Bajo tu custodia

Capítulo 15

Demasiado cerca

La noche era pesada y silenciosa.

Ariadna no podía dormir. Otra vez. Llevaba más de una hora dando vueltas en la cama, con la camiseta pegada al cuerpo por el calor y la frustración. El aire de la habitación se sentía cargado, como si las paredes supieran todo lo que no se decían abajo.

Finalmente se levantó, bajó las escaleras descalza y se dirigió a la cocina a buscar un vaso de agua fría.

Dante estaba allí.

Sentado en uno de los taburetes altos de la isla, con un vaso de whisky en la mano y la mirada perdida en la nada. Solo llevaba pantalones negros de pijama y nada más. El torso desnudo, los músculos marcados por la luz tenue de la lámpara sobre la mesada. El cabello revuelto. La expresión de alguien que no había dormido en días.

Cuando la vio entrar, levantó la cabeza de golpe. Sus ojos oscuros la recorrieron lentamente: las piernas desnudas, la camiseta oversized que apenas le cubría los muslos, el cabello suelto y revuelto.

Ninguno de los dos habló durante varios segundos.

Ariadna abrió la heladera, sacó la botella de agua y se sirvió un vaso. Bebió un sorbo largo, intentando ignorar cómo el corazón se le aceleraba.

Dante no apartaba la mirada.

—Estás temblando —dijo él en voz baja y ronca.

—No es por frío —respondió ella sin mirarlo.

El silencio volvió a caer, denso y eléctrico.

Dante dejó el vaso sobre la isla y se levantó lentamente. No se acercó demasiado, pero su presencia llenaba toda la cocina.

—Ariadna… —su voz sonó cansada, rota—. No puedo seguir así. Verte todos los días y no poder tocarte me está matando. Dormir sabiendo que estás a solo una pared de distancia… es una tortura.

Ella dejó el vaso con fuerza sobre la mesada y finalmente lo miró.

—¿Y creés que para mí es fácil? ¿Creés que no me acuerdo de todo lo que fuimos? ¿Que no recuerdo cómo me tocabas, cómo me mirabas? —su voz subió de tono, cargada de dolor y rabia—. Pero yo no elegí esto. Vos elegiste desaparecer. Vos elegiste dejarme sola.

Dante dio un paso hacia ella. Esta vez Ariadna no retrocedió. Estaban demasiado cerca. Podía sentir el calor que emanaba de su piel desnuda.

—Nunca dejé de pensarte —confesó él, la voz grave y dolorida—. Ni un solo día. Intenté… intenté sacarte de mi cabeza. Salí con otras mujeres. Me acosté con otras. Pensé que si tocaba a alguien más, si sentía otro cuerpo, podría olvidarte.

Ariadna sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

El golpe fue brutal.

Sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia y dolor en menos de un segundo.

—¿Te acostaste con otras? —preguntó con la voz temblorosa, casi un susurro roto.

Dante cerró los ojos un instante, como si le doliera decirlo.

—Sí —admitió con crudeza—. Dos veces. Solo sexo. Sin nombres, sin repetir. Pensé que me ayudaría. Pero cada vez que cerraba los ojos eras vos. Cada vez que tocaba a otra, era tu piel la que sentía. Terminaba odiándome más. Terminaba sintiéndome más vacío.

Ariadna dio un paso atrás, como si la hubieran abofeteado.

—Hijo de puta… —susurró, con la voz quebrada—. ¿Mientras yo estaba destruida, llorando por vos, reconstruyendo mi vida pedazo por pedazo… vos estabas acostándote con otras para “olvidarme”?

Dante dio un paso adelante, desesperado. Esta vez su mano se levantó instintivamente hacia ella, pero se detuvo a mitad de camino, recordando la regla.

—No significaron nada —dijo con urgencia, la voz ronca—. Nada. Solo intentaba sobrevivir sin vos. Pero nunca funcionó. Nunca pude tocar a nadie sin sentir que te estaba traicionando.

Ariadna negó con la cabeza, las lágrimas ya rodando por sus mejillas sin control.

—No tenés idea de lo que me duele escuchar eso —dijo entre dientes—. No tenés idea de cómo me hace sentir saber que mientras yo te esperaba como una idiota, vos estabas en la cama de otra.

Dante parecía destrozado. Su pecho subía y bajaba con fuerza. Tenía los ojos brillantes, la mandíbula tan apretada que parecía que iba a romperse.

—Perdón —susurró, y por primera vez su voz se quebró del todo—. Perdón por eso también. Perdón por cada cosa que te hice. Si pudiera borrar esos momentos, los borraría. Pero no puedo. Solo puedo decirte la verdad… aunque me odies más por ella.

El aire entre ellos estaba cargado de dolor, rabia y un deseo tan intenso que casi quemaba.

Ariadna dio un paso más cerca. Ahora estaban a solo centímetros. Podía sentir su respiración agitada contra su rostro.

—Quiero odiarte —susurró ella, con la voz rota—. Quiero odiarte con todo mi ser… pero mi cuerpo todavía te recuerda. Y eso me da asco.

Dante inclinó la cabeza lentamente. Sus labios quedaron a un suspiro de los de ella. No la tocó. No rompió la regla. Pero estaba tan cerca que el calor de su cuerpo la envolvía.

—Entonces déjame sufrir —murmuró él contra su boca—. Déjame pagar cada segundo. Pero no me pidas que deje de amarte… porque eso sí que no puedo hacerlo.

Ariadna cerró los ojos. Una lágrima cayó sobre el pecho desnudo de Dante.

El momento era tan intenso, tan cargado, que parecía que en cualquier segundo uno de los dos iba a romper todas las reglas.

Pero Ariadna dio un paso atrás bruscamente, rompiendo la cercanía.

—No —dijo con voz temblorosa—. No esta noche.

Se dio media vuelta y subió las escaleras casi corriendo.

Dante se quedó solo en la cocina, con el pecho agitado y el cuerpo ardiendo de deseo y culpa.

Se apoyó contra la mesada y cerró los ojos con fuerza.

El sufrimiento no había terminado.

Solo acababa de volverse mucho más profundo.

💔 Después de todo lo que salió a la luz… necesito saber:
¿Ustedes podrían perdonar algo así? 😭

Las leo en comentarios 👀✨
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