Bajo su Imperio

Capítulo 56 El fundador olvidado

El documento permanecía abierto sobre la antigua mesa de piedra.

Nadie hablaba.

Todos habían esperado encontrar un nombre conocido.

Un apellido poderoso.

Una familia antigua.

Pero no encontraron nada de eso.

Encontraron un nombre que había sido borrado de la historia.

Adrian Valmont.

El fundador olvidado.

Alessandro observó la firma durante varios segundos.

—Nunca escuché ese nombre.

Gabriel pasó sus dedos por las páginas antiguas.

—Porque alguien se aseguró de que desapareciera.

Elías Segundo sintió un escalofrío.

—No desapareció.

Fue eliminado.

Elena miró el documento.

—¿Quién era?

Gabriel levantó la vista.

—El primer hombre que comprendió que un imperio no podía depender de una familia.

Renzo frunció el ceño.

—Entonces, ¿por qué fue borrado?

El anciano respondió:

—Porque intentó hacer algo que todos los demás temían.

Renunciar al poder.

Alessandro observó la corona sobre el altar.

Ahora comprendía la verdadera razón por la que tantas personas habían luchado durante generaciones.

No buscaban proteger un legado.

Buscaban poseerlo.

Cada generación había repetido el mismo error.

Creer que el poder era una recompensa.

Cuando siempre había sido una prueba.

Sebastián permanecía en silencio.

Ya no tenía la seguridad del hombre que había entrado al santuario.

La decisión de Elena había destruido algo más fuerte que cualquier arma.

Había destruido la idea de que alguien podía controlar su destino.

—Tu padre sabía.

Dijo finalmente.

Elena lo miró.

—¿Qué sabía?

Sebastián bajó la mirada.

—Que el imperio terminaría cuando apareciera alguien capaz de rechazarlo.

Alessandro observó a Elena.

Ella no buscaba una corona.

No buscaba una posición.

No buscaba que otros se inclinaran ante ella.

Y precisamente por eso era la única persona que podía haber llegado hasta allí.

La puerta secreta comenzó a abrirse nuevamente.

Todos se prepararon.

Pero esta vez no apareció un ejército.

Apareció una grabación.

Una imagen antigua comenzó a proyectarse sobre la pared.

Un hombre de cabello oscuro apareció frente a ellos.

Adrian Valmont.

El primer fundador.

Su voz llenó el santuario.

“Si están viendo este mensaje, significa que finalmente alguien encontró la verdad.”

Todos permanecieron atentos.

“Durante años creé una estructura de poder pensando que podía proteger a las personas que amaba.”

La imagen mostró antiguos territorios, familias y alianzas.

“Pero descubrí demasiado tarde que un sistema creado para proteger puede convertirse en una prisión.”

Alessandro sintió un peso en el pecho.

Porque aquellas palabras parecían escritas para él.

Él también había construido muros creyendo que eran protección.

Hasta que Elena le enseñó que algunos muros solo servían para mantener alejados a quienes podían salvarlo.

La grabación continuó.

“El verdadero heredero no será quien conquiste el imperio.

Será quien tenga el valor de terminarlo.”

Elena miró a Alessandro.

Ambos entendieron.

Todo había conducido hasta ese momento.

Damián dio un paso hacia la pantalla.

—Entonces todo lo que hice…

Fue inútil.

Alessandro lo observó.

Por primera vez no había odio entre ellos.

Solo cansancio.

—No fue inútil.

Damián levantó la mirada sorprendido.

—¿Qué dices?

—Tus errores nos trajeron hasta aquí.

Pero ahora debes decidir si seguirás siendo prisionero de ellos.

Damián permaneció en silencio.

Durante años había creído que pedir perdón era una debilidad.

Pero ahora comprendía que reconocer la culpa requería más fuerza que esconderla.

Adriano se acercó lentamente.

Todavía estaba herido, pero caminaba con firmeza.

Se detuvo junto a Alessandro.

Por primera vez estaban uno al lado del otro.

No enfrentados.

—Nunca pensé que este sería el final.

Dijo Adriano.

Alessandro respondió:

—Tampoco yo.

Adriano sonrió levemente.

—Toda mi vida pensé que debía vencerte.

Ahora entiendo que debía encontrarte.

Elena observó a los dos hermanos.

Dos hombres que habían nacido de la misma tragedia.

Uno había elegido proteger.

El otro había aprendido finalmente a hacerlo.

Sebastián se acercó.

—Hay algo más.

Todos lo miraron.

Sacó un pequeño sobre antiguo.

—Lucien dejó esto para Elena.

Ella lo tomó.

Sus manos temblaron.

Otra carta.

Otra verdad.

Abrió el sobre.

La letra de su padre apareció nuevamente.

“Hija:

Si llegaste hasta aquí, significa que no elegiste el camino que otros querían para ti.

Y esa era mi mayor esperanza.”

Elena continuó leyendo.

“Tu mayor poder nunca estuvo en tu sangre.

Estuvo en tu capacidad de elegir.

Nunca permitas que alguien te diga que naciste para obedecer un destino escrito por otros.”

Una lágrima cayó sobre la carta.

Alessandro se acercó.

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

No necesitaba decir nada.

Él estaba allí.

Pero entonces Gabriel descubrió algo en el documento del fundador.

Una pequeña inscripción oculta.

—Esperen.

Todos lo miraron.

—Hay una última advertencia.

Renzo preguntó:

—¿Cuál?

Gabriel leyó lentamente:

“Cuando el último heredero renuncie al poder, el verdadero enemigo despertará.”

El silencio volvió.

Elías Segundo palideció.

—No.

No puede ser.

Alessandro lo miró.

—¿Qué significa?

El anciano señaló la pared.

Una nueva grieta apareció.

Detrás de la piedra había otro símbolo.

Más antiguo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.