Unas semanas después, el ambiente en el colegio había cambiado lo suficiente como para sentirse distinto incluso en los días más normales.
Las rutinas seguían siendo casi las mismas —las clases, los recreos, el camino de regreso—, pero ahora había algo más instalado entre todo eso. Algo que ya no pasaba desapercibido.
Leo y yo nos habíamos acercado muchísimo más.
Ya no eran solo conversaciones rápidas en los recreos o mensajes de vez en cuando por la noche. Ahora buscábamos al otro casi por costumbre. Él aparecía apenas salía de clases, esperaba cerca de nuestro curso cuando podía bajar un rato y siempre encontraba alguna excusa para quedarse conmigo un poco más de tiempo.
Esa mañana, el salón estaba especialmente ruidoso. Faltaban unos minutos para que comenzara la primera hora y prácticamente nadie estaba sentado realmente. Sophia hablaba apoyada sobre mi mesa mientras Liam discutía algo absurdo con Noah al fondo del aula.
—Te juro que no entiendo cómo sobrevives siendo así —decía Noah completamente serio.
—Porque tengo carisma —respondió Liam señalándose a sí mismo.
—No. Tienes suerte.
Sophia soltó una risa mientras yo negaba apenas con la cabeza, cerrando el cuaderno que tenía delante.
En ese momento alguien apareció por la puerta del salón.
Marcos.
Varias personas levantaron la vista apenas lo vieron entrar con esa tranquilidad típica de alguien que ya conocía medio colegio.
—Busco a los traumados de primero —anunció apenas cruzó la puerta.
—Aquí el único traumado eres tú —respondió Liam desde atrás.
Marcos ignoró el comentario y caminó directamente hacia nosotros.
—¿Dónde está Noah?
—Aquí —respondió él levantando apenas una mano.
—Perfecto. Necesito distraerme antes de que me dé algo.
Sophia levantó una ceja.
—¿Qué te pasó ahora?
Marcos dejó escapar un suspiro exagerado antes de apoyarse sobre una mesa cercana.
—Las pasantías —murmuró como si fuera el peor tema posible—. Ya empezaron a organizarnos todo y juro que cada profesor dice algo distinto.
—¿Tan pronto empiezan? —pregunté levantando apenas la mirada hacia él.
—En menos de un mes —respondió girándose hacia mí—. Ya nos están presionando horrible.
—Literalmente ayer casi hacen llorar a uno —añadió una voz desde la puerta.
Giré la cabeza automáticamente.
Leo acababa de aparecer detrás de Marcos con una carpeta bajo el brazo y una expresión cansada que desapareció apenas nuestras miradas se encontraron.
Y automáticamente sonrió.
Sentí esa sensación cálida aparecer en el pecho casi de inmediato mientras él se acercaba.
—Exagerado —murmuró Marcos girándose hacia él.
—No estoy exagerando —respondió Leo dejando la carpeta sobre una mesa vacía cerca de mí—. El profesor habló como si fuéramos a entrar a cirugía.
Liam soltó una risa.
—Capaz no sobreviven.
—Gracias por el apoyo —murmuró Marcos.
Leo negó apenas con la cabeza divertido antes de mirarme otra vez.
—¿Llegaste hace mucho?
—No tanto —respondí acomodándome un poco en la silla mientras él seguía ahí parado cerca.
Sophia observó la escena un segundo demasiado largo antes de sonreír lentamente.
—Qué tierno —murmuró apoyando el mentón sobre su mano.
—Sophia —advertí inmediatamente.
—¿Qué? Solo digo la verdad.
Leo soltó una risa baja mientras bajaba apenas la cabeza, claramente intentando disimular.
Solo rodé los ojos suavemente mientras una sonrisa terminaba apareciendo igual.
Marcos nos miró un segundo a ambos antes de señalar hacia nosotros.
—Ya ni disimulan.
—Nunca supieron hacerlo —añadió Liam.
—Ustedes hablan demasiado —murmuré aunque sin verdadera molestia.
—Bueno —dijo Marcos separándose finalmente de la mesa—, si me quedo aquí voy a terminar llegando tarde a mi clase.
—Milagro que te importe —comentó Noah.
—Tengo reputación.
—No tienes eso.
Las risas volvieron a mezclarse entre todos mientras Marcos le daba un golpe corto en el hombro a Noah antes de empezar a retroceder hacia la puerta.
Leo tardó un poco más en moverse.
—Después bajas al recreo, ¿sí? —preguntó mirándome directamente.
La forma en la que lo dijo hizo que Sophia literalmente tuviera que morderse el labio para no empezar a molestar otra vez.
—Sí —respondí tranquila esta vez—. Ahí voy a estar.
Asintió levemente antes de tomar otra vez la carpeta.
—Entonces nos vemos después.
—Nos vemos.
Esperé a que ambos salieran del salón antes de apoyar lentamente la espalda contra la silla.
Y apenas pasó eso, Sophia dejó caer ambas manos sobre mi mesa de golpe.
—¡NO PUEDO CREERTE!
Solté una risa inevitable.
—¿Ahora qué hice?
—¿“Sí, ahí voy a estar”? —repitió exagerando mi voz—. Mia Lane, ¿quién eres tú y qué hiciste con la chica que fingía no sentir nada?
Liam se estaba riendo demasiado fuerte atrás.
—No, espera —añadió llevándose una mano al pecho—. Lo peor fue cómo se miraron.
—Fue rarísimo presenciar eso —murmuró Noah aunque claramente divertido.
Me cubrí apenas la cara con una mano mientras seguía riéndome bajito.
—Son insoportables.
—Pero tenemos razón —respondió Sophia acercándose más a mí con una sonrisa enorme—. Ya te gusta muchísimo.
Bajé la mirada un segundo mientras la sonrisa seguía ahí sin que pudiera evitarlo.
Eso fue suficiente para que Sophia gritara emocionada.
—¡LO SABÍA!
La reacción de Sophia fue tan exagerada que varias personas del salón giraron la cabeza hacia nosotras.
—¡LO SABÍA! —repitió otra vez llevándose ambas manos a la cabeza mientras se reía—. Noah, Liam, ¿escucharon eso? ¡Por fin dejó de hacerse la desentendida!
—Siempre supimos —respondió Liam con tranquilidad desde atrás.
—Solo faltaba que ella lo admitiera —añadió Noah cerrando su cuaderno.