No pudo terminar la frase.

Elena miró a Alessandro.

Comprendía que aquel instante cambiaría nuevamente el rumbo de sus vidas.

La mujer se detuvo frente a Damián.

Los soldados soltaron lentamente las cadenas.

El anciano levantó una mano.

Con un movimiento lento retiró el velo que cubría su rostro.

Un murmullo recorrió toda la plaza.

Era una mujer de unos cincuenta años.

Su belleza seguía siendo serena a pesar del paso del tiempo.

Sus ojos verdes reflejaban un cansancio inmenso.

Pero también una fortaleza inquebrantable.

Vittorio sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—Sofía…

Susurró.

La mujer levantó lentamente la mirada.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—Hola, Vittorio.

Habían pasado más de treinta años desde la última vez que se vieron.

Alessandro permanecía inmóvil.

Miraba alternativamente a la mujer y a Vittorio.

Algo dentro de él comenzó a estremecerse.

—¿Quién es ella?

Preguntó.

Vittorio cerró los ojos.

No encontraba las palabras.

Fue Sofía quien respondió.

—Soy la mujer que debía morir la noche en que todo comenzó.

El silencio volvió a extenderse.

Damián disfrutaba cada segundo.

Sabía que la verdad podía destruir más que cualquier arma.

Gabriel abrió nuevamente el Libro de los Elegidos.

Las páginas comenzaron a moverse por sí solas.

Una frase apareció lentamente.

“La verdad siempre llega.

Nunca llega intacta.”

Gabriel sintió un escalofrío.

Parecía escrita exactamente para aquel momento.

Sofía caminó despacio hasta quedar frente a Alessandro.

Lo observó durante largos segundos.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

Levantó una mano temblorosa.

Acarició apenas su mejilla.

—Te pareces tanto a ella…

Alessandro permanecía inmóvil.

No entendía.

—¿A quién?

—A tu madre.

Respondió Sofía.

Elena sujetó discretamente la mano de Alessandro.

Podía sentir el conflicto que comenzaba a crecer dentro de él.

Damián habló con absoluta tranquilidad.

—Durante todos estos años les hicieron creer que solo existía una versión de la historia.

Pero toda guerra tiene dos relatos.

Renzo respondió con firmeza.

—Y los traidores siempre intentan escribir el segundo.

Damián sonrió.

—O los vencedores escriben el primero.

Vittorio reunió fuerzas.

Miró directamente a Sofía.

—¿Por qué no regresaste?

Ella respondió con tristeza.

—Porque nunca pude escapar.

Damián jamás me permitió hacerlo.

El anciano no negó aquellas palabras.

Solo observaba.

Como quien espera que la verdad termine de destruir a sus enemigos.

Madre Isabel avanzó lentamente.

Observó a Sofía con inmensa compasión.

—Pensamos que habías muerto.

Sofía asintió.

—Eso era exactamente lo que él necesitaba que todos creyeran.

Señaló a Damián.

—Mientras el mundo lloraba mi muerte…

Yo vivía prisionera.

Alessandro respiró profundamente.

Sentía que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Había aprendido que el poder destruía familias.

Ahora comprendía que también podía borrar vidas enteras.

Elena lo abrazó suavemente.

No necesitaban palabras.

Solo permanecer juntos.

Elías Segundo observaba atentamente a Damián.

Algo no terminaba de convencerlo.

Demasiadas piezas comenzaban a encajar.

Demasiadas casualidades.

Se acercó lentamente a Sofía.

—Hay algo que aún no has contado.

Ella bajó la cabeza.

Permaneció varios segundos en silencio.

Finalmente levantó nuevamente la vista.

—Porque todavía no encontré el valor.

Damián perdió por primera vez parte de su serenidad.

—No digas una palabra más.

Ordenó.

Sofía lo miró directamente.

Después de treinta años ya no existía miedo en sus ojos.

—Toda mi vida obedecí por temor.

Hoy hablaré por libertad.

El anciano dio un paso hacia ella.

Los soldados tensaron inmediatamente sus armas.

Pero Alessandro se interpuso entre ambos.

—Nadie volverá a silenciarla.

Sofía respiró profundamente.

Las lágrimas seguían cayendo por su rostro.

Miró a Vittorio.

Después a Alessandro.

Finalmente comenzó a hablar.

—La noche del incendio…

No fue un accidente.

Todos permanecieron inmóviles.

Ella continuó.

—Tampoco fue una venganza.

Fue una ejecución cuidadosamente preparada.

Gabriel sintió un nudo en el estómago.

Cada palabra cambiaba todo cuanto creían saber.

—Aquella noche…

Continuó Sofía.

Había otra persona dentro de la casa.

Vittorio abrió los ojos con incredulidad.

—No…

Ella asintió lentamente.

—Sí.

Y esa persona sobrevivió.




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