Belleza atormentada. Bilogía Atormentados n. 1

Capítulo 8 (2)

De pronto, como para confirmar su teoría, Matías acarició con dulzura su mejilla olvidándose de las otras tres mujeres que arreglaban la cama por unos segundos, para después, ponerse de pie a su lado.

—María, Pedro vendrá a cuidarla a partir de mañana. Así que estén al pendiente de lo que les pida. —Andrea se sentía incómoda con tantas atenciones. Y, por si fuera poco, se daba cuenta de las miradas pícaras que intercambian las muchachas mientras trabajaban, ambas se habían dado cuenta del gesto de Matías.

—Andrea, ¿quieres darte un baño? —María estaba metiendo una funda en la almohada que había estado usando. A pesar de estar muy cansada, lavarse un poco le pareció la mejor idea del mundo.

—No sé si tengas fuerzas —contestó él, pues no le parecía adecuado aún.

—Sí… —respondió de repente girando su rostro al de Matías—. Por favor, lo necesito. —Dudó un poco, pero al ver sus ojos elevados hasta él, sonrió vencido—. Está bien.

María entró al baño para prepararlo todo mientras las chicas terminaban la cama. Cuando acabaron, una sacó la charola y las sábanas sucias, en lo que la otra entraba detrás de la mujer. Ambos permanecieron en silencio, observando el movimiento en la recámara, unos minutos después salió María junto con Inés.

—Vamos, ya llené la tina para que no tengas que estar de pie. —Matías la ayudó a incorporarse aún no muy convencido de que esa fuera una buena decisión, aún se veía débil y su pierna debía darle mucha molestia. Ya en la puerta del baño se detuvo.

—¿Estás segura? No quiero que te desmayes ahí adentro, tendría que entrar a ayudar.

Abrió los ojos, asustada ante la escena que acababa de crear en su cabeza.

—No, estaré bien, lo prometo.

El rubor que subió hasta sus mejillas aún pálidas. Le pareció encantador. María e Indira tomaron ahora a Andrea y cerraron la puerta tras ellas.

Ya en el interior, intentó hacer a un lado la vergüenza con las mujeres que parecían encantadas de asistirla y las dejó desnudarla. Se sentía muy sucia y sabía que debía oler a rayos. Entre todas la metieron a la tina lentamente hasta que quedó sentada; sentir el agua caliente fue medicina para cada uno de sus agarrotados músculos, incluso en esa zona amoratada e hinchada donde el animal le había picado. Con lentitud, comenzó a lavarse los brazos con la esponja que le tendieron.

—Nos dio un susto de muerte ayer, señorita, ¿verdad, María?

Esta asintió sonriendo mientras le tallaba su larga cabellera.

—¿No se dio cuenta de que algo le picó?

—No, bueno… solo me ardió, estaba muy cansada. —Y de hecho en ese momento también, los párpados se le cerraban del agotamiento, sin embargo, de solo pensar que Matías entraría si se quedaba sin fuerza, encontraba energías para mantenerlos abiertos.

—El patrón se asustó mucho, ¿verdad, María?

—Sí, Inés, échale agua para enjuagarla y deja de parlotear.

—Sí, María. —Una vez limpio su cabello comenzaron a ayudarla a lavar el resto del cuerpo que ella no pudo alcanzar—. Si el patrón no la inyecta y la baña para bajarle la fiebre, quién sabe qué habría pasado.

Andrea se quedó estupefacta, girando el rostro hasta María, que regañaba con la mirada a esa muchacha boca suelta.

—¿Él… me bañó?

—Sí, la metió al agua fría y duró aquí una eternidad con usté.

—¡Ya basta, Inés! Cállate y haz tu trabajo con la boca bien cerrada. Demonio de muchacha. —La joven a la que aseaban no salía de su asombro—. Andrea, debía hacerlo, tú estabas muy mal. —María intentaba tranquilizarla ante la metedura de pata de Inés.

—Pero… ¿fue con ropa?

—Hija… —Nunca le había dicho así. Quería serenarla—. Era necesario…

—Sí, señorita, usté parecía muerta, él también se quedó solo en pantalón. —Andrea parecía asustada, más que apenada.

—¡Diablo de muchacha! Si vuelves a hablar te quedarás sin trabajo en menos de lo que canta un gallo. Anda, agarra la toalla, ¡rápido!

La chica se puso pálida ante el regaño e hizo lo que le pidieron. Indira la reprendía con la mirada al ver la reacción de Andrea. Inés solía ser una boquifloja y aunque ella también se daba cuenta de que el patrón estaba enamorado de esa joven, era obvio que a ella no le había gustado enterarse de que se habían tomado un baño medio desnudos y es que ¿a quién sí? Bueno, con ese hombre a más de una, pero ese no era el punto, la señorita de verdad parecía consternada.

Una vez afuera, la sentaron y secaron como si fuese una muñeca. Ella no decía nada, parecía sumamente agotada, por otro lado, se veía afectada por lo que acababa de descubrir y no se movía prácticamente. Ninguna de las tres volvió a hablar, la vistieron y le desenredaron la larga cabellera. Para cuando terminaron, Andrea ya solo deseaba estar sobre su colchón y cerrar los ojos.

—Salgan —les ordenó María, seria. Tomó la barbilla de la muchacha intentando ser lo más cariñosa posible—. Él lo hizo porque debía hacerlo, ¿comprendes? Con él nunca correrás peligro. Matías tiene un buen corazón e hizo lo que tenía que hacer, nada más. —Andrea asintió aún turbada—. Ojalá confiaras en nosotros y nos dijeras lo que pasa… —Ella pareció despabilarse de pronto, desviando la mirada—. Sé que ocultas cosas, lo leo en tus ojos, Andrea, y espero que sepas que en mí tienes una amiga, te ayudaré en todo lo que pueda porque a pesar de lo que dicen sé que eres una mujer buena y que has sufrido mucho. Así que por favor intenta estar tranquila que aquí no permitiré que nada malo te pase.




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