El tiempo pasó más rápido de lo que esperaba. Cuando me detuve a pensarlo, ya habían pasado dos semanas desde mi primer día, y de alguna forma, todo se había acomodado sin que tuviera que forzarlo. Los días dejaron de sentirse largos, las clases dejaron de ser un espacio incómodo y, poco a poco, empecé a moverme por el colegio con una naturalidad que antes no creía posible.
Sophia, Noah y Liam se volvieron parte de mi rutina casi sin darme cuenta. No hubo un momento exacto en el que todo cambiara, simplemente pasó. Empezamos a sentarnos juntos siempre, a hablar de cosas simples que, aunque no parecían importantes, hacían que todo se sintiera más ligero. Incluso había momentos en los que me encontraba riendo sin pensar demasiado en ello.
Lo extraño era que, en medio de todo eso, dejé de pensar en el colegio anterior. Como si hubiera quedado atrás sin hacer ruido, sin insistir en quedarse. Y aunque en otro momento eso me habría parecido imposible, ahora solo se sentía… lejano, como algo que ya no tenía lugar en lo que estaba viviendo.
Esa mañana fue diferente desde el inicio. Llegué tarde por una cita médica, y aunque normalmente eso me habría incomodado, no le di demasiadas vueltas. Caminé por los pasillos con un poco más de prisa de lo habitual, ajustando la mochila sobre mi hombro mientras pensaba en cómo entrar al aula sin interrumpir demasiado.
Sin embargo, no llegué a hacerlo.
Antes de siquiera acercarme a la puerta del salón, alguien apareció frente a mí, deteniéndose lo suficiente como para llamar mi atención.
—Mia —dijo con naturalidad—. Te estaba buscando.
Era Liam. Llevaba las manos en los bolsillos y una expresión tranquila.
—¿Qué pasó? —pregunté, bajando un poco el ritmo mientras me acomodaba el cabello.
—No vayas al aula —respondió, inclinando apenas la cabeza hacia el otro pasillo—. Están todos en el laboratorio.
Fruncí ligeramente el ceño, confundida.
—¿Laboratorio?
—Sí —añadió, empezando a caminar sin esperar demasiado—. Los del último año están viendo una película y nos dejaron ir. Sophia, Noah y los demás ya están ahí.
Lo miré un segundo antes de seguirlo, dudando solo lo suficiente como para procesar lo que acababa de decir.
—¿Y desde cuándo nos dejan hacer eso? —pregunté, caminando a su lado mientras intentaba no sonar demasiado sorprendida.
Liam soltó una pequeña risa, girando el rostro apenas hacia mí.
—Desde que nadie tiene ganas de hacer clase y los profesores tampoco —respondió con simpleza—. Aprovecha.
Negué levemente con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa se me escapó sin que pudiera evitarlo.
El pasillo hacia el laboratorio estaba más tranquilo que el resto del colegio. El sonido de voces y risas llegaba desde adentro incluso antes de que nos acercáramos del todo, creando un ambiente completamente distinto al de una clase normal.
—Están ahí —dijo Liam, empujando ligeramente la puerta para abrirla lo suficiente.
Al entrar, la luz era más baja de lo habitual. La pantalla al frente iluminaba parte del lugar, mientras varios grupos de estudiantes estaban distribuidos sin demasiado orden, algunos sentados en sillas, otros apoyados en las mesas. El sonido de la película llenaba el espacio, aunque no era lo único que se escuchaba.
Sophia fue la primera en notarnos. Levantó la mano desde donde estaba sentada e hizo un gesto para que nos acercáramos.
—Pensé que no ibas a venir —dijo cuando llegamos, moviéndose un poco para hacer espacio.
—Llegué tarde —respondí mientras me sentaba, acomodando la mochila a un lado.
—Ya vimos —añadió Noah desde atrás, con ese tono tranquilo de siempre—. Liam fue a rescatarte.
—No era necesario lo de “rescatar” —murmuró él, dejándose caer en una silla cercana.
—Claro que sí —replicó Sophia sin mirarlo—. Si no, seguro se quedaba sola en el aula.
No respondí a eso y me acomodé en el lugar, mirando la pantalla sin prestar demasiada atención al inicio.
La película avanzaba entre escenas que apenas lograba seguir. Había murmullos, risas bajas, comentarios sueltos que aparecían de vez en cuando y que terminaban desviando mi atención. Aun así, me mantuve ahí, mirando la pantalla, dejándome llevar por ese momento.
Hasta que el sonido subió de golpe.
Fue una escena repentina, un cambio brusco de volumen que llenó todo el laboratorio de un golpe, haciendo que reaccionara antes de poder controlarlo. Me tensé al instante, apartando ligeramente la mirada mientras mis manos se apretaban entre sí por reflejo. No fue algo exagerado, pero sí lo suficiente como para incomodarme más de lo que quería admitir.
Respiré despacio, tratando de ignorarlo, pero la sensación no desapareció del todo. Miré hacia la pantalla un segundo más, intentando volver a concentrarme, aunque ya no era lo mismo. Sin decir nada, me incliné un poco hacia adelante y luego me levanté con cuidado, procurando no hacer ruido ni llamar la atención de los demás.
Caminé hacia la parte de atrás del laboratorio, donde la luz de la pantalla llegaba menos y el ruido parecía diluirse un poco entre la distancia. Ahí estaban los de tercero, sentados más relajados, algunos apoyados en las mesas, otros conversando sin prestar demasiada atención a la película.
Apenas me acerqué, uno de ellos levantó la mirada y me observó con curiosidad, como evaluando rápidamente si me conocía o no.
—¿Eres de primero, verdad? —preguntó, acomodándose un poco en su asiento mientras dejaba de mirar la pantalla.
Asentí ligeramente, manteniendo cierta distancia.
—Se nota —añadió otro con una media sonrisa, girándose para verme mejor—. No te habíamos visto antes por aquí.
—Es nueva —intervino alguien más desde el lado—. Creo que está en el curso de Sophia.
El nombre hizo que girara un poco la cabeza hacia ellos, sorprendida de que supieran eso.
—Sí… estoy con ellos —respondí, un poco más tranquila.