El ambiente era más ligero que otros días. Tal vez porque ya era viernes, o porque las últimas clases habían sido menos pesadas de lo normal. Incluso Noah parecía más relajado, caminando con las manos en los bolsillos mientras escuchaba a Liam discutir con Marcos sobre un partido que ninguno pensaba admitir que había perdido.
Yo iba unos pasos más atrás al inicio, escuchando sin intervenir demasiado, hasta que alguien redujo el ritmo a mi lado.
—Hola —dijo Leo, soltando una pequeña risa incómoda apenas terminó la frase, como si hubiera pensado que sonó demasiado tonto en voz alta.
Giré apenas la cabeza hacia él.
—Hola—repetí, y eso pareció bastar para que se relajara un poco.
Durante unos segundos seguimos caminando sin decir mucho. No era un silencio incómodo exactamente, pero sí uno de esos momentos donde ambos parecían estar pensando demasiado en qué decir después.
Leo terminó acomodándose mejor la mochila sobre un hombro antes de hablar otra vez.
—Marcos me contó que ya sabes.
Lo miré de reojo apenas.
—Sí… aunque no quería decirme quién eras.
—Porque es idiota —murmuró él, negando con la cabeza mientras soltaba una risa baja.
—Le parecía divertido.
—Claro que le parecía divertido.
Una pequeña sonrisa se me escapó al escucharlo decir eso con tanta resignación.
Él lo notó.
—Igual… —empezó después de unos segundos, mirando al frente— pensé que tal vez ibas a dejarme en visto.
—¿Por qué todos creen eso? —pregunté antes de pensarlo demasiado.
Leo giró ligeramente el rostro hacia mí, sorprendido por la pregunta.
—No sé… —respondió encogiéndose un poco de hombros—. Tú eres más seria de lo que pareces.
—¿Eso es algo malo?
—No —dijo rápido—. Bueno… no para mí.
Desvió la mirada apenas terminó de hablar, como si hubiera notado demasiado tarde lo directo que sonó.
Por delante, Liam volteó hacia atrás justo a tiempo para alcanzar a escuchar el final de la frase.
—Uy.
—Cállate —murmuró Leo inmediatamente, sin siquiera intentar sonar molesto de verdad.
Marcos soltó una carcajada desde el otro lado.
—Duró poco la dignidad.
—Te juro que un día voy a dejarte botado lejos —respondió Leo, negando con la cabeza mientras seguía caminando.
Las risas se mezclaron entre el grupo, haciendo que el ambiente se relajara todavía más. Incluso Noah dejó escapar una sonrisa leve, aunque bajó la vista enseguida como si no quisiera llamar la atención sobre eso.
Sophia caminó un poco más lento hasta quedar a mi lado otra vez.
—¿Ves? —murmuró bajito, inclinándose apenas hacia mí—. Ya ni lo esconden.
Le di una mirada rápida antes de apartar la vista.
—Tú tampoco ayudas mucho.
—Yo solo observo.
—Claro.
Ella sonrió con satisfacción antes de adelantarse otra vez, dejándome junto al resto.
El camino continuó entre conversaciones cruzadas y comentarios que cambiaban constantemente de tema. En algún punto terminaron hablando sobre profesores, después sobre música, luego sobre una fiesta que algunos querían organizar antes de exámenes. Todo avanzaba sin esfuerzo, como si el grupo ya hubiera encontrado una dinámica natural entre todos.
—Oye, Mia —dijo Marcos de pronto, girándose mientras caminaba hacia atrás unos segundos—. ¿Tú escuchas música triste por gusto o por tradición?
Fruncí apenas el ceño.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Lo importante es por qué sabe eso —intervino Sophia inmediatamente, mirándome con interés.
Marcos señaló hacia Leo sin ninguna intención de disimular.
—Porque alguien se puso nervioso revisando perfiles.
Leo cerró los ojos un segundo.
—Te odio.
—No me odias.
—Un poco sí.
No pude evitar reírme por lo bajo al ver la expresión de derrota en su cara.
—Ni siquiera tengo tantas canciones tristes —murmuré.
—Mia —dijo Liam desde adelante, girando apenas la cabeza—. Tienes una playlist que literalmente se llama “no escuchar de noche”.
Abrí la boca para responder algo, pero terminé soltando aire por la nariz en una risa pequeña.
—Eso no cuenta.
—Cuenta muchísimo —añadió Sophia.
Leo observó la escena en silencio unos segundos, claramente entretenido viendo cómo discutían conmigo por algo tan absurdo.
Después volvió a mirarme.
—Igual… sí pareces alguien que escucha música triste.
—¿Y eso qué significa?
Se quedó pensando un momento antes de responder.
—No sé… que piensas demasiado las cosas.
La frase me hizo bajar la mirada apenas un segundo.
No porque fuera incómoda, sino porque se sintió demasiado precisa para venir de alguien que apenas empezaba a conocerme.
Por suerte, Liam interrumpió antes de que el momento se volviera demasiado silencioso.
—Bueno, yo escucho música triste y no pienso nada.
—Eso explica mucho —murmuró Noah desde atrás.
Las risas volvieron inmediatamente.
Seguimos caminando un rato más hasta que el grupo empezó a separarse por las calles, igual que siempre. Primero se fueron dos de los chicos de tercero, después Marcos tomó otro camino junto a uno de sus amigos, despidiéndose rápido antes de cruzar la esquina.
Al final quedamos solo nosotros cinco.
El ambiente cambió apenas, no de forma incómoda, pero sí más tranquilo.
Sophia iba hablando con Liam unos pasos adelante, discutiendo otra vez sobre la tarea que ninguno había querido hacer, mientras Noah caminaba cerca de ellos escuchando en silencio.
Yo reduje un poco el ritmo cuando sentí que Leo hacía lo mismo a mi lado.
—Oye —dijo después de unos segundos, metiendo las manos en los bolsillos—. ¿Te puedo preguntar algo?
Lo miré apenas.
—Depende.
Eso le sacó una pequeña risa.
—¿Siempre respondes así?
—Depende.
Soltó aire entre dientes, negando con la cabeza mientras sonreía.
—Bueno… ya entendí.