Belleza atormentada. Bilogía Atormentados n. 1

Capítulo 13 (2)

Por la mañana el timbre del teléfono los hizo despertar. Ya el sol había salido hacía varias horas al parecer. Andrea observó aturdida su alrededor. Matías ya contestaba adormilado. No comprendía cómo había terminado ahí. Recordaba haber estado viendo la televisión con él en aquel cuarto, pero luego… nada. Luchó por no sentir esa ansiedad de no saber qué había ocurrido. Ambos estaban vestidos, era evidente que nada había pasado.

El hombre que estaba a su lado colgó medio segundo después. Giró hacia ella aún somnoliento. Ya lo estaban buscando, no solía dormir tanto. Sin embargo, el fin de semana había sido fuera de lo común, por lo que él también se sintió al límite de sus fuerzas la noche anterior. En cuanto la vio, despertó de inmediato, parecía preocupada y un tanto asustada. Se acercó a ella de forma ágil y acarició su mejilla desconcertado.

—¿Qué sucede? —Andrea lo observaba con los ojos entornados, confundida.

—¿Cómo… llegué aquí? —cuestionó. Él comprendió enseguida su miedo. Maldijo en su interior. Era evidente que la sensación de no saber lo que había ocurrido la alteró de esa forma.

—Nos quedamos dormidos y… yo tampoco quería estar lejos de ti, así que te traje aquí conmigo. ¿Te molesta? —hablaba con una ternura infinita. Negó más relajada, soltando la tensión.

—Lo siento… es solo que… Lo siento —sacudió la cabeza intentando borrar su ansiedad.

—No, discúlpame tú a mí, no debí —al escucharlo decir eso se tranquilizó. En realidad no había hecho nada malo y sí se veía arrepentido.

—Bueno, la verdad es que… verte al abrir los ojos no me desagrada en lo absoluto.

La nube negra se había disipado. Él sonrió al escucharla, estaba simplemente hermosa, aún un poco hinchada por tanto dormir y tenía el cabello un tanto alborotado. Era terrenal, real.

—Te ves preciosa —le dijo ya acercándose a su cuerpo, acorralándola como un león a su presa. La joven sonrió nerviosa—, y debes saber que cuando suceda algo entre tú y yo estarás completamente despierta. —Andrea se sonrojó de inmediato al notar la intensidad de su mirada, la fuerza de sus palabras, lo que implicaban. Ya tenía la almohada pegada a su espalda mientras Matías la apresaba sensualmente, con lujuria reflejada. No sabía si salir corriendo de ahí o reír ante su actitud.

—Matías… Pedro debe estar esperándome —susurró. Sin más lo hizo a un lado y se puso de pie en segundos. Él soltó una pequeña carcajada irguiéndose con agilidad frente a ella. La tomó por la barbilla aún divertido.

—Lo sé y será mejor que te vayas de una vez si no quieres atenerte a las consecuencias. Tú… me vuelves loco —dijo. Ella pestañeó varias veces notando cómo su voz enronquecía y sus pupilas se dilataban por la excitación. Era asombroso saber que provocaba todo eso en él, en ese hombre que, ahora podía admitirlo, amaba.

—Eso no es justo, tú fuiste el que me trajo aquí… —se quejó humedeciendo los labios.

—Eso fue ayer y ambos estábamos agotados, ahora estás aquí, en mi recámara, despierta, mirándome con esos ojos que matan y envuelta por ese cabello que me fascina. Jamás haría algo que no quisieras, sin embargo…

Ya iba acortando la distancia hasta su boca. Andrea no supo qué hacer, lo deseaba, por supuesto que sí, ¿quién no? Bastaba verlo, por Dios, pero además lo adoraba. Por otro lado, aún sentía temor de descubrir que, de alguna forma, sin que supiera, había compartido su cuerpo sin reparos con alguno de esos hombres que despertaron a su lado hacía algún tiempo.

—Sin embargo… —continuó ella respirando agitada, su aliento ya estaba a un centímetro—, no es el momento —le dio un rápido beso en la boca y salió de la habitación prácticamente corriendo.

Matías se quedó ahí, sorprendido, pero feliz de verla actuar de esa forma. Andrea lo tenía completa y absolutamente perdido, pasar la noche junto a ella había sido mágico, pero verla al despertar, fue sublime. La amaba, definitivamente esa chica había tomado todo de él, y saberlo lo llenaba de vida, de nuevas expectativas.

Ambos duraron más de la cuenta bajo el agua sin imaginarlo. Él se regañó varias veces por su reacción, no quería presionarla, mucho menos asustarla. Pero es que verla ahí, recién levantada y en su cama, pudo más que toda su cordura. Entró en la cocina esperando encontrarla.

—Hijo… buenos días —la voz de María sonó extraña. Agarró la taza de café que ella le tendía y le dio un trago frunciendo el ceño.

—¿ Andrea ya bajó?

—Sí, hace unos minutos, apenas si bebió del jugo y salió para alcanzar a Pedro —le informó, él asintió incómodo por la forma en que la mujer lo observaba.

—Yo también debo irme… Nos vemos más tarde.

María estuvo a punto de soltar una carcajada. Algo había sucedido el fin de semana. Ya todos sabían que se habían besado en las caballerizas el sábado por la tarde y que luego desaparecieron por horas. El día anterior, Ernesto decía que Matías voló a la capital y llegó al anochecer, mientras que Andrea permaneció todo el día en su recámara sin probar bocado. Y esa mañana, al ver que ninguno de los dos bajaba marcó, a ambas habitaciones, solo en la de él contestaron, lo había despertado y eso era totalmente atípico. Al verlos por separado, de inmediato se percató de que algo había cambiado en sus miradas y aunque la de ella parecía más triste de lo normal, también alcanzaba a percibir el mismo brillo que vio en los ojos de Matías.




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