Bajo su Imperio

Capítulo 47 El regreso de la sombra

La ciudad subterránea ya no parecía un refugio.

Parecía el escenario donde todas las verdades enterradas durante décadas habían decidido despertar al mismo tiempo.

El eco de la explosión todavía recorría los antiguos túneles.

El polvo descendía lentamente desde el techo de piedra.

Los Custodios miraban hacia la entrada con las armas preparadas.

Los soldados del Primer Consejo permanecían inmóviles, esperando una orden.

Y en medio de todo aquel caos, Alessandro solo podía pensar en una cosa.

Proteger a Elena.

No porque fuera una obligación.

No porque fuera parte de una estrategia.

Sino porque ella se había convertido en la única persona capaz de recordarle que todavía existía algo dentro de él que no estaba destruido.

Ella apretó su mano.

—Alessandro…

Él la miró.

—¿Qué?

Elena respiró profundamente.

—Tengo miedo.

Aquella confesión lo sorprendió.

Nunca la había escuchado admitirlo.

Ella siempre había sido fuerte.

Incluso cuando todo parecía perdido.

Alessandro acercó su rostro al de ella.

—Yo también.

Elena lo miró sorprendida.

—¿Tú?

Él asintió.

—Tengo miedo de perderte.

Por primera vez en mucho tiempo, Alessandro no ocultó su vulnerabilidad.

Y Elena comprendió que aquel hombre que todos llamaban rey del miedo era, en realidad, alguien que había pasado toda su vida intentando no volver a perder a nadie.

Un sonido de pasos comenzó a escucharse desde el corredor principal.

No eran cientos.

No eran soldados.

Era una sola persona.

Pero todos sintieron su presencia.

Los hombres de Damián se apartaron lentamente.

Como si incluso ellos respetaran a quien estaba llegando.

Una figura apareció entre la oscuridad.

Llevaba un largo abrigo negro.

Caminaba con tranquilidad.

Sin escolta.

Sin armas visibles.

Al acercarse a la luz, todos pudieron ver su rostro.

Vittorio dejó escapar un suspiro lleno de incredulidad.

—No…

Otra vez esa palabra.

Otra vez el pasado regresando para reclamar su lugar.

Alessandro observó al hombre.

—¿Quién es?

Vittorio tardó en responder.

—Alguien que fue mi hermano.

Renzo frunció el ceño.

—¿Fue?

Vittorio bajó la mirada.

—Porque murió hace veinte años.

El hombre se detuvo en el centro de la plaza.

Sus ojos recorrieron a todos los presentes.

Finalmente se detuvieron en Alessandro.

Una sonrisa triste apareció en su rostro.

—Así que tú eres el hijo de Vittorio.

Alessandro no respondió.

—¿Quién eres?

El hombre miró a Vittorio.

Después a Sofía.

Luego a Damián.

—Mi nombre es Marco Bellini.

Y soy la persona que todos necesitaron creer muerta.

El silencio fue absoluto.

Damián fue el primero en hablar.

—No deberías existir.

Marco sonrió.

—Esa frase parece gustarte mucho.

Primero con Sofía.

Después conmigo.

Siempre has necesitado que las personas desaparezcan para que tus mentiras funcionen.

La expresión de Damián se endureció.

Elías Segundo observaba con atención.

Cada nueva revelación hacía más evidente que el imperio construido sobre secretos comenzaba a derrumbarse.

—¿Por qué has regresado ahora?

Preguntó.

Marco respondió:

—Porque llegó el momento de terminar lo que comenzó.

Se giró hacia Alessandro.

—Y porque él debe conocer toda la verdad.

Alessandro sintió una tensión creciente.

Toda su vida había pensado que la historia era sencilla.

Un padre muerto.

Una familia destruida.

Una venganza pendiente.

Pero cada día descubría que la realidad era mucho más oscura.

—Habla.

Ordenó.

Marco lo observó.

—Tu madre no murió por accidente.

Alessandro apretó la mandíbula.

Aunque ya había escuchado esa frase antes, cada vez dolía igual.

—Eso ya lo sé.

Marco negó.

—No.

No sabes lo más importante.

Elena miró a Marco.

Algo en su forma de hablar le decía que no buscaba poder.

Buscaba reparar una deuda.

—¿Qué falta saber?

Preguntó ella.

Marco la observó con respeto.

—Que tu familia y la de Alessandro estaban unidas mucho antes de lo que imaginan.

Gabriel abrió el Libro de los Elegidos.

Las páginas comenzaron a moverse.

Una nueva marca apareció.

Dos símbolos unidos.

Dos linajes.

Una misma historia.

Marco continuó.

—El Sexto Imperio nunca fue creado para que una persona gobernara.

Fue creado para impedir que alguien gobernara solo.

Damián intervino.

—Palabras bonitas.

Pero el mundo no funciona así.

Marco lo miró.

—Por eso perdiste.

Porque nunca entendiste que un imperio basado en el miedo siempre termina quedándose vacío.

Alessandro observó a Damián.

Por primera vez vio algo distinto.

No un enemigo.

No un monstruo.

Vio a un hombre atrapado por su propia obsesión.

Un hombre que había construido una prisión y después se había convertido en su prisionero.

Sofía se acercó lentamente a Alessandro.

—Hay algo más que debes saber.

Él la miró.

—¿Qué?

Ella tomó aire.

—Tu madre no fue la única persona que sobrevivió aquella noche.

El corazón de Alessandro se detuvo por un instante.

—¿Qué significa?

Sofía bajó la mirada.

—Significa que alguien de tu familia estuvo vivo durante todos estos años.

Elena sintió un escalofrío.

La historia parecía repetirse.

Cada respuesta abría nuevas preguntas.

—¿Quién?

Sofía miró hacia Marco.

Él permaneció en silencio.

Demasiado silencio.

Alessandro comprendió.

—Tú lo sabes.

Marco asintió.

—Sí.

Damián observaba todo con una mezcla de furia y preocupación.




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