Ramiro llegó a Las Santas un par de horas después. Se encontró a Matías en la entrada. Ambos subieron hasta la recámara de Andrea conversando sobre cómo seguía. Llamaron a la puerta, Pedro les abrió casi enseguida.
—¿Cómo está? —preguntó Matías en voz baja, dándose cuenta de que dormía.
—Bien, lleva dormida un buen rato. —No quería despertarla, pero era necesario que Ramiro la revisara. Se acercó a ella, cariñoso.
—Andrea… —Sus párpados aletearon al escucharlo—. Andrea… —Por fin los abrió, parecía cansada—. Está aquí Ramiro, debe examinarte. —La joven asintió, frotándose los ojos que aún sentía pesados.
La revisión no duró mucho, y cuando concluyó ya estaba completamente espabilada.
—Estás mucho mejor, te recuperas rápido. —Matías sonrió al escucharlo—. En unos días estarás como si nada, mañana comienza a dar paseos por ahí sin exagerar, te dolerá la pierna al apoyar, así que tranquila, poco a poco verás cómo te sientes bien del todo.
—Gracias, doctor.
—De nada… Cuídate, ¿estamos? —Asintió elevando la mirada hasta Matías. Este lo acompañó a la salida. Cuando regresó, Pedro y ella murmuraban algo.
—Qué bueno que están juntos, necesito hablar con los dos —ambos se pusieron serios de inmediato, si no se equivocaba, ahí iba el regaño por lo que hacían a escondidas—. Tuve una conversación hoy con la maestra Hortensia —se dirigió a Pedro—. Imagino que ya te contó cómo es que me enteré de todo. —Andrea asintió un tanto avergonzada—. Me dijo que si Pedro seguía así podía ayudarlo a terminar su secundaria abierta.
—¿Cómo que abierta?, ¿no podré ir con los demás?
—No, ya te pasó la edad… así que tendrás que acabarla de otra forma. —Pedro, desilusionado, bajó la mirada enseguida. Andrea se incorporó un poco, intentado acercarse a él.
—Eso es muy bueno, la terminarás más rápido que el resto; si estudias de verdad, en un año estarás fuera.
—Pedro, eso era a lo que me refería cuando dejaste la escuela, ¿lo recuerdas? —El chico asintió desmotivado—. Pero si haces todo bien, yo te ayudaré para que vayas a la preparatoria y puedas llegar a estudiar una carrera, ¿qué dices? —Los ojos del muchacho destellaron asombrados.
—¿De verdad, patrón?
—Sí, pero solo si en serio pones de tu parte. Si Andrea está de acuerdo podrá continuar enseñándote. Hortensia me dará un temario y les ayudará cuando no puedan con algo, después ella misma se encargará de que pases la secundaria.
—Patrón, ¡muchas gracias!
—No me las des… trabaja duro, Pedro, esta es tu última oportunidad. Te lo advierto. —El chico asintió consciente de que era verdad.
—Yo te ayudaré. —La voz de Andrea sonó tan dulce que no pudo evitar observarla de inmediato. Veía al chico tiernamente, con amor. Ese gesto despertó de nuevo en su interior todo el deseo que había logrado controlar a lo largo del día. ¡Maldición!—. No soy maestra, pero vas a ver que lo lograrás.
—Sí. Gracias, Andrea.
—Otra cosa… Ahora que mejores por completo quiero que entre los dos, con ayuda de Rosauro, escombren toda la hacienda. Hace mucho que no se hace y no sé qué podrán encontrar. —Asintieron obedientes—, pero en lo que eso sucede… podrían continuar con las clases. Y ya que te den de alta, buscaremos la forma de que por las tardes sigan. Sin embargo, a una hora decente y terminando a tiempo para cenar y dormir como se debe. —Ella sonrió, tenía razón—. Ahora que quedó todo claro puedes irte, Pedro, nos vemos el lunes temprano, ¿bien?
—¿Mañana no?
—No, mañana yo me hago cargo. —El muchacho sonrió burlón al escuchar eso. Andrea lo regañó con la mirada adivinando a qué se debía su gesto. Matías frunció el ceño sin comprender, pero ya no pudo decir más porque Pedro desapareció casi enseguida— ¿Qué fue eso?
—No lo sé —mintió Andrea con inocencia.
—En fin… ya que no está… tú y yo debemos hablar —la expresión de la joven cambió drásticamente tornándose seria y lejana casi de inmediato—. No quiero más secretos, a veces se hacen cosas buenas que parecen malas por el manejo que se les da. No quiero que vuelva a pasar. Estoy consciente de que te lo pidió y lo entiendo… nosotros lo orillamos a eso, pero comprenderás que al verlos juntos entrando a hurtadillas a la casa no me dejaron pensar fríamente. —Ella asintió, intentando ponerse en sus zapatos. De una u otra forma siempre había temido que algo así sucediera—. Cristóbal me dijo que tú insistías en no ser culpable del evento en aquella tienda. Quiero que sepas que te creo. —El cambio de tema fue tan abrupto que la tomó por sorpresa, y más aún el hecho de que le dijera eso último. Abrió de par en par los ojos demasiado atónita. Nadie nunca había usado esas palabras con ella—. Andrea, quiero que me digas qué ocurrió realmente, quiero saber tu versión. —Las palmas comenzaron a sudarle, sentía una necesidad ardiente de contarle todo. Sin embargo, una vez más debía hablar a medias y así lo hizo. Le relató lo mismo que a Pedro, hacía unas horas—. Actuaste muy inmaduramente. —Que él se lo dijera le dolió profundamente, pero era verdad, lo que no sabía era que ya estaba harta de todo y de todos, eso solo había pretendido ser una pequeña revancha que se había vuelto en su contra de una forma inimaginable—. Dime algo, ¿ellos lucían como tú cuando llegaste aquí?