El fin de semana pasó más rápido de lo que esperaba. Entre tareas, mensajes esporádicos y momentos en los que simplemente me quedaba mirando el celular más tiempo del necesario, los dos días terminaron desapareciendo casi sin darme cuenta. Leo me escribió más de una vez, aunque nunca de forma insistente. A veces mandaba algo simple, como una foto borrosa de Marcos dormido en plena tarde, y otras veces la conversación terminaba alargándose más de lo planeado sin que ninguno pareciera querer cortarla primero.
Lo extraño era que ya no se sentía raro hablar con él.
Antes pensaba demasiado cada respuesta, revisaba lo que escribía varias veces antes de enviarlo o dejaba el chat abierto mientras decidía qué decir. Ahora no tanto. Las conversaciones empezaban solas y seguían el ritmo que tomaran sin necesidad de forzarlo.
La mañana estaba más fría de lo habitual. Caminé por el pasillo mientras el ruido de estudiantes llenaba el lugar igual que siempre. Algunas puertas seguían cerradas, otras ya tenían grupos reunidos afuera hablando antes de entrar.
Apenas crucé la entrada del salón, Sophia levantó la vista desde su asiento.
—Miren quién apareció —dijo inmediatamente, apoyando el codo sobre la mesa—.
—¿Qué? —murmuré dejando la mochila en mi puesto.
Liam soltó una risa desde atrás.
—Desde que tiene romance ya ni nos presta atención.
—No tengo romance.
—Claro —añadió Sophia con una sonrisa sospechosa—. Y yo soy silenciosa.
Rodé los ojos mientras me sentaba junto a la ventana.
—Ustedes exageran demasiado.
Noah levantó apenas la mirada desde su cuaderno.
—No mucho, en realidad.
—Gracias por el apoyo —murmuré.
Sophia sonrió divertida antes de acercarse un poco más hacia mí.
—Entonces cuéntanos algo interesante.
—No hay nada interesante.
—¿Hablaron el fin de semana?
La pregunta llegó demasiado rápido.
Dudé apenas un segundo y eso fue suficiente.
Liam apoyó ambas manos sobre la mesa dramáticamente.
—Oh, ya perdimos a Mia.
—Cállate.
—¡Miren cómo se puso roja! —añadió Sophia inmediatamente.
Sentí el calor subir a mis mejillas mientras evitaba mirarlos directamente.
—No estoy roja.
—Eso diría alguien rojo.
Noah soltó una pequeña risa baja antes de volver a escribir como si nada.
—Definitivamente sí estás roja.
—Nunca más les cuento nada.
—Eso implica que sí hay algo que contar —respondió Liam al instante.
Abrí la boca para responderle algo, pero el profesor entró antes de que pudiera hacerlo, obligando a todos a volver a sus lugares.
Sophia me lanzó una última mirada claramente divertida antes de girarse al frente.
—Esto no termina aquí —murmuró por lo bajo.
Suspiré apenas mientras sacaba el cuaderno.
La clase comenzó con normalidad, aunque me costó más concentrarme de lo habitual. Sophia seguía mirándome de vez en cuando con expresión sospechosa y Liam aprovechaba cualquier momento para hacer comentarios absurdos en voz baja que solo empeoraban todo.
Noah era el único que parecía mínimamente normal.
O eso pensé hasta que, en medio de la explicación, deslizó una hoja pequeña hacia mi mesa.
“Leo está afuera.”
Fruncí el ceño apenas y levanté la vista hacia él.
Noah ni siquiera me miró. Solo siguió escribiendo como si no hubiera hecho nada.
Confundida, giré ligeramente la cabeza hacia la puerta del salón.
Y ahí estaba.
Leo apoyado contra la pared del pasillo hablando con Marcos mientras esperaban afuera de otra aula un poco más adelante.
Como si sintiera la mirada, levantó la vista casi al instante.
Y sonrió apenas cuando me vio.
Sentí algo incómodo revolverse en mi pecho otra vez.
Aparté la mirada enseguida hacia el cuaderno.
Desde al lado, Sophia soltó un murmullo apenas audible.
—Ay, no.
—¿Qué? —susurré sin mirarla.
—La manera en que se miraron fue asquerosamente romántica.
—Sophia.
Ella empezó a reírse bajito mientras yo intentaba concentrarme otra vez en la clase.
No funcionó demasiado.
El resto de la mañana pasó entre explicaciones, conversaciones cortas y momentos en los que inevitablemente terminaba pensando en la sonrisa de Leo desde el pasillo.
Y eso era un problema.
Porque empezaba a gustarme más de lo que debería.
Cuando finalmente llegó el receso, el salón se vació rápido entre el ruido de sillas moviéndose y conversaciones cruzadas.
—Vamos antes de que Sophia explote por el chisme acumulado —comentó Liam apenas salimos.
—Ya exploté hace rato —respondió ella caminando a mi lado—. Ahora estoy esperando confirmaciones.
—No vas a tener ninguna.
—Eso veremos.
Bajamos hacia el patio mezclándonos con el resto de estudiantes. El ambiente estaba igual de lleno que siempre: grupos ocupando las mesas, estudiantes caminando de un lado a otro y conversaciones superpuestas llenando todo el lugar.
Los de tercero estaban cerca de una de las barandas esta vez.
Marcos fue el primero en notar nuestra llegada.
—¡Llegaron los de primero! —anunció exageradamente.
—Hablas como señor divorciado saludando sobrinos —respondió Liam.
—Gracias.
Leo giró la cabeza apenas al escucharnos.
—Hola —dijo acercándose apenas.
—Hola.
La sonrisa leve apareció otra vez en su cara, mucho más natural que antes.
Marcos observó la escena unos segundos antes de mirar a los demás.
—Miren cómo ya hasta se saludan bonito.
—¿Quieres callarte cinco minutos? —murmuró Leo.
—No.
Sophia se cruzó de brazos mirando a Marcos.
—Apoyo completamente tu trabajo, por cierto.
—Gracias, Sophia, alguien aprecia mi esfuerzo.
No pude evitar reírme un poco mientras ellos seguían hablando tonterías entre sí.
Leo aprovechó el pequeño caos para acercarse apenas más hacia mí.