Bajo su nombre

Prólogo

Adnan Al-Kareem aprendió temprano que el poder no se alza: se sostiene.

Que un apellido no se defiende con promesas, sino con hechos. Y que el amor —cuando se cruza en el camino del deber— es lo primero que se debe sacrificar.

Para él, el matrimonio nunca fue una elección. Era estructura. Continuidad. Orden. Una pieza necesaria en un sistema que no admite grietas.

Hasta que una firma cambió el peso de su realidad. Hasta que un nombre extranjero entró en su mundo sin pedir permiso, desafiando siglos de tradición. Hasta que descubrió que hay silencios tan densos… que uno olvida lo que se siente respirar en libertad.

Adnan pensó que podía contenerlo todo bajo su control.

Aún no sabía que hay mujeres que no nacieron para encajar en estructuras ajenas, sino para obligar a un hombre a reconstruir el significado de su propio nombre.




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